Algunas imágenes para Mariano*

Nada se oye. Sigue nevando. Ayer el cielo y la tierra se habían despejado y nos dejaban caminar al sol, en grandes columnas que nos refugiaban apenas del viento gélido.  Habíamos bajado hasta la costanera y vuelta, cuesta arriba, a la Plaza de los Pañuelos. La confusión del nuevo recorrido, a pesar de lo que se había vaticinado, no hizo que nos dispersemos ni que empiece a vaciarse la movilización. Le entramos a la Plaza desde el lago, no desde las arcadas como siempre, entonces costaba entender cómo ubicarse. Con todo, se hacía difícil reencontrarnos si nos perdíamos en el gentío. De a momentos el flujo de caminantes abría corrientes internas en la muchedumbre y se veían pasar, como arroyitos, filas de personas que se dirigían a otros puntos de la plaza. En uno de esos lo vi a Lucio, me fui a buscarlo. No lo veía hacía varios meses.

Novena Marcha por la Soberanía a Lago Escondido. Foto: Virginia Chaile

Hacía frío, había empezado a oscurecer, pero la marcha persistía, y cantaba, y saltaba, un poco por entrar en calor. Nos quedamos conversando un rato, ya no me acuerdo de qué, y estábamos a punto de acercarnos de nuevo al centro de la plaza cuando nos avisaron. Le avisaron a Lu, en realidad, que soltó una risa nerviosa alumbrando una mirada alucinada cuando me dijo “se murió Mariano”.

Seguro se entiende cuando digo que de repente la música venía de lejos. La algarabía de un pueblo que resiste siguió su curso alejándose de nosotros, y nos quedamos solos. Retumbaban hacia adentro las consignas que nos convocaban ayer. Más tarde podría imaginarte, amigo, allá en el pueblo, preparando las banderas que ibas a llevar a la plaza. Y cómo empezamos todos a caminar sin imaginarnos siquiera.

Se cae el cielo, sigue nevando. 

Mariano junto a su compañera, Carolina. Foto: Ana Luz Lorda.

Marzo de este año. El momento en el que llego a la mitad de la carrera en el lago, flaqueo. Faltan diez kilómetros, me duele el hombro. Se levanta viento, poco, pero se forman olas cortas que molestan para respirar. Se forma también una corriente que no se ve y que tira para atrás. Cuando miro al costado para tomar aire el paisaje no cambia. Y no cambia, y no cambia. 

dios Sol brilla sin calentar. Hace rato cuando vi que el cielo se cubría pensé que auguraba viento, pero por ahora el agua se mantiene quieta. Solamente se turba con el movimiento de las lanchas que pasan de un lado a otro, tomando sus puestos en la posta de hidratación o supervisando la línea de nadadores que todavía están en carrera.

– Dale que ya vas casi por el kilómetro 16 

Lucio avanza lento en el kayak al lado mío y cada tanto me habla. En realidad estoy justo antes del 14, faltan 7. Llego a la embarcación y pido algo para tomar. Me pregunto de nuevo qué hago acá.

En una de las lanchas va Mariano. Si pudiera estaría en todas las lanchas, y en todos los kayaks, y en el operativo en la playa, y en el muelle en el Desemboque. Si pudiera también estaría nadando al lado de cada uno de nosotros. Está loco. Frenético. Cuando se acercan los días de la carrera se transforma: duerme poco, resuelve mil problemas, habla con cada nadador, cada trabajador, cada funcionario. ¿Cómo hace? Nos asombra, por eso lo seguimos. 

Mucho se habla de la pasión por el deporte, que empuja a una a superarse. La pasión en nuestro amigo funcionó de otra manera, porque la dispuso siempre a los demás.

Vengo bordeando el Currumahuida, y cuando veo la playa de Puelo se me llenan los ojos de lágrimas dentro de las antiparras.

***

– Mariano me contó que compró una pantalla de seis metros para la carrera del año que viene.

– Cómo que de seis metros

La pantalla está en el patio de la casa, arriba de un carrito, bajo techo. 

