Control popular de las fuerzas de seguridad

Las condenas a 10 y 8 años de prisión que recibieron ayer prefectos navales por torturar a dos jóvenes es un fallo atípico logrado por La Poderosa contra la marea punitivista que plantea el gobierno de Cambiemos. El caso de Bariloche.

 

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Norita Cortiñas junto a los pibes que se animaron a denunciar a Prefectura Naval.

Ayer se conocieron condenas ejemplares para 6 prefectos por simulación de fusilamiento y torturas a 2 jóvenes que residen en una villa de la ciudad de Buenos Aires. La diferencia entre estos 2 jóvenes y el de los cientos de jóvenes que padecen está realidad de la violencia institucional a diario es que los pibes están organizados.

Esa sutil diferencia, que no es sutil ni menor, es la que permite que en un puñado de casos se llegue a una condena para los uniformados, mientras que la gran mayoría quedan impunes.

Solo la organización popular y barrial puede lidiar y litigar contra las prácticas sistemáticas de un Estado que basa la mayoría de sus doctrinas en el control de los cuerpos (y de las consciencias también).

El caso de Iván Navarro y Ezequiel Villanueva tuvo ribetes parecidos al caso de Ezequiel Demonty. Los Prefectos simularon fusilarlos y los obligaron a tirarse al Riachuelo, a diferencia de Demonty los jóvenes sobrevivieron y se animaron a contarlo en la organización barrial en la que participan.

Si hay una deuda pendiente desde el retorno de la democracia a la actualidad es la nula intensión que tuvieron todos los gobiernos -de todos los signos políticos- de democratizar las fuerzas de seguridad.

Pero el gobierno de Cambiemos elevó al paroxismo esa deuda democratizadora: logró instalar la doctrina “Chocobar”.  El presidente Macri recibió con honores en Casa de Gobierno al Policía metropolitano Luis Chocobar, quien asesinó a Juan Pablo Kukoc de 19 años de varios balazos por la espalda. Kukoc estaba desarmado, y huía. El espaldarazo que el presidente y la ministra de Seguridad Patricia Bullrich le dieron al uniformado inauguró el sello y la doctrina de esta era Pro (mano dura).

¿Y por casa como andamos?

Acá en Bariloche el miedo que tienen pibes y pibas de denunciar las frecuentes torturas, detenciones fuera de todo procedimiento y paseos en patrullero que no figuran en ningún registro, son parte del paisaje cotidiano de jóvenes de las barriadas del Alto de Bariloche.

Semanas atrás me llamó “Kevin”. Un policía después de torturarlo le pidió “fierros”. El hecho solo consta en el relato del pibe. Avanzamos con los abogados de la organización, constatamos los golpes en el Hospital público y terminamos acordando encontrarnos en Fiscalía para realizar la denuncia luego de varios encuentros. El pibe nunca apareció, ni ese día, ni los días siguientes. El miedo ganó la partida. Y nosotros lo entendemos perfectamente. Los abogados y yo volvemos a un barrio de clase media con muchas cuestiones resueltas. Kevin no. Pueblo chico, infierno grande. Ni bien se conoce la denuncia vuelven los aprietes. Y es su hija de 2 años la que duerme al lado de la ventana en el barrio Malvinas.

Por eso la organización La Poderosa que ayer logró un fallo ejemplar en plena era punitivista promueve el Control Popular de las fuerzas de seguridad. Parece un sueño difícil de alcanzar en una provincia donde el crimen de Lucas Muñoz y Micaela Bravo permanecen impunes.

Pero la llegada de los juicios por la Masacre del Alto del 17 de junio de 2010 que comienzan en pocas semanas y fue producto de la perseverancia de familiares y organizaciones que no claudicaron en la lucha durante estos largos 8 años.

Y el mas reciente fallo de Marcela Pájaro y la puesta en funcionamiento del Comité municipal contra la Tortura también producto de litigar en varios frentes (jurídico, político y mediático) de las organizaciones sociales, son hitos recientes que permiten esbozar un puntapié para empezar a pensar como controlamos a las fuerzas de seguridad en los territorios de Bariloche.

Mientras, brindamos por Ezequiel e Iván que se animaron. Por la Poderosa que acompañó y militó estas condenas para los prefectos. Y por esa pequeña hendija que abrieron en pleno reflujo neoliberal y manodurista para alumbrar un camino  propio de política pública nacida desde el pie, para cuando termine el túnel de Bullrich, Macri y compañía

 

Por Alejandro Palmas

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen

 

 

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