La crueldad sin fin del Estado vs la solidaridad hasta la muerte

Tenía conciencia de su muerte inminente”, dijo Mariana Kerz, médica de la guardia del Hospital zonal de Bariloche, la última persona con la que Nicolás “Nino” Carrasco intercambió unas pocas palabras antes de ser ingresado al quirófano y morir allí.

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La mamá de Nino escucho los testimonios de la última persona que vio agonizar a Nino.

Unos metros atrás de Kerz, en el lugar reservado para el público, Carmen Curaqueo escuchó decir a esa testigo que su hijo le dijo “me muero” y se despidió.

Poco antes, en la octava jornada de audiencias, otro testigo, Víctor Parodi, médico de esa misma guardia central la tarde del 17 de junio de 2010, ya había dicho que “estábamos atendiendo una persona herida, todavía con vida, cuando ingresan de la guardia y nos dejan un cuerpo en la camilla. Era un varón, joven. Ingresó sin condiciones para iniciar reanimación”. A su derecha, Karina Riquelme, sentada junto a sus abogados querellantes, escuchó en detalle lo que pasaba en los boxes mientras ella misma hace ocho años estaba del otro lado, esperando, en shock.

En la jornada de hoy, a la vez, por primera vez se escuchó la versión de un manifestante de la revuelta popular en repudio al crimen de Diego Bonefoi ejecutado de un tiro por la espalda esa madrugada por un integrante de la patrulla de la Comisaría 28. Lucas Gallardo, vecino del barrio, tenía 17 en ese entonces. Recibió disparos directos a la cara con munición antitumulto a corta distancia estando en el umbral de su casa, pretendiendo salir a pedir ayuda para llevar a Nino al hospital, ya que minutos antes había recibido varios disparos que lo desplomaron.

Otro vecino, Darío Velázquez, joven obrero de la construcción, volvió a relatar esa escena de película de acción cuando atento a los disturbios en la calle y los sonidos de los impactos de balas, se asoma a un paredón del patio de su casa y empieza a grabar con la cámara de video de su celular. Ve el avance de varios grupos de policías, pibes corriendo hasta que lo asustó un zumbido –diferente a los que estaba escuchando- pasó muy cerca de él. Dejó de grabar, con la panorámica despejada vé que un pibe cae en la calle, que varios lo rodean. Se acerca, otros le abren la remera, vio un hilito de sangre salir del costado derecho.

Con su esposa decidieron aportar ese video a la causa judicial, pidieron ayuda para bajar a un CD el video, cuya autenticidad no dejó de intentar cuestionar Sebastián Arrondo, defensor privado de 7 de los ocho policías imputados.

Este jueves declararon seis testigos en la octava jornada de audiencias públicas. A pesar de la tragedia, es importante constatar que vecinos de a pie asumieron su “deber de memoria” y volvieron a sostener ante los acusados su versión. Importante también saber que aún en medio del peligro personal muchos honraron la vida y ayudaron o intentaron ayudar hasta el último instante tanto a Nino como a Sergio.

“Me muero”, dijo Nino con los pulmones sin aire casi. “Vas a estar cuidado”, dijo Kerz que le dijo al jovencito.

Las paredes del frente de la casa de la familia Gallardo tiene todavía los huecos de los balazos del 17. Es difícil describir cómo son, hasta dónde llegan los huecos de la impunidad y de la (de)mora de 8 años hasta este juicio.

 

Multisectorial contra la represión y la impunidad.

Fotografía: Eugenia Neme

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen

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