Quise ser un pibe de los astilleros. Deseé las piernas más bonitas y soñé con viajar de polizón en un barco. Entendí que siempre se elige un lado de la mecha para vivir. Que el lujo es vulgaridad y que el acento del barrio es imposible de impostar. Pero por sobre todas las cosas que los Marines jamás te dejarán pertenecer al cielo que soñamos.

!Gracias Indio! ¡Hasta siempre!

1991. Otros tiempos. Estaba en segundo año del industrial en Haedo, borde Morón, borde Luzuriaga. El Sarmiento formaba parte de mi vida junto al 242 x Larrea, que religiosamente me tomaba todas las mañanas a las 7:05 en el quiosco de Abel. Había quedado con el mejor amigo de aquellos años en ir a ver a Los Redondos a Obras. Eran tiempos sin celular, donde las entradas había que buscarlas en la lejana Capital, de forma presencial y anticipada.

Habíamos quedado esa misma mañana en el recreo de la escuela. Facundo vendría en el tren desde Haedo y yo subiría en Ramos en el furgón, al final de la estación. Al horario convenido yo esperaba apretando fuerte la plata de la entrada en el puño y contando los segundos que el tren tardaba en llegar a la estación desde que aparecía cortando las vías del oeste. El plan era sencillo, ir directo a Once, caminar hasta conseguir las 2 entradas y pegar la vuelta al suburbano.

Pasaron dos, tres, cuatro, cinco trenes y mi amigo nunca apareció.

Maldiciendo mi suerte me bajé del andén masticando bronca y a metros de la estación, con la plata de la entrada que seguía en mi mano me compré el vinilo de “La mosca y la sopa” para calmar la frustración que sentía. Quedé atrapado como en loop. No pude dejar de escuchar ese disco durante meses y sin saberlo se forjaría algo nuevo en mí que no podría explicar.

Quise ser un pibe de los astilleros. Deseé las piernas más bonitas y soñé con viajar de polizón en un barco. Entendí que siempre se elige un lado de la mecha para vivir. Que el lujo es vulgaridad y que el acento del barrio es imposible de impostar. Pero por sobre todas las cosas que los Marines jamás te dejarán pertenecer al cielo que soñamos.

Sin desearlo, mi amigo me había ahorrado estar la triste noche en que la policía asesinó a Walter Bulacio durante una razzia en la puerta de Obras. Un pibe dos años más grande que yo, pero de los barrios que nacen al otro lado de la Ciudad Evita.

Los Redondos dejarían de tocar un tiempo después de la muerte de Walter y mis ganas de ritualizarme colectivamente tendrían que esperar algunos años hasta la presentación de Lobo Suelto, Cordero Atado en Huracán. Pero esa, es otra historia.

Con ese furgón que llegó vacío aprendí que los amigos no son incondicionales ni duran para siempre. Con el asesinato de Walter comprendí la época que me tocaba habitar y el riesgo de vivir en la Argentina post dictadura. Comenzaba a abandonar la inocencia y la alegría ingenua que arrastraba (mos) desde el Mundial del 86, la gloria del Diego y la corta primavera alfonsinista. Había un cambio de época, comenzaba el ensayo general para la farsa. Pero por suerte estaba el rock, la poesía y Patricio Rey para guiarnos en esos años desangelados que recién arrancaban.

Los Redondos son la banda de sonido de varias generaciones de argentinos. Su filosofía barrial y sencilla te ayudan a comprender como habitar esta tierra si naciste en un barrio. El indio es parte de nuestro sentir, de nuestras vidas. La música que sí o sí, le hacés escuchar a tus hijos. Una filosofía ricotera de vivir la vida intentando ser feliz con poco.

Por tanta música y tanta poesía ahora te lloramos en soledad y te despedimos colectivamente con miles de rituales y berretines. Después de todo tus canciones se quedarán acá con nosotros y vos ya vas partiendo hacia ese cielo al que nosotros no pertenecemos.

Llega la hora de darte las gracias. De poner tu estampita en nuestro templo. De que allá, cerca de las estrellas los satélites escupan mil rocanroles y hagan más placenteros los días (y las noches) de todos nuestros héroes de este gran lío llamado Argentina.

Gracias Indio!

Por Alejandro Palmas

Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

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