Vacunas contra el Coronavirus: la política de la vida

Este martes comenzó el mayor operativo de vacunación de la historia argentina. Al Margen entrevistó al reconocido infectólogo Carlos Barclay sobre las cuestiones polémicas de las vacunas del Covid 19 para inmunizarnos de las noticias falsas. 

Foto: Euge Neme

Carlos Barclay no tiene celular. Arreglamos la entrevista vía mail. Conversamos en su consultorio de la calle Mitre. Su escritorio estaba blindado con un vidrio. Respondió a todas las preguntas con datos constatables y sin titubeos.

¿Qué diferencias tienen las vacunas del Covid 19 con las vacunas del calendario obligatorio?

Hay vacunas que no tienen ninguna relación con las vacunas conocidas hasta ahora. Éstas son las del laboratorio Pfizer y Moderna que utilizan un RNA mensajero.También están las vacunas vectoriales como la Sputnik y la AstraZeneca. Todas estas vacunas tienen un muy alto porcentaje de efectividad y ninguna contiene el virus atenuado como en las vacunas tradicionales. Ninguna tiene el Coronavirus.

El método que utilizan la Sputnik y la AstraZeneca consiste en un virus inactivado que transporta el gen que codifica la síntesis de la proteína S -que es la proteína de la espiga del covid 19-. El cuerpo reconoce a la proteína S y fabrica anticuerpos para combatir al Coronavirus. Esto es un truco que se le hace, desde la tecnología, al sistema inmunológico.

La Sputnik utiliza un adenovirus humano. El ANMAT analizó los datos que le entregó el instituto Gamaleia y los corroboró con una visita a la planta de fabricación en Rusia. Esos datos que están en el dossier no se hicieron públicos todavía. Esa información va a ser publicada en una renombrada revista científica The Lancet para que esté al alcance de todos y pueda ser discutida en el ámbito científico.

Hay datos publicados de la vacuna AstraZeneca -también aprobada por el ANMAT-. Esta vacuna utiliza un adenovirus modificado de chimpancé. Al principio tuvo una eficacia menor -65 por ciento-. Pero luego se descubrió que un grupo que se había vacunado -por error- con la mitad de la dosis y luego con la dosis completa, tuvo más del 90 por ciento de efectividad. Eso es lo que se llama serendipia: cuando se encuentra algo beneficioso por azar en la ciencia.

Pfizer tiene más del 90 por ciento de efectividad con tasas de efecto secundarios leves (dolor en el sitio de aplicación, fiebre o dolor de cuerpo, muy parecido a lo que pasa con otras vacunas). El único inconveniente fue que ciertas personas tuvieron reacciones alérgicas cuando se empezó a vacunar masivamente. Esto requiere que las personas alérgicas permanezcan 30 minutos en el vacunatorio. Se está estudiando cuál es el componente específico que causa la reacción.

¿Cuál de las vacunas que nombraste presenta mayores ventajas?

Hasta ahora no se ha hecho ningún estudio que las compare. Lo que se sabe es que no son intercambiables: si empezás con una dosis de Sputnik tenés que seguir con la misma, es decir que la segunda dosis también tiene que ser de Sputnik.

Los puntos más polémicos se relacionan con la rapidez con la que se fabricó la vacuna y con el tiempo requerido para determinar los efectos a largo plazo.

Los procesos fueron los más rápidos de la historia porque la capacidad de la ciencia es la mejor de la historia. La velocidad no es un impedimento, si los pasos que se dan en seguridad y eficacia son los correctos. También se cuestiona que estas vacunas fueron aprobadas con una autorización de emergencia.

Este es un tipo de aprobación que se da solo en pandemia porque la situación es de emergencia. Lo que no puede pasar es que en la rapidez se salteen pasos. No me caben dudas de que el agua potable y las vacunas fueron los dos factores principales que aumentaron la expectativa de vida del ser humano.

En un mundo donde se exige a las personas que tomen decisiones informadas al mismo tiempo que las falsas noticias y los discursos antivacunas se viralizan en los medios de comunicación y en las redes. ¿Cómo construir confianza a propósito de las vacunas contra el Coronavirus?

Muchas de los movimientos radicales antivacunas utilizan prejuicios o hipótesis que no están demostradas. Lo único que uno puede hacer es mostrar los datos, hablar de hechos constatables. La ciencia tiene sus propios mecanismos de revisión y autocontrol. El hombre y la ciencia conviven en su vida cotidiana con cierto grado de incertidumbre. Las personas buscan certezas, eso no se lo puedo dar yo ni nadie.

Se requiere de un índice alto de vacunación para cortar la circulación del virus. ¿Cuáles serían las estrategias para llevar a cabo este operativo con éxito?

La primera etapa no va a alcanzar para vacunar masivamente. La estrategia es estratificar por riesgo a la población. No va a ser obligatoria. Se va a empezar por el personal de la salud de acuerdo al nivel de exposición -recordemos que hay 397 trabajadorxs de la salud muertos en Argentina-. Paralelamente a esto se vacunará en los geriátricos.

En los primeros meses el operativo no va tener un gran impacto en la circulación del virus. El objetivo es bajar la mortalidad y que no se sature el sistema de internación. No disponemos de la cantidad de dosis necesarias para intentar lograr el efecto rebaño. Para esto tenés que vacunar a más del 70 por ciento de la población.

En cuanto a la soberanía sanitaria: ¿es posible desarrollar la vacuna en la Argentina? ¿Éste es el momento de respaldar la investigación propia?

Yo creo que en esta instancia hay que ser pragmáticos. Si no tenés la capacidad de producirlos en los tiempos que requerís y tenés los medios para comprarlos, es irrelevante el lugar de producción. Con algunas vacunas hay contratos de transferencia de tecnología y se van a fabricar en laboratorios argentinos. Las vacunas vectoriales no son difíciles de fabricar acá.

¿Qué sucesos de su trayectoria profesional fundamentan su postura?

En mis 40 años de profesión vi chiquitos morirse con enfermedades inmunoprevenibles como la tos convulsa. En el hospital de niños vi tres hermanos morirse en una semana de sarampión. Vi un chico morirse de tétanos. Esto es imperdonable en el mundo actual.

¿Dónde poner el énfasis en la comunicación para fortalecer el cuidado mutuo?

La información sola no alcanza. Todos saben lo que hay que hacer, sin embargo esa información no se traduce en un cambio de conducta. Todo el mundo sabe que hay que usar barbijo y hay un gran sector de la población que no lo usa. Considero que es necesario otro tipo de comunicación donde intervengan no solo los médicos -que dan la información técnica- sino también otros actores como sociólogos, antropólogos, comunicadores que transmitan un mensaje que interpele a la gente. Por ejemplo, en otras infecciones como el HIV se determinó la utilidad de la educación por pares, es decir que para concientizar a los adolescentes del uso del preservativo se diseñaron campañas con jóvenes que le hablaban a un par en su mismo lenguaje.

Es muy importante aclarar que en estos primeros meses el virus va a seguir circulando y que la gente tiene que seguir cuidándose. En Argentina murieron más de 40.000 personas. En Bariloche, aunque nunca faltó un respirador, murieron más de 100 personas. La enfermedad, en un porcentaje, es mortal.

El sociólogo Nikolas Rose explica que la biomedicina visualiza la vida a otro nivel. Hasta ahora percibimos el cuerpo como algo tangible, en cambio la biomedicina manipula el cuerpo a un nivel molecular y que esto posibilita otro modo de entender la vida. ¿Usted qué piensa?

Pienso que es un comentario para una charla de café.

Por Verónica Battaglia

Cooperativa de Comunicación Popular Al Margen