El Festival Audiovisual Bariloche (FAB) volvió a hacerlo. A pesar del contexto, el trabajo de hormiga de quienes llevan adelante esta iniciativa, que ya cumple 12 años, hizo de la ciudad una fiesta con el despliegue de películas, talleres, muestras y diversas actividades que multiplicaron propuestas por las que circularon centenares de personas: una vez más, fue una celebración.

En el shopping Patagonia, donde está el único cine de Bariloche, el jueves por la noche la fila para entrar a la Sala 1 se multiplicó en segundos. Faltaba media hora para la proyección y una multitud ya atravesaba el espacio sorteando sillas y mesas. Daban “Estepa”, uno de los largometrajes de ficción seleccionado entre lo mejor del cine regional y nacional que se visualizó por estos días. Hubo gente que se quedó afuera.
En la penumbra la mirada compartida se palpitaba en las voces de asombro que no se contenían frente a alguna que otra escena, las pequeñas sonrisas se adivinaban entre las filas frente a la pantalla que mostraba la tierra conocida, pocas veces allí desplegada en su inmensidad. Cuando terminó, nadie se movió del asiento para poder charlar con el director. Lujos del FAB.
Días después se supo que Estepa, del barilochense Mariano Benito, junto con Procopiuk, un documental de Diego Lumerman sobre la vida del cineasta pionero de la Patagonia, se llevaron los premios mayores en la categoría Largometraje Binacional. Además, Agustín Sullivan (actor principal) recibió la distinción a la Mejor Interpretación.
Benito ya había triunfado con dos series en ediciones anteriores, en el 2016 con Reinas y en el 2019 con Lejano Sur. El año pasado, al estar en la organización del FAB no había podido presentar obra. Finalmente lo hizo de esta manera.
“Lo que más me interesaba era presentar la película acá, porque es bien de Bariloche, hecha casi con un 90% de equipo técnico y artístico de acá”, dice Mariano en diálogo con Al Margen y agrega que, además, le permitió mostrar que una película de origen local no solamente está relegada a un determinado espacio, sino que, como cualquier película, se puede ver y estrenar en una sala comercial. “Lo del jueves fue brutal, lamentablemente hubo gente que se quedó afuera, pero tuvo la oportunidad de verla luego en la biblioteca”, recuerda. El broche de oro fue la premiación.
-La película es un policial y mencionabas entre los puntos de contacto para la trama el caso Muñoz y otra situación más, vinculada al poder corrupto ¿Cómo fue ese inicio?
-La génesis es un poco más extensa de explicar. Mi maestro de cine, José Martínez Suárez, nos decía a todos los alumnos que la imaginación es memoria, y que todo lo que uno vive a partir de las películas que ve, los libros que lee, las noticias que salen los diarios, se van acumulando en algún lugar nuestro. A mí me interesa contar historias y el caso Muñoz es algo que me impactó. Uno lo vive como ciudadano, como una noticia terrible, pero también como escritor, o guionista en este caso, son cosas que van quedando como para poder trasladarlas a una historia. Lo otro fue la noticia de unas chicas que vivían en el CAINA y eran prostituidas, incluso con un juez de menores metido. Esas historias quedaron ahí y se fueron sumando a una historia que yo pensaba que tenía que ser en la Estepa. La patrulla y la casilla en el medio de la nada me parecía que dramáticamente era muy importante. Ahí fui armando el guion, metiendo cosas, descartando otras, fuimos condensando y llegando a esta historia de ficción después de nueve versiones de guion.

