Los integrantes del colectivo de Biodiversidad y Producción y de la Red de huertas Bariloche, que desde hace varios años promueve la co-construcción de conocimiento entre productores hortícolas, estudiantes, becarixs, técnicxs, docentes e investigadorxs, narran los avances de las distintas líneas de investigación y la experiencia en el territorio, que permite continuar el vínculo para coordinar el intercambio de semillas, plantines y actividades conjuntas.

A la hora de comenzar una construcción en un baldío con bosque nativo, es común escuchar la expresión “hay que limpiar el terreno”, aún en personas que dan importancia al ambiente. La mirada y percepción que tenemos de nuestro entorno social y ambiental, y las colaboraciones y sinergias que establecemos con él se ven reflejadas en las expresiones que utilizamos. Por lo cual, estas formas de expresarnos pueden ser una herramienta poderosa para integrar un lenguaje común entre quienes queremos construir colectivamente el conocimiento sobre la producción de hortalizas, frutos y productos de granja en la ciudad y en la región.

Desde principios de este año, profundizamos líneas de investigación centradas en cómo los productores hortícolas de Bariloche perciben las relaciones entre sus plantaciones, el suelo y el agua, así como las interacciones y colaboraciones cotidianas que establecen con el entorno natural y con otras personas. Con ello damos continuidad al trabajo colectivo de Biodiversidad y Producción y de la Red de huertas Bariloche, que desde hace varios años promueve la co-construcción de conocimiento entre productores hortícolas, estudiantes, becarixs, técnicxs, docentes e investigadorxs de la UNRN, IRNAD (UNRN-CONICET), INIBIOMA (UNCo-CONICET) y AER-INTA Bariloche.

A través de talleres y encuentros en territorio, buscamos fortalecer procesos de co-innovación y co-manejo adaptativo de los espacios productivos. Sin embargo, en este camino, el léxico técnico muchas veces opaca las impresiones más bellas y profundas del quehacer cotidiano: en esos espacios donde producimos comida, compartimos semillas y momentos, nos contamos las faltas y las penas, también surgen la solidaridad y pequeñas grandes soluciones. En algunos, la huerta no es más que la forma de vida, en otros la única alternativa para acceder a alimentos sanos. Por ello, nos interesa conocer y contar lo que piensan, sienten, perciben y sabe la gente que pone las manos en la tierra, lo cual también nos incluye.

Cosechando amistades

En la huerta intercultural Puwen, -territorio de la comunidad Ranquehue en Barrio los Coihues-, la cosecha de ajos es mucho más que una tarea productiva: es un momento de encuentro, de transmisión de saberes y de vínculo con la tierra.

Guiada por los tiempos del calendario biodinámico, la actividad reúne gestos concretos -levantar los bulbos, dejarlos secar al sol, seleccionar semillas para el próximo ciclo y compartir la producción para su consumo- como una forma comunitaria de habitar y cuidar el territorio. Estos días donde nos volvemos a reunir a compartir el trabajo y el alimento nos siguen permitiendo regar las raíces de una red solidaria entre productores, la universidad y ciencia públicas. Con la cosecha de ajos, se abrió un espacio para presentar la nueva línea de trabajo para cosechar también percepciones y formas de decir: imágenes que permiten comprendernos mejor entre quienes investigan y quienes sostienen cotidianamente estos espacios comunitarios y familiares donde se ponen las manos en la tierra, que tienen el trasfondo de los valores, la historia y la formación de las personas y su relación con su entorno social y ambiental.

A partir de dicha actividad se gestó un audiovisual “Cosechar ajos, sembrar vínculos”, con la realización y edición por parte de María Manzanares, integrante de Puwen y del Centro de Producción de Contenidos Audiovisuales de la UNRN,  y aportes de los integrantes del proyecto. (Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=Z33RDNdKah8): Todo comenzó con un día que nos juntamos a sembrar ajos. A partir de compartir el espacio, el trabajo y el territorio (sembrando ajos), el espacio nace con un montón de amigos que fuimos invitando. Por eso esto es el origen, una semilla (de amistad).

