Leer la historia a contrapelo, un ejercicio necesario

Al Margen dialogó con el periodista y escritor Adrian Moyano sobre su cuarto libro: “Por su valentía se llaman tigres. ‘Indios rebeldes’ en el País del Nahuel Huapi”, que será presentado este miércoles a las 18.30 en la escuela de arte La Llave. El lanzamiento tendrá una presentación especial que contará con la participación de la cantante mapuche Anahí Mariluan, quien escribió el prólogo, la puesta en escena de María Manzanares y la música de Fernando Valeria.  

– ¿Cual es la columna vertebral que rige este nuevo trabajo? 

-Es una historia mapuche con perspectiva anticolonial vista desde el Nahuel Huapi, como espacio territorial, que me permitió en el curso de la investigación rastrear la presencia de los mapuches puelches en tiempos muy remotos: la primera mención histórica al lago Nahuel Huapi data de un documento de 1620 y la expedición esclavista que cruzó por el actual paso Vicente Pérez Rosales consignó en primera instancia el nombre del lago y la presencia de lo que ellos dicen “indios puelches viviendo en sus islas y costas”. Leyendo esas crónicas, y también de historiadores jesuitas como Diego de Rosales y otros, también se puede establecer que el lago era visitado frecuentemente, o lugar de residencia durante una parte del año, y que esa situación de control territorial del pueblo mapuche respecto al lago y sus espacios aledaños no se modificó nunca en tiempos coloniales. Es decir que el Nahuel Huapi nunca fue conquistado por España, de manera que uno de los ejes del libro es justamente llamar la atención al hecho colonial por el cual la Argentina ejerce jurisdicción por este espacio territorial como consecuencia de la Campaña del Desierto y no del imperio español.

-Muchas veces hablás de la importancia de leer la historia a contrapelo, ¿qué cosas salen de este nuevo recorrido? 

-Para este libro empecé a reunir la información en 2016 y lo empecé a escribir en 2017 cuando se profundizó la ofensiva del gobierno anterior, y del Estado en su conjunto, contra el pueblo mapuche. La prensa capitalina, con algunos ecos en la prensa regional, volvió a reverdecer el estigma de la extranjería del pueblo mapuche argumentando que venían de Chile y que “porqué” pretendían derechos sobre la Argentina sobre territorios de parques nacionales y demás. Cepillar la historia a contrapelo permite terminar con esa falacia. En mi libro pretendo demostrar que el pueblo mapuche residía en las actuales provincias de Mendoza, Neuquén, Rio Negro y Chubut no solamente cuando la Argentina no estaba en los planes de nadie, sino cuando España no estaba en los planes de nadie. El cepillar la historia refuerza lo que dice la Constitución: La preexistencia de los pueblos indígenas, en este caso del mapuche, al Estado.

– Esa idea del desierto tampoco es casual…

-Cuando uno lee estas fuentes antiguas, escritos de 1670, 1620, 1715, el lago y sus alrededores, desde Ruca Choroi hacia el sur, estaban densamente poblado por gente que se expresaba en mapuzungun. Los lagos y los ríos de la región eran surcados por wanpos y piraguas. Es decir, el pueblo mapuche antes de la incorporación sustantiva del caballo era profundamente navegante y este dato esta corroborado por la arqueología que testimonia que el pueblo mapuche en su identidad puelche compartía rasgos culturales muy profundos y similares con la gente mapuche del otro lado de la cordillera, que también era navegante y agricultora. La idea del desierto yo no la polemizo en este libro, porque termina en 1794, pero la idea del desierto es una construcción intelectual de la generación que se hizo del poder en el país a partir de 1861, para justificar la usurpación territorial que construyó al Estado tal cual lo conocemos.

– ¿Cómo es la experiencia de sumergirte en estos trabajos tan minuciosos?

-Evidentemente es apasionante, admito que es un tanto tortuoso leer la historia general del reino de Chile. Flandes Indiano escrita por Diego de Rosales en 1674 que son 1640 páginas en un castellano que ya no se utiliza. Reconozco que debe ser difícil ver eso, sin embargo me apasiona y he desarrollado cierto gusto, pero es central para la perspectiva que uno quiere poner en común con la gente el conocimiento del mapuzungun y de rudimentos de la cosmovisión mapuche (admapu), porque hay muchas palabras mal traducidas o fuera de contexto que permite el ejercicio al cual hacíamos referencia de leer la historia a contrapelo. Tanto en Rosales, como en partes militares de la época u en otros sacerdotes y cronistas, hay muchas menciones a prácticas y rituales mapuches que en aquel tiempo las trascribían según su prisma. Un machi era un hechicero del demonio, un traun era una borrachera, hay que decodificar toda esa información que está y lamentablemente durante mucho tiempo se soslayó o tergiversó para construir intelectualmente la justificación del despojo colonial que todavía sufre el pueblo mapuche.

– ¿Porque elegís este título para el libro?

-Es una cita de Rosales, cuando describe la geografía de esta parte del actual territorio argentino que para ellos también formaba parte del Reino de Chile. Cuando describe el lago Nahuel Huapi dice que en sus islas y sus costas viven unas gentes que por su valentía se llaman tigres, y los califica de rebeldes porque no están comprendidos en los acuerdos de paz que algunos grupos mapuches habían celebrado con las autoridades españolas de Chile. Incluso esa expresión permite reavivar la polémica sobre qué significa Nahuel, porque se ha traducido linealmente como tigre y hay que ver a qué se referían los mapuches y a que se referían los españoles del siglo XV o XVI con la palabra tigre cuando Rosales dice que por su valentía se llaman tigres, no dice que hay yaguaretés o tigres americanos, como una de las versiones del significado de Nahuel, sino que tiene una actitud por la cual meceré ser llamado en español “tigre”.

-Cómo preparan la presentación

No va a ser una presentación habitual, sino que el lanzamiento es Bariloche del libro “Por su valentía se llaman tigres. ‘Indios rebeldes’ en el País del Nahuel Huapi” contará con una dinámica en bloques como si fuera un programa radial con comentarios, música, lectura, música, con la participación de Anahí Mariluan, autora del prólogo, María Manzanares, con la puesta visual y Fernando Valeria integrante de la banda A lo lejos el Jinete.

Por Violeta Moraga

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen