En territorio mapuche enraiza Villa Travesti, una comunidad donde crecen identidades y formas de vivir y resistir anticapitalistas, disidentes y fuera de toda norma.

Villa Travesti, ubicada en el Paraje Las Golondrinas, Lago Puelo, es una realidad travesti-trans que lleva años construyéndose. No sé trata del paraíso queer idílico que muches soñamos, pero puede que esté cerca, o vaya en esa dirección.

En momentos donde los ataques de odio se exacerban contra lo distinto, donde la bronca social explota contra las minorías tomadas como chivo expiatorio de la debacle del sistema, aparece este tipo de alternativas hacia el buen vivir, hacia el descubrimiento personal y colectivo, y hacia el respeto y acompañamiento de las cosmovisiones que hacen del cuidado de la vida un camino diario.  Y no es menor.

En palabras de une de sus integrantes, a quienes llamaremos ‘Sur’ para cuidar su identidad y facilitar el diálogo, “Villa Travesti es una comunidad bastante mutable, que está todo el tiempo en proceso de transformación (…) el grupo ha sido formado espontáneamente: al principio llegaron cuatro personas, después se fueron sumando otras, otras se fueron”, y así. Por fortuna, han podido establecerse muy bien y hoy cuentan con “varias rucas, casitas, y también espacios comunes como un leñero, un lugar de herramientas, y algunos lugares de huerta”, dice Sur.

Construir y reconstruirse

“Todes mientras fuimos construyendo nuestras propias casas compartimos techo. Lo que tiene para mí de especial vivir acá es que pude construir mi propio espacio con mis propias manos, cosa que nunca había imaginado. Y lo hice con la ayuda de otras travestis, otros travos y otras personas aliadas, porque no estamos en una burbuja travesti.”

Sur aclara que las personas que viven en la Villa solo son travestis, pero eso no significa que sean separatistas. “Nos relacionamos con gente normal ah, con gente cis, con algunos vecinos. Pero principalmente nos arreglamos entre nosotras/nosotros que elegimos llamarnos travestis como un concepto identitario que abarca a varones trans y a chicas trans (…)”.

Sur: “Lo que tiene para mí de especial vivir acá es que pude construir mi propio espacio con mis propias manos, cosa que nunca había imaginado“.

-Nuestra historia tiene décadas y hay quien dirá que travesti es un término viejo, hasta estigmatizante, ¿por qué se reivindican travestis?

Nos denominamos travestis porque nadie está en una posición de considerarse trans mujer o trans hombre específicamente, sino más bien como un descubrimiento constante de la identidad de la transformación, que tiene un peso político más callejero, mas vulgar, mas relacionado al trabajo sexual, que son todas cosas que compartimos las travestis que vivimos acá.

Usamos la palabra travesti en general para identificarnos, que es más disruptiva. El término travesti suena quizás hasta un poco mal visto en la sociedad, pero por eso mismo lo reivindicamos. También está la cuestión de que ninguno de los hombres trans que habitamos acá buscamos la masculinidad de los hombres cis. Es decir, si nos identificamos como varones, pero tenemos unos rasgos bastante femeninos, muchos performateamos también por trabajo sexual. Entonces, la identidad travesti nos calza mucho mejor, aunque suene mal para la sociedad a nosotros nos reafirma en nuestra identidad, que es así, un poco más sucia, más disidente, no solo con la disidencia sexual sino también con el sistema capitalista en general.

-¿Por qué eligen vivir acá, en este territorio, y no en otro sitio?

Es una decisión del día a día continuar en este proceso comunitario que siempre va a atravesar nuevos problemas internos y externos. Hoy nos vemos amenazados por los desalojos, por el transodio de la sociedad, y a la vez por problemas internos vinculares que nunca son demasiado claros ni están demasiado resueltos. Pero si hay algo que he podido comprender en mis cuarenta años de vida es que, muchas veces nos unen las necesidades habitacionales, de alimentación; pero muchas otras veces nos unen los deseos, los anhelos, y los cuidados.

Por un lado, está el odio que nos oprime, pero también está el amor a la libertad o a querer construir algo que no sea más de lo mismo, que no reproduzca las mismas lógicas de explotación de personas, de animales y de la tierra. Acá voy en algo que nos une a todas las travestis que habitamos este lugar y es que tenemos un especial cariño y conexión con el territorio, con la Comarca Andina, con este Territorio Mapuche al cual llegamos por diferentes razones y por diferentes razones continuamos acá. Si hay algo común es el compromiso con la defensa del territorio y también con las comunidades ancestrales que lo han habitado siempre.

Otra de las cosas que nos unen es que hay algo en particular que tenemos las travestis y los travestis y es que hemos tenido un desapego casi radical con nuestras familias y con la institución familiar.