Cosecha de percepciones sobre el agua y el suelo

Esta línea de trabajo implica colaboración con Abigail Fallot, investigadora del Centro de cooperación internacional en investigación agronómica para el desarrollo (CIRAD) y la pasante Alice Villanueva de la Universidad de Toulouse (Francia). En este marco entrevistamos a productores y compartimos jornadas de trabajo. En el proceso logramos construir un calendario de variables climáticas (heladas, lluvias, nieve, temperaturas máximas y mínimas, viento), junto con las tareas y eventos que se suceden a lo largo del año en las huertas y sus entornos, involucrando dimensiones productivas, ambientales y humanas.

Entre febrero y abril del 2026 entrevistamos a productores hortícolas de distintos barrios: Los Coihues, Las Victorias, Nahuel Hue, Frutillar, Reina Mora, Villa Jamaica, Lago Moreno, Melipal, San Ignacio del Cerro, Dina Huapi, entre otros. Buscábamos responder tanto a los objetivos de investigación, como también abrir un espacio de reconexión e intercambio con los productores. Estos encuentros nos permitieron profundizar en aspectos de su vida cotidiana y socioeconómica, de sus prácticas productivas y de las políticas públicas asociadas, compartir avances de las distintas líneas de investigación y continuar el vínculo para coordinar el intercambio de semillas, plantines y actividades conjuntas.

Sembrando comunidad

En la huerta comunitaria Las Victorias también co-organizamos diversas jornadas de trabajo y aprendizaje conjunto con los anfitriones y productores de la Red de huertas Bariloche y público en general. Hemos compartido jornadas de cosecha y manejo del suelo biointensivo de esta huerta, el almuerzo, los mates, reflexiones y miradas sobre el manejo del suelo y los beneficios de la biodiversidad en las huertas urbanas y periurbanas, y el sostenimiento de los espacios colectivos. Esta huerta comunitaria es, según su mirada expresada en la entrevista, un espacio de amigos que se conectan de esa manera entre ellos y la naturaleza que los rodea.

La persona que viene a la huerta, viene como la invitada de alguien de la huerta. Yo me tengo que hacer cargo de darte instrucción de qué podés hacer, qué no … Esos primeros días que vas viniendo, mientras vas conociendo el grupo y ves cómo es la dinámica, alguien de alguna manera te apadrina…  Se empiezan a generar lazos de confianza, de empatía, de idiosincrasia, porque también hay una línea ideológica detrás … un libertario no entraría a esta huerta, por decirte, porque todos venimos de otro lado … El suelo es como un cuerpo y el agua como las emociones (N.R.). La huerta comunitaria también https://www.instagram.com/reels/DSGOZCAEtEF/.

Nutrirse entre todos

En el mes de julio organizamos en la UNRN el taller Solidaridades múltiples y cuidado en huertas de Bariloche. Fue una forma de cierre con los productores de esta etapa de investigación participativa llevada a cabo en la pasantía de Alice. El fin era divulgar y enriquecer los resultados del estudio e identificar vías para seguir, compartiendo materiales elaborados durante la investigación, y charlando sobre percepciones, interdependencias con el ambiente y solidaridades humanas.

El taller se desarrolló en tres momentos: una primera parte dedicada al calendario anual de las huertas, una segunda centrada en las metáforas o formas de decir o explicar las percepciones e interdependencias con el entorno y una tercera sobre las solidaridades humanas y sociales. El calendario consensuado entre las distintas huertas fue valorado como una herramienta didáctica y también de recordatorio para el trabajo cotidiano.

De las metáforas que fuimos cosechando se destacaron las conexiones entre las huertas y la naturaleza que las rodea. Por un lado, el suelo aparece como un ser vivo, un cuerpo, un hogar o un organismo que necesita alimento, protección y cuidado. Es un elemento central que interactúa con el agua, las plantas, los animales, el clima y las prácticas de manejo. Las hojas secas y el rastrojo son como mantas, sábanas o coberturas que protegen el suelo, conservan la humedad, sostienen la vida de los microorganismos y evitan que el viento se lleve lo más fértil.

El suelo aparece como una esponja, un filtro o un reservorio, destacando su papel en el almacenamiento y la circulación del agua, dentro de un ciclo mucho más amplio que el de una sola huerta. El agua que se infiltra puede, por ejemplo, alimentar las napas y beneficiar a tierras aguas abajo. La nieve, presentada como una manta que protege el suelo del frío y de las heladas, también es percibida como una reserva de agua para los meses siguientes. La cantidad de nieve y lluvia durante el invierno influye en la disponibilidad de agua durante el verano y, por lo tanto, en el crecimiento y la calidad de los frutos. El agua aparece como un elemento esencial: cuando falta, todo el resto se ve afectado. Es el vínculo con las plantas, las despierta, transporta los nutrientes y permite que este organismo funcione. Por eso fue caracterizada como una fuente de vida y también cómo las emociones que circulan y mueven el cuerpo.