Hoy el mundo amanece blanco y gris, y la tormenta no amaina. La Ley de Extranjerización de Tierras obtuvo media sanción en el senado, aunque se retiraron algunos artículos por los que se peleó bastante. Sobre todo nos resonaban mucho en la región nuestra: venta de tierras indiscriminada a extranjeros, modificaciones en los usos del suelo después de grandes incendios. Mariano había hablado con el director del documental de Lago Escondido y había ofrecido proyectarlo en la pantalla para la marcha. Acá sabemos que vienen por el agua.

Miro las noticias, miro la medalla de la carrera del lago. Una vez leí un libro sobre alpinismo: “Conquistadores de lo Inútil”. ¿Por qué marchamos ayer? Vos algo sabías, amigo, me parece. ¿Por qué juntarnos a todos los que amamos el agua? Creo que siempre tuviste el valor de no soñar solo. Creo que viviste porque el amor por nuestros lagos no valía de nada si no lo podíamos compartir.

Y quizás alguien pensaría que por qué hacer tanto para algo que, al final, no sirve de nada. No sé si sirva para algo, o si todo tiene que justificarse por servir para algo, pero ojalá hubieran estado todos alguna vez en Lago Puelo algún primer fin de semana de marzo.

Sábado a las seis de la mañana, noche cerrada en la Intendencia del Parque. Esperamos los colectivos que nos llevan al Desemboque con los nadadores de los 10 kilómetros. El viaje es animado, aunque hay muchos todavía algo dormidos, y otros buscando concentrarse. En la playa repasamos los números con fibrón negro en las manos. Mariano corre de un lado a otro organizando el operativo de seguridad. No sabemos bien cómo, largamos a tiempo los tres grupos de nadadores. Serán unos sesenta en total. Vamos otra vez, un año más. Levantamos todo, volvemos velozmente hacia el arrayán, del otro lado del Currumahuida.

Foto: Ana Luz Lorda.

Sábado al mediodía. Imagine a trescientas personas con y sin traje de neopreno haciendo una cuenta regresiva para entrar al agua. Diez, nueve. Algunos llegan corriendo acomodándose el gorro de silicona con su número, que tiene que quedar del lado derecho de la cabeza para que los cronometristas puedan verlo. Ocho, siete, seis. Sonrisas nerviosas en la multitud. Late fuerte el corazón. Los guardavidas esperan dispersos alrededor del trayecto que van a tener que recorrer los nadadores. Cinco, cuatro. Silencio atronador. La mirada fija en el lago revuelto. Tres, dos, uno. Avalancha sobre la orilla, espuma, manos, torpedos naranjas, gorros celestes. La horda se aleja y la playa queda extrañamente sola otra vez. Quedan los familiares y amigos con sus reposeras, tomando mate, observando lentamente.

***

Ayer a la noche nos juntamos y estuvimos acordándonos de que nos conocimos en una de las carreras del lago, y ahora somos como una familia que se reúne de nuevo una vez por año como si el tiempo no hubiera transcurrido. Empezaba a llover con fuerza.

Ahora no nieva violentamente, pero es tan copioso que no se ve casi el paisaje. Casi diría que la nieve se deposita delicadamente en el suelo, y no tiene sentido, porque es demasiado. Pero es cierto. La gente está entre resignada y esperanzada después de la votación en el senado, y pienso que muchos siguen preguntándose por qué, de nuevo, seguimos marchando mientras vemos nuestra tierra más y más cercenada todos los días. No sé si sirve, pero sí hay algo, cuando una está en medio de la multitud, cantando, saltando, avivando consignas. Qué sé yo, esa certeza, como en el lago: no estamos solos. 

Por Camila Pareja

Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

*Mariano Baldasarri era especialmente reconocido en La Comarca Andina y la región toda por organizar la tradicional competencia de nado “Aguas Abiertas” en lago Puelo; pero sobre todo era una persona muy querida por toda la comunidad, con la que se comprometía incansablemente. Esta semana su partida generó una profunda tristeza. Hasta siempre compañero!

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