–Es interesante saber este proceso y todo lo que conlleva realizar una película, ese detrás de escena que después se condensa en esas horas de pantalla.
–Empecé con este proyecto antes del 2017, es decir hace más de 7 años y participé en un concurso del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) que se llama, o se llamaba porque no sé si se va a seguir haciendo, Opera Prima Nacional, donde ganamos 4 películas, no es que ganan 500. Esa fue la primera versión, la que presenté, y después hice ocho más. Por eso, cuando se dice “cuántos millones” en 7 años no te queda nada. Deudas generalmente, pero, aunque te quede algo, tampoco es un trabajo de bancario: está la preproducción, la parte administrativa, sueldos, cargas sociales, etc. Por eso, teníamos que filmar en cuatro semanas y ocuparse de eso que no es puramente lo artístico, todos los días mientras estás haciendo lo otro: hablando con los actores, con el director de fotografía. No es una queja, es lo que es y nos gusta, pero así es el sistema y una vez que terminaste la película, y pensás que ya está todo, viene la postproducción, que es hermoso, interesante y caro. Después, lo más difícil de todo, es exhibir la película en la Argentina.
– Todo el circuito de difusión y de salas es otra película, ¿no?
-Cuando se dice que la gente no ve cine nacional en realidad es, en gran parte, porque no la dejan: no existe la posibilidad de competir de igual a igual contra una media norteamericana que regula la agenda de las distribuidoras y las salas de cine de la Argentina y de muchos lugares del mundo. Eso es lo más difícil de todo y lamentablemente no te preparás, cuando habría que prepararlo antes de filmar, porque en definitiva estamos en un mundo capitalista que tiene determinadas reglas y entonces vos tenés que pensar en una película en la cual, sin perder originalidad e inteligencia, tenés que conquistar al público y tener alianzas con gente que te ayude a que la película se vea acá, allá y en tal lugar. Argentina hizo 246 películas el año pasado, entonces hay que pensar y planificar más. Creo que le hemos dejado muchas cosas inconclusas, desprolijas o no pensadas, a gobiernos como el que tenemos ahora, como para darles excusas para que hagan lo que hacen. Tenemos la responsabilidad de pensar, en los buenos momentos, las mejores opciones y planificar esto que es parte, por un lado, de una industria, pero por otro lado también del arte y de la cultura del país.
– Argentina, por otro lado, siempre tuvo una tradición importante en el desarrollo del cine y también un reconocimiento.
-Sí, hay una tradición de un país que desde el año 1900 viene siendo punta de lanza del cine hispanoamericano. En el 40 y 50 había en la Argentina 8, 9, 10 estudios, que eran como los estudios de Hollywood y las películas y los artistas argentinos -Libertad Lamarque, Mirtha Legrand, Tita Merello- eran estrellas en Hispanoamérica. Hoy tenemos que las películas se ven y se premian, y también se venden, porque existe el mercado, y eso genera ingreso de divisas y genera, fundamentalmente, movimiento de trabajo de un montón de gente, además del movimiento económico indirecto en los lugares en los que se hace. En Uruguay, por ejemplo, si vos filmas ahí te devuelven el 30% de la plata que pusiste para hacer la película, porque los millones de dólares que se ponen en el lugar moviliza un montón y al gobierno le conviene que filmen ahí. Es una industria que mueve mucho, directa e indirectamente: al que hace el catering o al que te vende los clavos para hacer tu escenografía. Y aparte está lo más importante, que es la cultura de un país. Ya con eso uno no debería entrar a explicar la importancia de alentar esta industria.

– Es un movimiento que también se dio con esta película, donde se destacó la participación local.
-Si, hay un montón de participación local, desde los actores hasta producción. Eran doce personajes de los cuales solo tres eran de Buenos Aires y el resto eran todos estudiantes o egresados de la carrera de Arte Dramático de la Universidad de Río Negro. Así también en el área técnica. Desde que empecé con Reinas trato de armar equipos mixtos, por ejemplo, traje en su momento un director de fotografía que es amigo y una persona muy generosa, entonces los técnicos aprendieron mucho. Hay que auspiciar el crecimiento de los pibes, sino para qué estudian. No hay que pensar solo en “hago mi película”, sino en fomentar y generar un cuerpo de técnicos y de artistas que sea bueno y representativo el lugar. Un actor o una actriz o un director fotografía que vienen de Buenos Aires tiene mucha más experiencia porque laburan todos los días, porque allá se hace el 85% de la producción. Pero estoy muy contento, podemos dar batalla mano a mano con cualquier otra cinematografía del país.
– ¿Cómo evalúas el cine en lo regional y la importancia de estos festivales?
-El FAB no es un festival menor con toda la participación que tiene, incluso películas de otros países. Hay un conjunto de circunstancias que beneficiarían enormemente el crecimiento: primero es que hay dos escuelas o universidades de cine en la provincia, tenemos la Río Negro en El Bolsón y en Roca, que no es habitual. Sacando Córdoba que tiene también dos o tres no hay muchos lugares que tengan. También está el ENERC muy cerca acá en Neuquén, el Comahue que también tiene algo de audiovisual. Es un festival que creo que no tiene todavía el reconocimiento de la gente que no logra ver el tipo de festival que es y la agenda que tiene a nivel nacional. Es muy considerado este festival y me parece que es responsabilidad de los que organizamos, o alguna vez estuvimos en la organización del festival, no saber llegar del todo bien. Pero creo que estamos en un buen lugar como para que despegue y poder dejar una huella en la cinematografía nacional.
Por Violeta Moraga
Cooperativa de Comunicación Popular Al Margen
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