Orlando Carriqueo, referente del pueblo indígena, viene insistiendo sobre la necesidad que tienen las comunidades mapuche rionegrinas de formarse para constituir un movimiento político y plantear una agenda de gobierno distinta.  

La voz de Orlando Carriqueo es la más conocida del pueblo mapuche en Río Negro. Por años fue werkén (vocero) de la Coordinadora del Parlamento Mapuche Tehuelche de la provincia, la organización representativa que hoy integra como referente en la zona del valle. Siempre está difundiendo notas y actividades. Siempre dando entrevistas. Hace unos días fue invitado por la Confederación Mapuche de Neuquén a una charla en la Universidad del Comahue. Participaron Adolfo Pérez Esquivel, el obispo local, el Centro de Estudios Legales y Sociales. Dijo ahí que era hora de crear un movimiento político indígena.  

Carriqueo tiene 54 años. Vivió la infancia en Los Menucos, Mencué y Valcheta, entre lengua castellana y mapudungun, la de sus abuelos. Una vez un compañero de escuela le dijo “indio pelo duro”, pero su padre, un policía peronista, atenuó su rabia con esta frase: “Vos tenés que estar orgulloso del apellido, porque mucha gente murió para que puedas llevarlo”. Hoy la recuerda como un mojón que marcó su identidad. 

Hizo la secundaria en Fiske Menuco (General Roca), fue presidente del centro de estudiantes de la escuela 16, militó en organizaciones barriales, empezó a estudiar Derecho y abandonó. Por esos años, a fines de los 80, la Legislatura provincial sancionó la Ley 2287, que otorga reconocimiento a las familias mapuche y ofrece un marco legal para su agrupación. Diez años después, Fermina Pichumilla, tía materna, organizó la comunidad urbana Elel Quimun, a la que se sumaron tíos paternos y primos. Ese fue otro mojón que fortaleció su percepción indígena.

A partir de entonces comenzó a participar de los parlamentos mapuche tehuelche y en 2017 lo eligieron werkén.

— ¿Qué características tendría el movimiento político indígena que imaginás?

— La perspectiva indígena es mucho más trascendente que la perspectiva progresista, que tiene algo de paternalismo. Porque el progresismo siempre pone en valor la Argentina por sobre el proceso identitario indígena. Entonces, cuando hay elementos de poder ligados a ese apoyo indígena al progresismo, las que pierden son nuestras comunidades.

— O sea, estás planteando que debería ser autónoma de otros espacios políticos.

— Ya en 2015 el Parlamento Mapuche decidió conformar un partido político. Pero la estrategia era ser una colectora, no crear una herramienta de la discusión de los pueblos indígenas.

Yo tuve la oportunidad de viajar a Guatemala a un encuentro de Abia Yala, básicamente de organizaciones indígenas. Conocí a la Conaie, la Confederación de Organizaciones Indígenas de Ecuador, que disputó la presidencia. Conocí las rondas campesinas de Perú, que tras apoyar al presidente Castillo fue derrocado. Conocí a la gente del CoDeCa, el Comité de Desarrollo Campesino de Guatemala y a Jordán Rodas, el procurador de derechos humanos que vive en el exilio. Conocí la COIA, la Coordinación de las Organizaciones Indígenas de la Amazonía Brasileña, que tiene relación con Lula y críticas también. De esas experiencias concluyo que el proceso progresista no alcanza a cubrir las demandas de una sociedad que en Latinoamérica es mayormente indígena. La sociedad que vive en el Alto de Bariloche es mayormente mapuche, la que vive en las periferias de Fiske o de cualquier otra ciudad es indígena.

Los grandes partidos argentinos no realizaron un proceso de revisión sobre el genocidio. Ni siquiera el peronismo, de base indígena, que le puso fin a su esclavitud con la sanción del estatuto del peón rural en 1943. Esa masa indígena reconoció el liderazgo de Perón, se sumó a la construcción de un país industrializado y a la lucha de clases, pero no a la lucha indígena porque, si bien el peronismo construyó una sociedad más articulada, también obstaculizó la discusión de la identidad argentina.

Entonces, por qué las organizaciones indígenas latinoamericanas se plantean construir una herramienta política de sus demandas. Porque si no lo hacemos nosotros, ¿quién va a hacerlo?

— ¿Cuáles son esas demandas?

— El respeto por la tierra, el cuidado del río, el cuidado de los lagos, echar a Lewis, frenar la minería de oro, volver de las ciudades a los territorios.

— Bariloche se encamina a debatir su carta orgánica. ¿Qué opinás sobre la integración de referentes mapuche en espacios políticos para ser  parte de esa discusión?

— Es necesaria, y debería ser obligatoria, una gran representación mapuche en esa constituyente. Todas las listas, excepto La Libertad Avanza y de derecha, debieran tener representación mapuche. Ojalá se pudiera armar una lista íntegramente indígena en un territorio que nos es propio para defender una carta orgánica que tiene en relación a los pueblos indígenas el reconocimiento más avanzado que pueda tener un municipio. Discutir eso sería un retroceso. Lo que tiene que ver con los pueblos indígenas no debería discutirse. Entonces, creo que como estrategia posible del pueblo mapuche está bien, pero también creo que debiéramos pensar más allá de la carta orgánica.