No somos personas que querramos seguir reproduciendo las lógicas románticas de la pareja ni de los hijos, ni de los padres, ni de los hermanos. Entonces, cuando se rompe el vínculo que principalmente sostiene a las personas, que es su familia o su pareja, ¿quién te ayuda cuando estas mal? ¿quién te sostiene en la salud y en la enfermedad? Cuando no existe esa figura hay que inventar otra. Y nosotres inventamos la comunidad y la amistad travesti-trans que no es la amistad de los pakis, que nos vemos cada tanto, los fines de semana, o nos juntamos a chusmear; es la amistad con la que yo comparto el cotidiano, la amistad con la que yo me tomo los mates a la mañana, la amistad con la que tenemos crianzas de animales compartidos, la amistad con la que yo proyecto mi vida y ese vinculo también nos hace, creo, especiales.

Entre minga y minga las casas se levantaron, y algo que parecía un sueño utópico se va realizando.

¿Cómo se configura la identidad travesti con el territorio?

Como Villa Travesti hemos aprendido mucho de las comunidades mapuches que están cerca. Algunas de las travestis que están acá también están en sus procesos de identidad espiritual más por ese lado. Yo personalmente también. Obvio que mi despertar espiritual ha sido increíble desde que llegué acá. No voy tanto por mi reconocimiento como mapuche, pero si por el reconocimiento del Pueblo Mapuche en este territorio, cómo han vivido, cómo han sido despojados y cómo hoy lo están recuperando. De esas prácticas, de esos saberes, también aprendemos y también queremos que sigan existiendo, que sigan reproduciéndose. No son conocimientos nuevos la permacultura o la construcción ecológica, sino que son saberes que ya estaban.

Justo hoy charlando con mi vecina me dijo algo que yo no había pensado, pero me pareció muy importante en relación a cómo construimos nuestras vidas y nuestras casas. Y es que nosotros nunca tuvimos el conocimiento, nunca tuvimos la plata para contratar a alguien que sepa, ni tuvimos la plata para comprar los materiales, pero construimos porque el territorio nos mostró cómo hacerlo. El territorio nos dijo ‘acá hay arcilla, acá hay pinos quemados y caídos, y a un kilómetro hay un basurero. Acá está todo con lo que vas a construir tu casa’. Y entre minga y minga las casas se levantaron, y algo que parecía un sueño utópico se va realizando.

-¿Cómo se ven a corto plazo? ¿Y qué planes tienen?

Actualmente estamos con el proyecto de hacer un invernadero colectivo subterráneo, esperamos que nos dé un poco más de autonomía alimentaria. También estamos acompañando en la construcción y en la minga de otras casitas travestis. Tenemos un manual de libre circulación y colaboración que se llama “Manual para construir, sin plata ni conocimientos sobre construcción”. Se puede comprar en papel o en formato digital. Y cada tanto vamos haciendo algún trabajo colectivo que vamos subiendo a la página @villa.travesti, trabajos de comunicación, trabajos de talleres, de mingas, etc. Como para abrir el espacio para que otras personas puedan acercarse, y también a modo de ayudarnos.

Lo estamos dando todo, pero siempre la difusión y el capital nos sirve, lo necesitamos. Ahora estamos haciendo este gran invernadero, pero toda la recaudación de agua es a puro balde. Caminamos dos o tres kilómetros a veces en el verano para buscar agua. Entonces, otro proyecto a lograr a futuro es tener agua, tanto para tomar como para los animales y la huerta. En el medio también queremos continuar acompañando a las lofts en resistencia y a los otros barrios populares que también están en lucha.

Otro proyecto a lograr a futuro es tener agua, tanto para tomar como para los animales y la huerta.

– Es muy movilizante saberse parte del territorio ¿Tienen algún mensaje para otres travestis o personas de la comunidad LGBTTTIQANB+ que se encuentran desorientadas o quieran replicar algo de su experiencia?

La idea no es tirarle brillitos a esta comunidad, porque no es así. Bastantes problemas tenemos, bastante mal la pasamos, y bastantes dificultades tenemos en general por ser travestis, por ser putas, por ser mapuches, por ser okupas. Lo importante para mi es poder vernos a las caras, poder contarnos nuestros problemas, poder buscar soluciones colectivas, también poder hacer planificaciones colectivas a futuro. Si vos estas mal yo te banco, si yo estoy mal hoy alguien me va a bancar. Sostener ese apoyo creo que es la única manera de sobrevivir y a la vez también me parece admirable cómo nos hemos podido construir desde las ruinas. Desde las ruinas reales, porque Villa Travesti pasó por un incendio que quemó todo y sobre las cenizas volvieron a crecer lahuenes, volvieron a crecer plantas nativas, se levantaron nuevas casas, llegaron nuevas personas. No son solo palabras: ¡desde las cenizas renaceremos!

Realmente nos estamos reinventando cada día para poder ser quienes somos, para poder ir descubriendo nuestras identidades e ir creciendo conjuntamente. Lo que podría llegar a decirles a otras personas travestis-trans que anden por ahí es que nunca hay un camino asegurado, ningún lugar, ninguna acción es ideal o va a ser perfecta. Cualquier momento es bueno, hay muchos momentos en los que nos hemos reído, hay muchos momentos en los que hemos llorado, y muchos momentos hemos estado enojados y enojadas pero son parte también de nuestra fuerza. Y esa resistencia es unión en la adversidad, y ese amor que surge de haber transitado experiencias similares no nos lo pueden arrebatar.

Por Inara Ocampo Rodríguez

Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

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