Ariel Martorello se dedica a fabricar presas de escalada artesanales. Son piezas de resina que se utilizan para palestras, competencias y muros de escalada particulares, pero también son el insumo básico de la escalada de boulder, una disciplina que ha crecido en todo el mundo en las últimas décadas y que por primera vez fue incluida en los Juegos Olímpicos de Tokio del 2021.

Hace más de veinte años que Martorello dedica su vida a la escalada. Es guía de montaña, entrenador de escaladores y aperturista de vías, tanto en la roca como en escalada puertas adentro, pero sobre todo es un artesano de la resina, el principal material que se utiliza para fabricar las presas que llenan las paredes de toda palestra. Se trata de piezas de agarre o apoyo que se instalan en las paredes para crear secuencias de movimientos que van de una a otra presa, con un principio y un final establecido. La escalada de boulder puertas adentro es un deporte en sí mismo o bien un entrenamiento para salir a la roca, ya sea en escalada deportiva -en sectores establecidos- o clásica -en sectores de alta montaña-. 

Las presas artesanales son piezas únicas, que llevan un proceso de producción lento y en etapas, y que requieren no sólo precisión en los detalles y en la manipulación de los insumos, sino también una gran creatividad al momento de darles forma, textura y color. “A mi me gusta la parte creativa, ponerse a tallar la toma, los detalles. Hay un momento del proceso que puede durar días, hasta llegar al molde y la toma que querés. Para mi, cada modelo es como una obra de arte”, señala Ariel. Detrás, el muro ubicado junto a su casa muestra decenas de piezas fabricadas por él mismo: azules y verdes, amarillos que se transforman en blanco, rojos violáceos.

Lo que más me gusta es jugar con los colores. Ahora se usan mucho las tomas netas, para marcar rutas por color, pero yo también hago tomas veteadas. Cuando mezclo colores sé que se van a formar tonalidades dentro del molde pero no sé cómo se va a ver. Cuando desmoldo, descubro qué pasó con esa mezcla. Es una sorpresa cuando me encuentro con lo que se formó”, señala Ariel y admite que “a veces salen unos colores que dan ganas de poner la toma en una repisa, como decoración”. De hecho, hace unos años le llegó un encargo muy diferente: le pidieron que hiciera, con la misma resina, los centros de mesa para un casamiento. 

En su taller, Ariel trabaja solo. Pasaron más de treinta años desde que fabricó una toma por primera vez, y casi la misma cantidad de tiempo desde que se inició en la escalada. “Todo empezó porque fui a Frey y vi gente escalando, y desde entonces volví, hice un curso y arranqué. Al otro año ya estaba escalando en esas mismas rocas de Frey, fue todo bastante rápido”, relata Martorello. El refugio Emilio Frey, ubicado en el cerro Catedral, a 1700 metros sobre el nivel del mar, está rodeado por formaciones de roca de granito. Desde la década del 40’ escaladores de todo el mundo llegan allí para subir las distintas rutas o abrir nuevas vías en la infinidad de agujas que tiene el valle. 

Cuando visitó el Frey por primera vez, Ariel tenía 16 años, y la escalada no era un deporte tan popular como ahora en Argentina. Sin embargo, ya existían algunas palestras en la Ciudad de Buenos Aires, donde él vivía entonces: “Empecé en un lugar que ya no existe más, en la calle Independencia y San José, que se llamaba Verde Vida, y también iba a la palestra del Cenard, donde había escalada con cuerda y se entrenaba para ir a Chaltén”. Su vida empezó a girar alrededor de la escalada: consiguió trabajo en un muro y siempre que podía, viajaba para escalar en roca. También se anotó en la universidad para estudiar el profesorado de educación física.