Cuando llegué del País Vasco, me di cuenta de que si el pueblo mapuche quiere liberarse de la opresión, va a tener que construir una herramienta política en los próximos años. La representación en un espacio político siempre es importante, pero esa no puede ser la idea principal, porque nosotros ahí vamos a estar representando otros intereses que no son los propios. Y vamos a entrar en una contradicción, lo que no significa que, construyendo un espacio de las demandas indígenas no tengamos que entrar en otra contradicción. Pero en este caso sería una contradicción propia, a discutirse dentro, no una contradicción a asumir sin chistar. Nadie va a ofrecernos liderar una lista para la gobernación. A lo sumo, como hacen en Chile, tendremos una representación por escaños reservados. Eso es limitarnos a ser minoría.

Foto Telam : Marcelo Ochoa

Este territorio es parte de la Argentina hace 147 años, pero tiene 13.000 años de ocupación indígena. Si este territorio es un territorio mapuche tehuelche, el Parlamento, el pueblo, las comunidades mapuche tienen que gobernar esta provincia. Con contradicciones, pero con una mirada distinta, en una sociedad y en un mundo atravesados por una crisis climática de alto impacto, por una crisis política, capitalista, social, económica. Si nosotros como organización reivindicamos nuestra pertenencia, nuestro espacio territorial, nuestra preexistencia política, social, económica, cultural, espiritual, tenemos que tener la capacidad de gobernar, porque somos mayoría y vamos a estar en condiciones de construir una agenda distinta. Incluso, quizás, con menos corrupción.

—Hubo dos hechos llamativos en las últimas semanas. Uno fue la diversa movilización social contra el capítulo de extranjerización de la tierra que impulsó el gobierno. El otro fue la gran caravana en defensa de las comunidades Melo y Quintriqueo en Neuquén. ¿Hay algo sedimentando en esas reacciones?

—Tremendo eso. Sí, creo que hay algo sedimentando. La gente ya no se come “los mapuches son delincuentes”, algo que fue construido por Cerimedo (ex asesor del presidente Milei, hoy detenido en Bolivia) y sus granjas de trolls. Nosotros vivimos algo parecido en 2017, con el apoyo a la mesa de diálogo abierta tras el asesinato de Rafael Nahuel y la masificación de las marchas por Santiago Maldonado. Este proceso de acompañamiento de la sociedad es quizás mucho más consciente que en 2017, porque tenemos un gobierno de derecha mucho más violento que Macri y porque hay menos desconocimiento sobre la causa indígena.

Yo le decía a Jorge Nawel, de la Confederación Mapuche de Neuquén, “mirá, Jorge, nosotros la única posibilidad que tenemos de cambiar las cosas es gobernando. Si nosotros no estamos decidimos a gobernar, esto no va a cambiar”. Al menos para las comunidades no va cambiar. Es decir, no hay posibilidad de que este Poder Legislativo impulse cambios a favor nuestro.

Mi papá me dejó una enseñanza: él siempre participaba en las comisiones de padres, en la cooperadora de la escuela, en la comisión de bomberos. Yo he convencido a muchos jóvenes de que si queremos cambiar una organización tenemos que estar adentro. Desde afuera vamos a tirar piedras. Y si queremos enfrentar camiones vamos a arriesgar nuestro cuerpo. Pero si tenemos la capacidad de construir un movimiento político y social tenemos la posibilidad de gobernar.

Creo que las condiciones están dadas solo para que algunos puedan asumir algún rol de representación dentro de otros espacios. ¿Eso hoy es posible? Sí, es posible. ¿Es necesario? Sí, creo que es necesario. ¿Va a cambiar las cosas? No tanto. Porque al peronismo lo dirigen las élites. Y a la izquierda también. Por eso lo que hay que construir es un movimiento propio, que hable del genocidio, que se forme para defender a una comunidad, ejercer los derechos que reconocen nuestra preexistencia y saber cómo funciona el Estado.

— ¿Qué podría plantear un nuevo movimiento indígena?

Una nueva redistribución territorial, que es lo más importante. No sólo para los pueblos indígenas, sino para todos los argentinos.La Constitución de 1853 hablaba de “proveer a la seguridad de las fronteras; conservar el trato pacífico con los indios”.  Si al Estado se le pasó todo eso (para ocupar, tomar posesión, distribuir, oprimir y despojar a las familias mapuche, como continúa haciendo hoy) implica que hay que redistribuir. Luego discutir qué vamos a hacer con el puerto de San Antonio, por donde sale la producción. Quién pagará la contaminación con agroquímicos de empresas como Expofrut, que antes eran unidades productivas en manos de familias mayormente inmigrantes. Habrá que frenar la minería de oro. Habrá que generar incentivos para el regreso a los territorios. Habrá que controlar Vaca Muerta: porque estamos más preocupados por construir un caño que lleve petróleo y gas para el bienestar de Europa, que por los efectos de la contaminación del río Negro y Neuquén.

Por Pablo Bassi

Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

¿Te gusto la nota? Compartiendola nos ayudas a disputar sentido y difundir otras voces.