Nino Carrasco: a 10 años de un crimen sin verdugo

Entrevistamos a Gabriela Carrasco, hermana de uno de los tres jóvenes asesinados el afiebrado 17 de junio de 2010. Los hechos, el acoso, el juicio, el rencor.

Gabi en la actualidad es trabajadora en la Cooperativa Kata Wain del SEMS. Foto: P.B

Gabriela Carrasco, 28 años, fue la hermana del único joven muerto durante la represión de la Policía de Río Negro el 17 de junio de 2010 en Bariloche, cuyo verdugo desconocido quedó impune a pesar de la condena a los responsables políticos. A horas de cumplirse una década del hecho, nos recibe en la casa de sus padres, en el barrio Las Mutisias, junto a ellos –Carmen y Abel-, quienes durante la charla permanecen en silencio.

Aquí Nicolás Carrasco se despidió de Gabriela a las 16.10 de aquel jueves de junio de 2010. Le dijo que iba a lo de la novia y que se quedara tranquila. Gabriela recuerda las intensidades de gritos y disparos fuera, el olor a gas lacrimógeno, “la tristeza del ambiente”.

Nicolás Carrasco tenía quince años, jugaba al fútbol y le decían Kun. Tenía otro hermano, Ricardo. Ayudaba a su papá, gasista plomero. El ingreso estable del hogar lo aportaba la mamá, inspectora de tránsito. Una familia trabajadora, de asados de domingo.

-Nicolás había estado arreglando el camión (Ford) 350 con mi papá, a la vuelta, en lo de nuestra abuela. Vino para acá, dijo que se iba a la casa de la novia, creo que eran las cuatro y diez. Cuidate, le digo yo, que está re feo ahí atrás. Sí, no pasa nada, India, me dice. Llegó mi papá a los cinco minutos, preguntó por Nino, salió detrás suyo y a los veinte minutos volvió llorando, diciendo que a Nicolás lo habían herido.

Gabriela durante frente al juicio de 2018. Foto: Euge Neme.

– No hay responsables materiales, pero sabemos cómo ocurrió el hecho

– La policía les hizo a los chicos como una emboscada sobre el ingreso al barrio (169 Viviendas), en la calle Elordi. Los encerraron y Nicolás estaba en el medio.

– Cuando decís los chicos, ¿te referís a sus amigos?

– Era un montón de gente. Nicolás cubrió a una señora que estaba detrás de él. La cubrió de espalda, porque los impactos de bala que recibió fueron de espalda.

– Cuando te dijo que se iba a lo de la novia, ¿lo hizo para tranquilizarte o creés que se prendió a la pueblada?

– Creo que iba pasando y que se quedó ahí a mirar.

– ¿Qué nombre le pondrías a todo lo que ocurrió el 17 y 18 de junio?

-Fue gatillo fácil, porque la policía salió a reprimir con balas de plomo y los chicos tiraban con piedras y gomeras. Durante el juicio, ningún chico aparecía en las fotos con arma.  Mucha gente se quedó callada, por miedo, y no salió a denunciar.

– ¿Por qué crees que la Policía actuó así?

– (Niega con la cabeza y levanta los hombros)

– ¿Cómo conviviste estos diez años con el desconocimiento de saber quién mató a tu hermano?

– Mal, triste, tratando de salir adelante, apoyando sobre todo a mamá, que siempre salía en los medios, tratándola de ayudar porque es sostén de familia, tratando de mirar hacia adelante, de estar juntos. Hoy mucho no se habla del tema en casa, tratamos de contenerla.

– ¿Tuviste ganas de vengarte?

– Y si, venganza hacia la policía siempre voy a tener, odio, rencor. Porque después de que falleció Nino, en septiembre, octubre, noviembre, tuvimos allanamientos: excusas, estrategias para ensuciar a Nicolás. Revolvían todo, nos decían que Nino era terrible delincuente. Nos basureaban, pisaban las pancartas, nos insultaban. Era humillante. Hasta que un día sacamos a la policía de casa y nunca más volvieron.

– ¿Cuál fue el peor momento durante este tiempo?

– Llegar al juicio sin respuesta.

– Sin respuesta sobre los asesinos de tu hermano

-En general, porque los culpables están en su casa con la familia y sus hijos.

-Eso porque la sentencia no está firme. ¿Pero con la pena estás de acuerdo?

-No estoy de acuerdo con la sentencia. Salieron a matar.

Tiempo después de las muertes, Gabriela se incorporó al colectivo de trabajadores del estacionamiento medido, en un intento de apuntalar la economía del hogar. Ahora vive con su esposo, tiene dos niñas y una casa en Nahuel Hue.

En 2011, la Justicia condenó a Sergio Colombil, el cabo que fusiló a Diego Bonefoi. Y en 2018, a la cúpula de la Policía de Río Negro (Víctor Cufre, exsecretario de Seguridad y Justicia; Jorge Villanova, jefe de Policía; Argentino Hermosa, jefe de la Unidad Regional III) y a los coautores materiales del asesinato de Sergio Cárdenas (Víctor Pil, Marcos Epuñán y Víctor Sobarzo).

Entre los testigos, declaró el físico forense Rodolfo Pregliasco, a cargo de una pericia interdisciplinaria de análisis de imágenes y sonidos. El hombre acreditó que el momento de mayor concentración documentada reunió a 37 manifestantes frente a 57 policías en cinco grupos con doce escopetas y una descarga promedio de 15 cajas de munición en dos horas, equivalentes a 366 balas.

Por Pablo Bassi

Equipo de Comunicación Popular colectivo al Margen