La pandemia y la desinformación masiva de los movimientos antivacunas fueron determinantes en la reducción a nivel global de los índices de vacunación durante los últimos años. La científica argentina Daniela Hozbor explica en esta entrevista que los rebrotes que parecían un mal recuerdo volvieron a encender las alarmas en varios países del mundo, como en la Argentina. ¿Qué podemos esperar?

Daniela Hozbor es Investigadora Principal del Conicet, Profesora de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata, Directora del Instituto de Biotecnología y Biología Molecular y del Laboratorio VacSal, un centro de referencia en la investigación aplicada sobre tos convulsa, una de las enfermedades respiratorias de origen bacteriano que resurgió en el mundo tras años de vacunación, incluso en el Argentina, y que llevó al Ministerio de Salud a emitir un alerta epidemiológica a comienzo de 2025 tras el brote detectado que causó entre 2025 y 2026 once muertes. La dosis de refuerzo que se aplica a los once años había alcanzado en 2024 en nuestro país una cobertura sólo del 54% de la población.

No solamente hay una disminución en el índice de vacunación de la tos convulsa. Los últimos datos oficiales, muestran un descenso histórico en la  vacunación del Calendario Nacional obligatorio. Y los rebrotes trascienden las fronteras. El diario The Economist publicó en mayo datos sobre la cobertura de la segunda dosis de la vacuna triple viral -que protege contra el sarampión, la rubéola y las paperas- en países de América. El gráfico, elaborado con datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), compara los niveles de 2014 y 2024. En el caso de Argentina, informó una caída del 96% al 46%, la más pronunciada, lo que llevó a la OPS a advertir sobre un brote de sarampión.

– ¿A qué se deben estas caídas en las tasas de vacunación?

– No hay un solo factor que lo explique. Por un lado, se perdió la confianza en las vacunas. La pandemia de la COVID-19 hizo daño en esa confianza. Muchas voces la perturbaron cuestionando el origen de las vacunas, afirmando sin datos corroborados que tenían veneno, grafeno, que imanaban, que era necesario la publicación en la revista científica The Lancet para usarlas. Por otro lado, hay ciertas barreras de acceso a las vacunas: distancia a los centros de salud y falta de tiempo para concurrir, especialmente en zonas con menor densidad de vacunatorios; falta de información clara, confiable y sostenida sobre el calendario de vacunación; fallas en la gestión y distribución, problemas con la entrega de dosis, provincias que reportan haber recibido menos vacunas de las planificadas. También hay una falla en el seguimiento del sistema: muchos chicos no reciben la segunda dosis contra el sarampión entre los 15 y 18 meses de vida. El sistema no impulsa ni divulga en la magnitud que se requiere la importancia de completar los esquemas de vacunación.

El sarampión es una enfermedad febril exantemática, con altísima contagiosidad, es la más contagiosa de las enfermedades con causa viral. Si bien en 2025 aumentó un poco la cobertura, no llegamos a la meta requerida para alcanzar el efecto que denominamos comunitario o de rebaño, es decir, que cubra a la población que no se vacuna o que, vacunada, no logra levantar la respuesta inmune necesaria.

– En otros países del mundo también se registra un rebrote del sarampión.

– Es un fenómeno global. Los números son alarmantes. La Organización Mundial de la Salud dice que se reportaron 184 mil nuevos casos entre enero y mayo de este año. En la región de las Américas, 22 mil nuevos casos, con 78 muertes evitables con la vacunación. Con respecto a 2025, en las Américas se detectó un aumento de casos del 207%. Entre los países con más altos porcentajes están México, Guatemala y Estados Unidos, particularmente afectado por un negacionismo y rechazo a las vacunas desde las más altas esferas de la secretaría de salud, lo que incide directamente.

– ¿Decís que el negacionismo y el rechazo de los gobiernos incide directamente en esta baja en la cobertura de vacunación?

