Crónica de un Lago escondido

Guardias privados de un magnate inglés reprimieron con ferocidad una marcha a campo traviesa de ex combatientes de Malvinas y militantes políticos, quienes se expresaban en defensa de la soberanía de las Islas Malvinas y de Lago Escondido, destino final de la peregrinación. La violenta reacción de los mercenarios internacionales tuvo lugar en territorio argentino.

Marcha por la soberanía al Lago Escondido.

Joe Lewis es la séptima persona más rica en Inglaterra y su fortuna es la 277ma en el mundo, según el ránking de la revista Forbes. En 1996 compró las tierras aledañas al Lago Escondido, en la provincia de Río Negro, privatizando de hecho ese brazo de agua declarado patrimonio natural. Lewis es un generoso anfitrión de jefes de Estado adictos a las vacaciones. Sin embargo, no muestra su faceta más hospitalaria cuando se le recuerda que el lago se encuentra dentro de sus extensas hectáreas pero no es de su propiedad, sino de dominio público.

¡Vienen por el agua!, la advertencia parece un eco de los alertas de los waikenes ante el terror por la inminente irrupción sangrienta de los huincas y sus Remington ingleses durante la campaña de exterminio de originarios en 1879 para apropiarse de sus tierras.

Ahora, en el siglo XXI, vienen por el agua, elemento natural en vías de extinción a causa del cambio climático y los desastres ecológicos de los países centrales. No falta mucho para que el agua cotice a un precio más alto que el petróleo, y la Argentina es una de las mayores reservas acuíferas del mundo. Las potencias internacionales saben muy bien dónde queda el petróleo, y esos países suelen ser bombardeados e invadidos. Tampoco necesitan una piedra atada a una soga o complicados informes de sus poderosas agencias de inteligencia para saber dónde hay agua. Y hacia allí van. Hacia aquí vienen.

El 16 de noviembre de 1972, víspera de la primera llegada al país de Juan Domingo Perón luego de 18 años de exilio, la tensión reinaba en las calles. La dictadura de Alejandro Agustín Lanusse pretendía impedir que Perón tuviera contacto con sus seguidores, luego de que, con esa llegada, le demostrara con hechos que sí “le daba el cuero” para regresar. En consecuencia, las fuerzas armadas se encontraban en estado de alerta, con la misión de reprimir las manifestaciones populares de apoyo al viejo líder reivindicado. En la Escuela de Mecánica de la Armada, el joven Guardiamarina Julio César Urien, de profundas convicciones peronistas, encabezó una sublevación de esa unidad militar. El plan era reunirse en Lomas de Zamora con las columnas de la Juventud Peronista, pero el plan falló por la información de un infiltrado, espía de la Fuerza Aérea, y varios de los líderes del motín fueron encarcelados, y otros desaparecidos, como Mario Galli.

Julio Cesar Urién encabezó la marcha a Lago Escondido.

“Tu hijo es incorregible, pero no lo vamos a matar”, tranquilizó-amenazó a la madre de Urien el ministro del Interior de la última dictadura cívico-militar, Albano Harguindeguy. El Guardiamarina se había negado a cometer el delito de sedición y se insubordinó a las órdenes de participar del golpe de Estado de 1976. Como consecuencia, fue detenido-desaparecido en el Regimiento 7 de La Plata. Luego de la entrevista del ministro con su madre fue trasladado a disposición del Poder Ejecutivo Nacional al penal de Sierra Chica. Antes, estuvo frente al cañón de un fusil a punto de ser ultimado, pero se salvó. En la unidad militar quedaron Ángel Giorgiadis y Horacio Rapaport, ambos asesinados por las fuerzas militares. Con el tiempo, Urien siguió militando en el peronismo y fundó y preside la Fundación Interactiva para el Cuidado del Agua, FIPCA. La organización, a bordo de su nave La Sanmartiniana, realiza expediciones y demostraciones para concientizar sobre la soberanía respecto de este recurso natural de nuestro país. Así, una marcha de FIPCA a la triple frontera en Misiones detectó la presencia de agentes estadounidenses de la DEA operando en territorio argentino, y, en otra movilización, la instalación de una base militar estadounidense en Tierra del Fuego.

En los primeros días de febrero de 2019, el 5 y 6, y luego el 9, FIPCA organizó la 4ª Marcha por la Soberanía de las Islas Malvinas y Lago Escondido. Unos 90 manifestantes, militantes políticos, gremiales, ex combatientes de Malvinas, ex detenidos desaparecidos, corresponsales de la televisión francesa, entre otros, iniciaron el recorrido en autos y luego a pie. Durante el cautiverio de Urien, la ESMA fue convertida, en un gesto de revancha de aquella sublevación, en campo de detención y exterminio de desaparecidos, en su mayoría militantes peronistas. Allí reinaba el teniente Alfredo Astiz, quien demostraba su capacidad bélica y coraje para secuestrar septuagenarias monjas francesas, madres de detenidos, escritores como Rodolfo Walsh y adolescentes suecas. En cambio, cuando fue destinado, durante la Guerra de Malvinas en 1982, al destacamento de las Islas Georgias, al frente de “los lagartos”, su último mensaje, algo críptico, fue “rompo la radio, viva la Patria”, en lo que se suponía que era el inicio de una heroica resistencia al desembarco británico. Sin embargo, poco tardó en saberse que rompió la radio para que no quedaran evidencias de que Astiz esperaba a los ingleses con la rendición firmada sobre su escritorio, sin disparar un solo tiro, y una tacita de té caliente para amenizar el encuentro.