Surgió una discusión sobre el poder de las palabras y sobre la forma en que ciertas expresiones cotidianas orientan nuestra manera de pensar y de actuar en relación con la tierra. Las metáforas no son solamente “formas poéticas de hablar”, sino también herramientas que revelan tensiones, desacuerdos y formas de conocimiento. Cuando se usa una metáfora, “hay aspectos del concepto original que ponemos en valor y aspectos que decidimos olvidarnos” de forma consciente o no.

Una de las discusiones más ricas giró en torno a la tensión entre cultivar y cuidar. Algunas personas expresaron que hacer huerta implica necesariamente intervenir, ordenar o incluso “disciplinar” ciertos procesos naturales. “Si bien la huerta es meter manos en la tierra, es también disciplinar algo que la naturaleza claramente no lo tiene diseñado así”. Surgió entonces la pregunta sobre: “hasta dónde puedo controlar”. Se propuso pensar la producción de alimentos desde una actitud de mayor cuidado: “me interesa hacer huerta pisando livianamente la tierra”. Más que oponer producción y cuidado, es pensar la huerta como un mosaico de usos en distintos momentos.

Al analizar las solidaridades humanas y sociales que sostienen las huertas, se destacaron las dimensiones afectiva, terapéutica y cultural de las huertas: recuerdos de infancia, de los saberes transmitidos y el trabajo compartido con madres, padres, abuelas, vecinos y referentes huerteros, y la importancia de que niñas, niños y jóvenes tengan contacto con la tierra. “Un espacio de crianza donde se comparten valores y conocimiento” y donde se sostienen ayudas entre todos. “Si le sumamos la biodiversidad humana se potencia todo” N.R. Una participante dijo que su huerta era “el lugar más querido” de su vida, no solamente por lo que ella hacía allí, sino por “todo eso que aprendí” de otras personas.

Se destacó el papel de las instituciones y del Estado, la importancia que tuvo el ProHuerta del INTA y el acompañamiento de pequeños productores, huertas familiares y proyectos comunitarios. Hubo críticas fuertes a la falta de continuidad de las políticas públicas y la “falta de solidaridad del gobierno con el pueblo” GdH. Hubo consenso sobre la necesidad de no retomar a futuro ayudas asistenciales, sino de pensar “espacios de producción” saludables y sostenibles, construyendo políticas públicas que ayuden a lograr la autonomía, y “no que nos lleven a upa”.

Hacia el final del encuentro, hubo reflexiones sobre la tierra, la producción de alimentos, la vida urbana, la pérdida de saberes rurales y la necesidad de sostener espacios colectivos de encuentro. Una intervención resumió el diálogo diciendo: “no estamos hablando de huerta solamente”, sino también de “solidaridad, de construcción social distinta, de construcción humana distinta, de construcción política”. Las huertas no son solamente cultivar alimento, son también nutrir el espíritu, cultivando la ternura en nosotros. Sembrar vínculos, cultivar comunidad.

Entonces nos volvemos a cuestionar nuestro rol en el Estado, en la universidad pública. Al final,¿qué es “investigar huertas urbanas y periurbanas”? Podemos quizás solo enumerar datos técnicos.

 Pero ¿qué es “dialogar”? “intercambiar opiniones y saberes”, “participar”, estar…. estar es buscar otros lenguajes, porque a veces nuestros informes, proyectos y artículos científicos no agotan la experiencia. No siempre hablan de la gente, no siempre hablan con la gente. Creemos que investigar también es saber detenerse, saber dónde detenerse, escuchar, compartir y aprender. A fin de cuentas, es tratar de nutrirse de las cosas que le dan sentido a la vida.

Por Alice Villanueva, Manuel de Paz, Abigail Fallot, Paula Ocariz, Emilia Giustiniani, Denise Mattioli, Agustina Zaratiegui, Antú Loitile y Camila Pareja.

Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen


¿Te gusto la nota? Compartiendola nos ayudas a disputar sentido y difundir otras voces.