Este 3 de junio vuelve a doler de manera lacerante: nos siguen matando. El dato estadístico que nos dice que hay un femicidio cada 31 horas no alcanza. La espectacularización de la muerte que hacen los medios, tampoco. Queda camino por recorrer, pueblos para pasarnos. En Memorias Florecidas, Camila Vautier y Ada Augello nos recuerdan los sueños que quedan truncos, los deseos por cumplir. Para nunca olvidar el arrebato. Y para que sigan sus nombres detrás de cada pedido de justicia.

Memoria Florecida: Crónicas narrativo-periodísticas sobre las víctimas de femicidio en El Bolsón entre 1993 y 2025“, de las autoras Camila Vautier y Ada Augello, es un trabajo periodístico y de reconstrucción histórica que reúne relatos sobre mujeres cuyas vidas fueron arrebatadas por la violencia machista en la región.

El libro, que se presenta este miércoles a las 13:00 horas en el Aula Magna del Hospital de El Bolsón no es solo un registro del pasado, sino un acto de presencia y justicia para el tiempo actual.La política pública en favor de la construcción de la memoria social y colectiva de las heridas es fundamental para la consolidación de un horizonte donde todas las vidas valgan por igual“, señalan en la introducción de la obra.

A través de una investigación y un enfoque narrativo sensible, el libro busca rescatar del olvido nombres como los de Lucinda Quintupuray, Otoño Uriarte, María Angélica Gomba, Soledad Murgic, Graciela Angulo, Evangelina Catalán y Jésica Campos, entre otras.

El punto de partida tiene que ver con la ausencia de información sobre las víctimas del femicidio en nuestra comarca, con la intención de reconstruir esas vidas de a retazos. La perspectiva que habita Memoria Florecida va a contrapelo del sentido con que los medios masivos y hegemónicos construyen memoria sobre las muertas de este sistema patriarcal, machista”, dice Ada Augello a Al Margen. “El libro se propone construir un recuerdo diferente que no fije los sentidos sobre la muerte sino sobre esas historias que quedan truncas, a medio andar, con deseos por cumplir”.

El proyecto surge en junio del 2024, repasa Camila Voutier. “En ese momento habíamos armado con otros compañeros y compañeras una cooperativa de comunicación (La Tercera Puerta), ilusionados con las ganas de hacer un medio. Estábamos publicando mucho y pensando en una publicación para ese 3 de junio: queríamos contar las historias, mostrar los nombres de los casos de El Bolsón”, recuerda.  

“Buscando información sobre ellas para un posteo en redes, lo que nos dimos cuenta es que toda la información que está disponible en la web sobre estas mujeres tenía que ver con cómo habían sido asesinadas. Encontrábamos noticias que hablaban de sus cuerpos desmembrados, de cómo fueron halladas y pensamos que no podía ser ese el único registro que haya de ellas. Quisimos hablar de sus vidas, también reivindicando desde otro lugar el periodismo. Por eso son crónicas, porque lo que había en el tratamiento mediático tenía que ver, un poco, con lo que estamos viendo estos días con el caso Agostina, con una cobertura eh 24 horas de un femicidio que es mostrado como si fuera un espectáculo.

Al mismo tiempo, en ese camino, las autoras también comenzaron a preguntarse qué deja un femicidio en una comunidad. Por eso, en el libro vamos a ver a testimonios de vecinos, vamos a escuchar a sus compañeras de la escuela, a sus docentes, con esa huella que queda de manera permanente.

Los medios de comunicación se van de la escena del crimen, pero el femicidio sigue hundiendo esa herida y más cuando los medios de comunicación se van. Es como que ya no queda nada, hay un vacío muy grande en la comunidad y suele ser un evento que se vive en soledad y en silencio. Eso fue algo que empezamos a notar en la investigación”, sigue Camila.

Surge así la idea de narrar las vidas de estas mujeres y para esto se contactaron con quienes la habían conocido. Se trata de crónicas que cuentan cómo eran ellas, qué les gustaba hacer, sus proyectos de vida. “Descubrimos, por ejemplo, que Beatriz Cañumán había venido a Bolsón en busca de su identidad mapuche, algo que no se conocía: obviamente en la noticia no era un dato relevante, pero para nosotras, que nos enmarcamos también entre un periodismo feminista, sí creemos que eso hace a la interseccionalidad y a nuestras vidas en sí”.