Alrededor del fogón improvisado a la noche en el sinuoso y exigente camino de montaña, reina la camaradería de los manifestantes y Alfredo Chávez cuenta una historia de aparecidos.

En 1995, en plena vigencia del indulto concedido por el ex presidente Carlos Menem a los militares condenados en 1985 por su participación en la represión ilegal, Chávez, guarda parques barilochense, divisó, en una parada de colectivos que se dirigían a las pistas de esquí, al nefasto Ángel Rubio. Dio varias vueltas con su coche para cerciorarse de que esa presencia era real. Luego, bajó del auto y le propinó un furibundo puntapié en los testículos y una andanada de trompadas al actual reo convicto Alfredo Astiz, condenado a reclusión perpetua por los delitos de robo en banda, secuestro agravado, tormentos y asesinato agravado. En aquel entonces, la impunidad del valiente secuestrador exasperó a Chávez, quien también había sido detenido-desaparecido entre mayo y diciembre de 1978 en un campo de concentración, una comisaría y dos cárceles. “¿Vos sos Astiz?”. “Sí. ¿Y vos quién sos?”. “No importa. Sos un hijo de puta, asesino de adolescentes. Sos un reverendo hijo de puta…”. Llovieron los golpes. “¡Paren a este loco de mierda!”, pidió a gritos la joven que acompañaba al oficial, abrazada a Chávez tratando de contenerle

Sin soltar su presa, respondió el justiciero: “¡El hijo de puta que tenés al lado mataba muchachitos por la espalda!”.

La disputa por los bienes comunes como el agua, es lo que se disputa.

La marcha continuó, pero en la ruta 40 se topó con las alambradas y tranqueras que cercaban la propiedad de Lewis. Los manifestantes saltaron las alambradas (a la manera en que los militantes de 1972 cruzaban el Río Matanza) al grito de “Se va a acabar/esa costumbre de alambrar” y cantando fragmentos de A desalambrar, del cantautor uruguayo Daniel Viglietti. Al respecto, relató Urien: “Noventa compañeros/as de los Agrupamientos Sanmartinianos, frente a los obstáculos puestos por la empresa Hidden Lake S.A y su representante Van Ditmar que cerraron el camino con tranqueras por medio de cadenas y candados y presencia intimidadora de personal de seguridad de la empresa, fueron superados por nuestra acción, que recurriendo con nuestros abogados a la justicia se logró que ésta habilitara la continuación de la marcha por el camino público hasta acceder al Lago Escondido, resolución que enfureció a la dirección de esa empresa, pese a esto se logró cruzar el río Foyel y acceder por el camino de servidumbre (Tacuifi) en la propiedad de Joe Lewis”. Agregó: “La columna que marchó por el camino de montaña que es público (reconocido por el Presidente de la Nación) prácticamente inaccesible luego de tres días de marcha, al llegar al Lago se enfrentó a todo tipo de presiones y obstaculizaciones por parte de la patota de Joe, a la que se sumó la privación ilegítima de la libertad y tortura y atentado contra la vida cuando embistieron con dos embarcaciones a motor contra el kayak cuando estaban por arribar a la isla en el medio del Lago. En el kayak navegaban dos compañeros (una compañera de ATE Capital y otro de Radio Gráfica, integrantes de FIPCA) que fueron amenazados de muerte y arrojados al agua helada y dejados hasta que ya en estado de hipotermia fueron subidos a una de las lanchas camufladas de la empresa que los embistió y los arrojaron a la costa. Todos sus equipos fueron incautados. Los compañeros del campamento los socorrieron y presionaron a la policía para que intervinieran (que está a merced de la empresa de Joe Lewis) y luego de varias horas lograron que fueran evacuados. (Los compañeros ya están recuperados)”.

Hugo Lasalle, responsable de FIPCA Noticias y referente de la CTA y el Partido Justicialista barilochenses, repudió “la actitud canallesca y patoteril de la guardia privada de Lewis, que impidió pasar con los autos y obligó a una caminata de más de 25 km para poder arribar a nuestro Lago Escondido, que es de todos los argentinos, no de Lewis. Pero pese a todas las intimidaciones y agresiones, no nos pudieron doblegar. Cumplimos con nuestro cometido”.

Por Sergio Varela

Para Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen

Esta nota fue posible gracias al apoyo de nuestros lectores.