Bajo esta consigna, organizaciones, personas con discapacidad, familias, vecinos y vecinas discuten la construcción colectiva de una propuesta con perspectiva de derechos para la nueva Carta Orgánica Municipal. ¿Por qué es una oportunidad histórica? ¿Dónde encuentra refugio uno de los sectores más postergados de la sociedad?

“Somos invisibles, no existimos. Hay maltrato a las personas con discapacidad en las oficinas públicas, también en el transporte público. Lo que queremos es que nos reconozcan como personas con discapacidad. Hay abusos. No tenemos acceso a nada, ni transporte ni vivienda. Padecemos la demora en los trámites, la dificultad de acceso al trabajo. Las organizaciones, a diferencia del Estado, luchan y nos acompañan para cambiar la situación”.
Quienes hablan sienten angustia, miedo y preocupación. Aunque no pierden la esperanza. Porque su voz, esencial para visibilizar las realidades socioeconómicas crudas que les atraviesan, es la voz de tantísimos seres humanos olvidados que se manifiestan desde los márgenes.
Son personas con distintas discapacidades que integran el Consejo Local Consultivo para las Personas con Discapacidad (CLCPPCD). El Consejo, un organismo creado por Ordenanza, es un espacio fundamental de articulación con el Municipio de Bariloche para que las organizaciones de la sociedad civil, familiares, trabajadores, profesionales del área, sindicatos y vecinas/os dedicados a la promoción y defensa de derechos, lleven la voz de las personas con discapacidad a las políticas públicas.

En abril de este año el Consejo Consultivo impulsó una convocatoria pública y abierta para invitar a la ciudadanía a participar activamente en la construcción colectiva de propuestas para la próxima reforma de la Carta Orgánica Municipal: es menester que la ley más importante de la ciudad no sea excluyente, y refleje los derechos de las personas con discapacidad de manera clara y transversal. Cabe destacar que el 1 de noviembre habrá votaciones para elegir a los convencionales que escribirán la nueva Carta Orgánica. La última reforma data del año 2006. Sin dudas, estamos ante un suceso sin precedentes en Bariloche.
“Esta iniciativa surge como respuesta urgente ante las profundas barreras de acceso que cotidianamente consolidan a Bariloche como una ciudad excluyente. El transporte público inaccesible, las veredas deterioradas o sin rampas, y la falta de accesibilidad en las oficinas públicas son sólo algunos de los innumerables obstáculos que restringen la vida diaria y limitan la participación ciudadana activa de las personas con discapacidad”, denuncian.
El Consejo Local Consultivo para las Personas con Discapacidad se reúne los segundos y cuartos martes de cada mes, de 15 a 16 horas, en la Sala de Sesiones del Concejo Deliberante (Centro Cívico). “Esta propuesta participativa no solo se consolida como un ejercicio democrático indispensable, sino como un espacio de lucha, resistencia y protagonismo político”, explican.
Entre los principales desafíos de este proceso, las organizaciones destacan el hecho de “garantizar una dinámica accesible de participación y debate”, es decir, “lograr que la ciudadanía, y en particular el colectivo de personas con discapacidad, pueda expresarse de forma plena y horizontal para construir una propuesta de consulta obligatoria destinada a las y los convencionales constituyentes encargados de reformar la Carta Orgánica”.
Además, persiguen la idea de “incorporar de manera transversal el enfoque de derechos de las personas con discapacidad y el diseño de accesibilidad universal en la nueva ley suprema de Bariloche”. Y sostienen el anhelo de “que Bariloche deje de ser padecida cotidianamente como una ciudad excluyente debido a sus barreras físicas y comunicacionales, transformándose de raíz en una ciudad con un diseño e institucionalidad no excluyente”.
“El colectivo de personas con discapacidad encarna en este momento histórico para Bariloche, el camino señalado por la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, marco que en nuestro país cuenta con jerarquía constitucional. Estos marcos jurídicos ordenan “Nada sobre nosotros sin nosotros”. ¿Qué significa esto jurídicamente? La obligación del Estado de consultar al colectivo sobre toda legislación que lo afecte”, manifiestan.
Construir un nuevo paradigma
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en América Latina y el Caribe se estima que el 12% de la población –aproximadamente 66 millones de personas- vive con alguna discapacidad. Asimismo, las personas con discapacidad tienen entre 2 y 4 veces más probabilidades de fallecer en situaciones de desastre o emergencias que aquellas sin discapacidad. Las personas con discapacidad suelen tener menos acceso a servicios de salud, lo que genera necesidades insatisfechas y desigualdades significativas. Presentan peores resultados en salud y educación, menor participación económica y mayores niveles de pobreza, en parte debido a barreras que restringen su acceso a atención médica, educación, empleo, transporte e información, situación que se intensifica en los sectores de mayor vulnerabilidad.
En Argentina actualmente la realidad de la política pública en torno a la discapacidad, es alarmante. Mientras en todo territorio nacional rige un proyecto de ley que declara la “Emergencia en Discapacidad” -hasta el 31 de diciembre de 2027 inclusive-, vivimos un contexto atravesado por medidas de ajuste que han tenido un impacto directo en el acceso a derechos básicos por parte de las personas con discapacidad. La reducción del presupuesto impacta sobre los prestadores de salud y educación, y los procedimientos de auditoría aplicados a las pensiones por invalidez generan más exclusión y discriminación.