– El mundo está afectado por el avance de los movimientos antivacuna, desinformación masiva que penetra en nuestro país que, comparado a otros países, tiene tradición en adherirse muy bien a las medidas preventivas como la vacunación. En la Argentina se viene implementando un calendario muy completo, que es gratuito, para garantizar equidad, y obligatorio, para asegurar el efecto benéfico secundario de las vacunas, que es la inmunidad de la comunidad. Aunque está amenazado, Argentina todavía logra sostener un estatus de país libre de transmisión endémica del sarampión gracias a muchos años de trabajo. Las evidencias sostienen el éxito de las vacunas que usamos, y eso debería ganar a las opiniones sin sustento. Las vacunas tienen antecedentes constatables: hace poco se cumplieron 50 años del programa ampliado de inmunizaciones en el mundo: ¿sabés cuántas muertes se evitaron con el uso de vacunas contra 14 patógenas? 154 millones. Estas vacunas evitan en el mundo 6 muertes por minuto. ¿Por qué no usarlas? Posibilitan vida, posibilitan desarrollarnos.

Recientemente se cumplieron 50 años del programa ampliado de inmunizaciones en el mundo: con el uso de vacunas contra 14 patógenas se evitaron 154 millones de muertes en el mundo.

¿Qué novedades hay sobre la tos convulsa?

– Argentina es pionera en incluir el refuerzo de las gestantes, para proteger a madres y a los recién nacidos, que son los más vulnerables a la enfermedad. Ellos y los lactantes no inmunizados son los que pueden ir a terapia intensiva, o incluso pueden morir a causa de esta enfermedad. Por la caída de la cobertura tuvimos brotes importantes recientemente: entre fines de 2025 y lo que va del  2026 con once muertos, que pudimos haber evitado. Un infectado puede contagiar a 17 personas vulnerables, por eso la estrategia de control es la vacunación. Es muy contagiosa.

– La poliomielitis, una enfermedad que puede erradicarse con la vacunación, también alcanzó en su segunda dosis, a los cincos años, una de las cifras más bajas de cobertura.

– Padres jóvenes, que no vivieron muchas enfermedades que dejaron secuelas, creen que no vale la pena vacunarse, porque no hay riesgo de enfermarse. Piensan: ¿para qué vacunarme, si no veo la enfermedad? Y habría que pensarlo al revés: no veo la enfermedad, porque estamos vacunados. Y esto ocurre con la polio y con muchas enfermedades prevenibles por vacunación. Se está haciendo todo lo posible para erradicarla y de hecho se ha introducido un cambio en la plataforma de vacunas contra la polio para lograrlo, pero se necesita del esfuerzo de todos, y este descenso en la cobertura nos aleja de ese logro indispensable.

– También hubo un gran descenso en la cobertura de vacunación contra el HPV: un 55,5% entre mujeres y un 50,9% entre varones de 11 años.

– La revista científica The Lancet publicó un trabajo. Dice que en Inglaterra, una cobertura del 90% contra HPV redujo al 100% su incidencia en el cáncer de cuello uterino. Los datos a favor de las vacunas son enormes.

-¿Qué hacer entonces?

– Tenemos vacunas desarrolladas y aprobadas, muchos años de ciencia para mejorar nuestra calidad de vida. Faltan campañas y divulgación, con formatos de información diversos, para llegar a todos. Tenemos que alcanzar en la Argentina y en las Américas un 95% de cobertura para cada una de las dosis incluidas en el calendario de vacunación. Es nuestro derecho desarrollarnos y tener mejor calidad de vida, y es una obligación, porque si decidimos no vacunarnos afectamos al resto, invadimos los derechos del otro, el derecho a la vida, al futuro.

– En el medio, las políticas de Estado están atravesadas por los cambios de gobierno. En tu opinión, que la Argentina se haya retirado de la OMS, ¿agravará la situación?

– La salida en marzo pasado no favorece. Los riesgos son múltiples, y preocupan a organizaciones científicas y sanitarias. Nos perjudica en el acceso a información, a asistencia técnica, a vacunas a mejores precios y a alertas tempranas.

– ¿El recorte en el gasto del Estado a partir de diciembre de 2023 tiene incidencia en el tema?

– Hay un recorte presupuestario importante, con menos vacunas y menos insumos para la logística de vacunación. Tenemos una ley de vacunación aprobada que detalla requerimientos mínimos, que deben estar contemplados en el presupuesto nacional. Y hoy no se contemplan. La baja en las partidas tiene consecuencias directas. Un análisis de Unicef demuestra los riesgos del desfinanciamiento, vinculados al empeoramiento de la calidad sanitaria de nuestra población, ya golpeada por la crisis económica.

Por Pablo Bassi

Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

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