También aparece el caso de Evangelina Catalán: “Pudimos dar con una foto de ella donde se la ve con una tabla de asado, escuchaba los charros, tenía siete hijos”. Figura asimismo la historia de Graciela Angulo, un femicidio que ocurrió en el Hospital del Bolsón, donde van a presentarse este miércoles. “Los femicidios no encuentran respuesta en la justicia, esto también es importante y es algo de lo que hablamos, es uno de los temas que atraviesan todos estos relatos y tiene que ver con la falta de eh de investigación judicial, de reparación desde el poder judicial a las familiares de las víctimas. Las calles terminan siendo también un lugar de encuentro, de cierta reparación”.

La presentación contará con la participación activa del Comité de Géneros del Hospital, reafirmando el compromiso de las instituciones locales en el acompañamiento y erradicación de las violencias por motivos de género. Ada Aguello cuenta que llegaron al Comité de Género del Hospital de El Bolsón por una trabajadora social que en su momento era concejal.

El trabajo fue declarado de Interés social cultural y educativo por el municipio el pasado 25 de noviembre y llevó la firma de Laura Rojas, concejal por JSRN, ahora trabajadora social del hospital local y de otra concejal por el PJ – NE, Rosa Monsalve, también integrante del Consejo local de las mujeres y una de las entrevistadas como vecina y concejal de una de las víctimas, Evangelina Catalán.  

Esas redes que persona-persona se fueron armando, inicialmente se constituyen por nuestro rol, con Camila, no solo de trabajadoras de la comunicación sino por nuestra participación en espacios feministas. Me parece que tanto Laura Rojas como Rosa Monsalve, incluso siendo de fuerzas políticas muchas veces opuestas, supieron entender que la lucha contra las violencias no reconoce grietas. Dentro del Consejo local de las mujeres muchas veces se conversó con compañeras del hospital al respecto del armado de un protocolo de actuación frente a situaciones de violencia dentro del mismo hospital, de esa inquietud entiendo nace el Comité, y de ese comité la invitación a que Memoria florecida, trabajo que recopila también la historia de una trabajadora del hospital víctima de femicidio, que es Graciela Angulo, se presente en un espacio que el mismo auspicie”, dice Ada.

Sobre la importancia del registro y la salida del libro en el contexto actual, la autora señala: lo que no se nombra no existe. “Es una frase que los feminismos repitieron muchas veces, pero importante ante los negacionismos, la violencia de género, la desigualdad y el avance de la derecha y la ultraderecha no solo en Argentina sino en toda Latinoamérica -miremos Colombia- y el mundo. Creo que, si no nombramos a las víctimas de femicidio, no podemos discutir proyectos que nos cuiden, que prevengan esas situaciones. Nombrarlas es hacer que sigan existiendo, cuando la fuerza eliminatoria del machismo contra nuestros cuerpos, nuestras vidas, quiso suprimirlas”. 

-En los últimos años se empezó a decir esto de “los feminismos se pasaron tres pueblos”. ¿Qué pensás de esa frase? 

-Me parece que, si nos pasamos tres pueblos, bienvenido sea el camino. Considero que para llegar a algunas cosas hay que ir más lejos, y cada vez más lejos para llegar ese horizonte al que queremos llegar, que claramente está lejos del escenario actual. Si queremos lograr prevención de las violencias más sutiles, tenemos que hablar de las violencias más grotescas. Y si la crítica refiere a las políticas progresistas, creo que entramos en tensión entre lo que las ciudadanías y sus sectores necesitan y lo que efectivamente establecen los gobiernos. Contar historias desde el llano sobre la vecina, la sobrina de un conocido, la estudiante de la escuela, la mucama del hospital, la mesera del bar, coloca el debate sobre las violencias en la cotidianidad, que es donde están las mismas, pero absolutamente naturalizadas.Que estudiantes de 15 y 16 años lean la historia de Soledad Murgic puede llevar a la reflexión sobre los tratos entre ellos mismos, sobre los vínculos, los noviazgos, los celos, la violencia que se camufla o resguarda en el ámbito de lo privado. Mostrar sus historias y mostrar que son historias que vemos en el cotidiano nos invita a ensayar políticas para esas vidas. Y las políticas no se ensayan solo en un recinto, si no en la construcción social y colectiva de herramientas para un problema que es social, político y cultural.

Por Violeta Moraga

Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

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