“El Gobierno trabaja particularmente en instalar una subjetividad en contra de las personas con discapacidad. Si vos le entregas una pensión a alguien, es tu deber como Estado ver por qué lo hiciste. No es deber de la persona decirte si es o no digna, si merece tener esa pensión. La sociedad como la construimos todos los días no está pensada ni para las infancias, ni para los mayores ni para las personas con discapacidad. Esto lo vamos a pagar en el futuro”, dice Luis Suero, de CreArte, un colectivo que trabaja con personas con discapacidad intelectual, a través del arte y la cultura como grandes puentes.
A las personas con discapacidad cada vez les cuesta más el acceso a la salud, a los medicamentos, a las terapias, como así también la posibilidad de conseguir simplemente un turno o hacerse un estudio. Entre tanto individualismo y sálvese quien pueda, son las organizaciones, desde abajo, desde los márgenes, quienes doblegan su esfuerzo y compromiso, quienes incentivan la exploración y fortalecen el espíritu colectivo para construir un nuevo paradigma.

Un refugio para los excluidos
“La discapacidad no es una característica inherente de la persona, son las condiciones sociales las que generan que esa persona no pueda acceder de la misma manera a sus derechos que el resto de las personas. Hay una responsabilidad de una sociedad que excluye”, afirma Gabriela Otero, quien es referenta y directora del Grupo de Teatro El Brote y además participa activamente del Consejo Local Consultivo para las Personas con Discapacidad.
El Brote es otro de los espacios imprescindibles que trabaja en Bariloche con poblaciones con realidades socioeconómicas vulnerables. Está dirigido a personas que atraviesan un proceso de recuperación en salud mental, y a toda la comunidad en su conjunto, bajo una metodología inclusiva y con una lógica comunitaria. El proceso de aprendizaje parte de lo que la persona trae y tiene, y no de lo que le falta.
“Somos un referente de un tipo de arte comprometido socialmente, un arte que es estético, pero también ético, un posicionamiento político que tiene que ver con la transformación social y personal y con una perspectiva de derechos. Y en este sentido nos importa trabajar siempre en vinculación con otras organizaciones y con instituciones públicas en función de seguir tejiendo trama de comunidad, que tiene que ver con la inclusión y con el acceso a los derechos elementales y entre ellos el derecho a la cultura y al ejercicio del pensamiento crítico. El teatro es el espejo de los sueños, la dimensión más profunda de lo humano. Apostamos por una utopía, la de hacer de lo roto en las historias personales y sociales, hacer un acto de creación”, revela Otero.

Hay familias muy presentes, otras ausentes y otras inexistentes, personas que están solas. Carencia de vínculos significativos o vínculos que son disfuncionales o abusivos. Situaciones de pobreza. En casi 30 años de existencia el Brote se ha convertido en “un refugio” para los excluidos de siempre, frente a la cotidianeidad tan dura y dolorosa.
“La salud mental no es un problema de locos, es un problema de todos. Nuestra sociedad padece las políticas crueles que se ejercen sobre el conjunto mayoritario de la población. Ese sufrimiento cotidiano por la falta de trabajo o por llegar a fin de mes, el estrés cotidiano, la presión que genera no garantizar condiciones mínimas de calidad de vida, la vulneración a grandes sectores de la población como jubilados, jubiladas, personas con discapacidad. Todo eso tiene un costo para nuestra salud mental”, reconoce Gabriela.
Compartimos el testimonio de una actriz para tomar dimensión del rol vital que ocupa El Brote y el arte en las personas: “El teatro me cambió la vida. Mirar el pasado es una película de terror, y yo sin encontrar esa puerta. Había perdido la sonrisa, el brillo de los ojos, no tenía horizontes. Hoy recuperé todo aquello que me faltaba y fundamentalmente tengo ganas de vivir. Gracias”.
“El ejercicio de este oficio transforma un lugar pasivo de pacientes de salud mental en uno activo de actores productores de un discurso artístico cuya potencia radica en que se nutre de las singularidades y las conjuga en una identidad grupal. Esto es muy interesante porque el grupo se convierte también en una pequeña sociedad, una pequeña célula de la comunidad donde se pueden establecer acuerdos, donde los vínculos son bajo modos éticos de relación en torno a la tarea que llevamos adelante de forma conjunta”, explica Otero.
Sobran argumentos para traspasar umbrales, puertas cerradas y fronteras. Para apostar por condiciones de existencia dignas. Para exigir políticas públicas que acompañen una transformación verdadera, sin imaginarios sociales y culturales, sin estigmatización, sin prejuicios ni tabúes. Hablamos de la evolución conceptual de la discapacidad hacia un enfoque social y de derechos humanos.
Otero: “Vemos muros sociales invisibles todos los días, muros de exclusión social, cultural, económica. Entonces esos muros son responsabilidades sociales. Me motiva el latido de lo humano, el no aceptar convertirse en una cosa insignificante, que es el lugar que parece darnos el poder global y el poder local en nuestro país en estos tiempos a los seres humanos; el de una mercancía, una cosa de la cual se prescinde o se desecha”. Y sentencia: “En el caso de los pobres, los locos, las personas con discapacidad, los viejos, me motiva saber que el tipo de arte con el que me comprometo y ejerzo cotidianamente puede transformar, transformarnos, transformarme”.
Por Lautaro Romero
Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

