En una ciudad donde la montaña es una postal permanente, hay una pregunta que incomoda: ¿Quiénes tienen realmente acceso a ese paisaje? El documental “La montaña desde la ventana”, que se proyecta este 18 de mayo a las 19hs en la UNRN, nace desde esa incomodidad. No como un ejercicio estético, sino como una necesidad política: mostrar que el acceso a la naturaleza no está distribuido de manera igualitaria.

Las desigualdades no operan únicamente en lo material, un eje que también transita el documental. Foto: Gabriela Tamara Ancapan
En una ciudad atravesada por profundas desigualdades, la montaña también expresa una división. No es solo una cuestión de cercanía geográfica, es una trama más compleja: el costo del transporte, el acceso al equipamiento, la información, el tiempo disponible, la infraestructura, el sentido de pertenencia. Todo eso configura quién puede subir y quién se queda mirando. Así, lo que debería ser un derecho colectivo termina funcionando como el privilegio de unos pocos.
Pero hay otra dimensión, menos visible, que el documental -que también se proyectará el 28 de mayo en Casa Macacha (Pasaje Gutiérrez 890) a las 20:30hs– pone en juego. Porque las desigualdades no operan únicamente en lo material. Existen barreras más profundas, silenciosas, que moldean las posibilidades antes incluso de intentarlo.
En ese punto, lo que plantea Pierre Bourdieu ayuda a nombrar lo que muchas veces se vive sin palabras: hay límites que se incorporan, que hacen que ciertos espacios no se sientan propios. No es solo no poder ir, es no imaginarse ahí. Es crecer viendo la montaña desde la ventana de tu casa, pero sin construir la idea de que también puede ser un lugar para habitar.
Un ejemplo que podría ayudarnos a ejemplificarlo es la contemplación de la Luna. Sí, la Luna. La miramos, la observamos, la pintamos, a veces la fotografiamos, pero nunca nos imaginamos habitarla. Dentro de nuestras barreras, que muchas veces son simbólicas, no está la opción de que un fin de semana podamos ir a conocer la Luna, tal vez pueden ir astronautas de la NASA, algún que otro millonario algún día, pero no las mayorías. Algo similar, con lo absurdo que parezca este ejemplo, ocurre con la montaña y los sectores populares de nuestra ciudad.
Hace cuatro años, la fundación San José Obrero intenta a través de este proyecto, habitar la montaña remarcando la importancia de identificar y romper estas barreras. Como proceso de estudio diseñamos encuestas en las salidas, con el objetivo de cuantificar el porcentaje de aquellas personas que conocían los senderos recorridos, diferenciando el género y la edad. Algo que aparecía en todas las encuestas y que motorizó este proyecto, fue que el 80% de los y las participantes en las salidas que habíamos realizado, no conocían los senderos que habíamos recorrido, y cerca del 20% restante había conocido el sendero previamente, pero las razones de eran por trabajo y no por una decisión de disfrute.

Cuando el acceso deja de ser individual y se vuelve colectivo, cuando hay organización, esas barreras empiezan a resquebrajarse. Foto: Gabriela Tamara Ancapan
Pero, ¿estas barreras la observamos solamente con los sectores naturales? No, con el proyecto de montaña se puede graficar y visibilizar rápidamente, pero esto lo podemos expandir a todas las decisiones de nuestras vidas, el trabajo al que accedo, los amigos que hago, si creo que puedo hacer una carrera universitaria o simplemente, y tan complejo simultáneamente, como tener una familia. Todos estos puntos que para muchas personas forman parte de su cotidianidad, para otras son lejanas o inalcanzables.
El documental intenta navegar en esas tensiones y contradicciones. Jóvenes y adultos de los barrios populares que empiezan a acercarse a la montaña no solo están recorriendo un camino físico: están corriendo una frontera simbólica. Y en ese proceso aparece algo clave: cuando el acceso deja de ser individual y se vuelve colectivo, cuando hay organización, esas barreras empiezan a resquebrajarse.
También en su forma de producción hay una toma de posición. Filmado con celulares, con herramientas accesibles y desde adentro de los propios barrios, el documental discute quiénes tienen derecho a contar la ciudad. La cámara no está puesta desde afuera: es parte del proceso.
“La montaña desde la ventana” no busca romantizar ni idealizar. Busca incomodar. Poner en evidencia que en Bariloche no hay una sola forma de habitar el territorio, y que esa desigualdad no es natural, sino construida.

¿Queremos que toda la sociedad Barilochense quiera disfrutar los entornos naturales de Bariloche? interpela el documental. Foto: Gabriela Tamara Ancapan
Entonces, nosotros como sociedad Barilochense: ¿Qué estamos haciendo para que estas barreras sigan creciendo?, ¿Queremos romper, interpelar, problematizar estas barreras? ¿Queremos que toda la sociedad Barilochense quiera disfrutar los entornos naturales de Bariloche? ¿Qué tiene más peso en nuestra toma de decisiones, el mercado del turismo o los sectores populares de Bariloche? El documental pretende interpelarnos, problematizar y de algún modo u otro ir resquebrajando esas barreras que muchas veces son materiales, pero sobre todo simbólicas.
Es así que el lunes 18 de mayo a las 19 hs en la Universidad de Rio Negro (aula B201 de la sede universitaria de Anasagasti 1463) y 28 de mayo en Casa Macacha (Pasaje Gutiérrez 890) a las 20:30hs se va a transmitir el documental con el objetivo de seguir instalando y debatiendo sobre la importancia de la accesibilidad a diferentes entornos que aumentan las brechas de la desigualdad en nuestra ciudad. Porque al final, lo que está en juego, no es solo el acceso a la montaña.
Es el derecho a sentirse parte. Es el derecho a apropiarse del territorio. Es, en definitiva, el derecho a imaginar otra vida posible.
Por Sebastián Fuentes y Matías Fernández Herrero
Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