En seguida, a través de amigos que alguna vez habían fabricado presas, quiso aprender. “Empecé rústicamente, me gustaba mucho el tema de diseñar las presas, me fanatizaba. Iba al lugar donde compraba resina y el vendedor, que la tenía clarísima, me iba dando información de a poco, me explicaba cómo manejar los materiales, la resina y el caucho. Convertí mi departamento en un laboratorio, controlando la humedad, la temperatura, los distintos factores al momento de manipular los materiales”, cuenta Ariel, que fabricaba las piezas para él mismo, para ponerlas en su departamento o llevarlas al muro en el que trabajaba. “Varios amigos me decían que estaban buenas y me pidieron que se las vendiera. Cuando me empezaron a decir así me entusiasmé y empecé a generar más modelos, tomas más grandes, y así empezó todo”. 

Un laboratorio artesanal

Para hacer una presa de escalada hace falta poliuretano, caucho y resina. También pigmentos y cuarzo molido, o carbonato de calcio, que le dan resistencia a la mezcla. Pero sobre todo, hace falta una idea, una inspiración, y animarse a jugar con las formas y las texturas. 

Primero hago un bloque de poliuretano, sobre eso tallo la forma y hago la presa en ese material. Después se hace el molde de caucho y a partir de ese molde, las copias de la pieza en resina. Como el molde se desgasta, en un momento tenés que hacer otro, y crear una toma nueva”, explica Martorello y cuenta que las primeras piezas las hizo en una pequeña habitación que tenía en la casa de su papá: “Había un olor a resina terrible, y yo no usaba protección ni nada. Con el tiempo me fui perfeccionando, entendí que era importante usar máscara y que no podía estar muchas horas expuesto al material”. La exposición frecuente a la resina líquida puede generar problemas en la piel, en los ojos, y en especial problemas respiratorios. Por eso, ahora se toma descansos entre tanda y tanda de fabricación y no pasa más de dos horas por día en el taller. 

Al principio me inspiraba en catálogos de otros fabricantes, pero enseguida empecé a generar un estilo propio y a hacer lo que se me ocurría en el momento. También me inspiraba en formas que veía en la piedra. Sobre todo en las texturas. Un día haces un set de formas triangulares, o bolitas, o romos, cada una sirve para los distintos tipos de escalada”, explicó Ariel. 

De CABA a Bariloche, con la misma pasión

En 2006, después de fabricar presas durante varios años primero en su departamento y después dentro del muro de escalada que abrió junto a un colega en Buenos Aires, Ariel se mudó a Bariloche y fundó la primera palestra comercial que tuvo la ciudad. Ubicado en el centro, El Maquinódromo funcionó como espacio de entrenamiento y clases de escalada hasta el 2020, cuando cerró para mudarse, años más tarde, al kilómetro 13, en el mismo predio donde Ariel tiene su casa y su taller. 

No había palestras en ese momento, solo algunos muros chicos que se armaban los más fanáticos, en sus casas. También había menos escaladores, y menos vías equipadas en escalada deportiva. Teníamos la idea de traer a Bariloche lo que había en Capital, tener un lugar donde entrenar antes de ir a la roca”, recuerda Martorello y señala que “antes era todo muy minimalista, muy de nicho. Hoy hay más gente que va al muro, más muros y más gente que compra tomas. Es lo que está pasando en todo el mundo. Está bueno a nivel trabajo pero también tiene algunas consecuencias en cuanto al impacto que dejamos en los sectores de escalada: el magnesio, la basura, el deterioro de los pies de vía. Hay que pensar cómo gestionarlo para que la escalada sea sustentable y las generaciones futuras puedan disfrutar de lo mismo que disfrutamos nosotros”. 

Rodeado de piezas fabricadas en su propio taller, Ariel se acomoda en uno de los cajones que hacen de bancos dentro del muro. Todavía se siente el ambiente cálido que quedó de la última clase, a pesar del frío característico de las mañanas barilochenses de otoño. Su calma es la de quien se encuentra en el lugar donde quisiera estar. Y si bien fabricar presas es uno de sus oficios, su compromiso por la escalada en sí sigue intacto: “Escalar fue siempre mi pasión, creo que me generé trabajo a través de la escalada para estar cerca de lo que me gusta hacer”. 

Por Lorena Bermejo

Fotos: Pablo Candamil

Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

¿Te gusto la nota? Compartiendola nos ayudas a disputar sentido y difundir otras voces.