La nueva ola individualista y libertaria

En tiempos de la nueva realidad que vivimos hace más de un año producto de la pandemia, se ha querido instaurar un nuevo sentido del ideal de libertad centrado en el individualismo como bien supremo. ¿Quiénes son los sectores políticos y sociales que promueven esta ideología? ¿Como confluyen entre sí?  ¿Quiénes lo fogonean? Desde Al Margen analizamos el fenómeno en esta nota.

Nuevas expresiones de derecha ultraliberal supieron captar adherencia durante la cuarentena.

La pandemia nos obligó a adaptarnos a un nuevo modo de vida, pasamos por diferentes situaciones y estados de ánimo. En este transcurso la sociedad también fue pasando por diferentes estados. Al principio parecía que por fin se había trazado entre la “grieta” ese anhelado “puente de amor” y estábamos todxs en el mismo barco, sin distinciones, luchando por un enemigo en común. A medida que pasó el tiempo devino el cansancio y los problemas económicos fueron acrecentándose, se fue instaurando en los medios masivos y en algunos sectores de la sociedad la idea de libertad como anhelo meramente individual. La oposición (de derecha) al oficialismo tomó esta bandera donde confluyen diferentes actores e intereses.

Meritócratas

No es novedoso que la derecha tienda a defender o a promover la idea de que un individuo con iniciativa y buena voluntad pero sobre todo, si es una persona de bien, podrá salir adelante por mérito propio. El ideal meritócrata cotizó alto mientras el PRO gobernó la Argentina.

Con el discurso meritocrático le dieron un aire nuevo a esta idea rancia de que el pobre es pobre porque quiere y no se esfuerza lo suficiente para salir adelante.  Atrás de la idea de la meritocracia estaba un proyecto político muy claro: el achicamiento de estado, reducción del gasto público, flexibilización y precarización laboral; beneficiando así al sector privado con la excusa de atraer a los grandes inversores.

La enunciación del PRO presenta un diagnóstico fuertemente negativo del Estado durante los doce años del gobierno kirchnerista y promovió reemplazar la militancia política (lo colectivo) por la iniciativa individual. 

El nuevo promotor de estas ideas que surgió este último año de pandemia es el cantante de cumbia David Martínez (El Dipy). El Dipy es “el pobre funcional” que la derecha necesita para justificar la meritocracia. Patricia Bullrich declaró: “El Dipy es el argentino que no se resigna, que construye su dignidad, que entiende que de la pobreza se sale con esfuerzo y trabajo”

Sus dichos repiten una y otra vez las frases hechas contra los planes sociales, contra los ñoquis del estado y los políticos ladrones. Dispara contra ellos diciendo que son todos iguales y que nunca van a sacar el país adelante mientras se saca una selfi con Mauricio Macri. Desfila por los programas que pregonan su ideología y sobre el último confinamiento en el programa de Viviana Canosa, dijo: “Le tenemos que clavar una clandestina en la 9 de Julio y que se pudra todo”

La conductora anti cuarentena aprovecha sus dichos y con aires de periodista librepensadora refuerza: (…) “te pones a pensar en cómo te van cortando las libertades. (…)  ¿Qué pasa si necesito salir y me para la policía? Tengo que decirle donde voy y no soy ninguna delincuente? Pago mis cuentas (…) te pones a pensar: ¿De que soy capaz si me para la cana? Me voy a volver loca.”

Libertarios y anarcocapitalistas

Parecía no ser posible un discurso y una creación de sentido más a la derecha que el ideal de la meritocracia, donde está claro que: “se tiene lo que se merece; el que no tiene es porque no lo merece” una idea corta, clara y concisa que sin mediar demasiado análisis se adueña del sentido común homologando el éxito al esfuerzo.

Sin embargo, el economista mediático Javier Milei logró colocarse a la derecha de ese ideal macrista y de muchos políticos neoliberales en la Argentina. Ya que considera las ideas del PRO similares a la “nueva izquierda” y cataloga a Domingo Cavallo -ministro de economía de la reforma neoliberal de los 90´- como “Keynesiano”. 

Para Milei todos nuestros problemas económicos y políticos se reducen a uno solo: La existencia del Estado. Por eso se autodefine como “minarquista”: el Estado solo se ocupa de la seguridad y la justicia. Y “anarcocapitalista”: cuando la tecnología lo permita, hay que eliminar al Estado Incluso en temas como seguridad y justicia. Todo sería de dominio privado.

“Vengo de Liberland, una tierra creada por el principio de apropiación originaria del hombre. Una tierra de 7 kilómetros cuadrados entre Croacia y Serbia, un país donde no se pagan impuestos, un país donde se defienden las libertades individuales, donde se cree en el individuo y no hay lugar para colectivistas hijos de puta que nos quieren cagar la vida.”  le dice al periodista Pablo Stefanoni en una entrevista para su libro ¿La rebeldía se volvió de derecha? donde analiza las articulaciones locales y globales entre libertarismo y derecha.

Su incorreción política, su estilo desenfadado, agresivo y su arenga de “cagar a patadas en el culo a colectivistas y keynesianos”, bajo el lema: ¡viva la libertad carajo!; atrae a muchos jóvenes que lo siguen en las redes sociales y se autodenominan liberales, libertarios. Son centennials anti progres y orgullosamente de derecha.

 Milei se manifestó en algunas marchas anticurentena donde declaró: “En realidad, no hay pandemia, lo que está generando el desastre es la cuarentena “cavernícola” del gobierno. Y llegó a decir que las restricciones eran un “crimen de lesa humanidad indirecto”.

 Después de manifestarse en contra de los políticos parásitos y de predicar una clara idea anti-política, se decidió a candidatearse a diputado por el Frente Avanza Libertad y “dinamitar el sistema desde adentro”. En una encuesta online realizada a nivel nacional por la consultora Taquion, a jóvenes entre 16 y 25 años en abril del 2021 se visualizó que entre 2584 encuestadxs el 21,4% votaría a los liberales en las próximas elecciones legislativas

 Entre libertarios, liberales, opositores y conspiranoicos

El uso político de la pandemia y sobre todo de la cuarentena fue utilizado por la oposición para instaurar la idea de un estado opresor y autoritario.  Lilita Carrió declaró que la pandemia «es utilizada para establecer un estado de sitio en el país”, llamó a sus seguidores a la «resistencia pacífica por vía del derecho» y pidió «mayor conciencia individual«.

 La ex ministra de seguridad Patricia Bullrich por su parte fue la convocante por las diferentes marchas por la libertad.

 Sobre la primera marcha declaraba » hubo personas que votaron por la república, por la libertad, por la iniciativa privada, que hoy ven derrumbar sus sueños por tantos meses de cuarentena.”

En estas marchas confluyen varios sectores de la sociedad:  gente politizada, otras no tanto; personas con ideas anarco individualistas donde la libertad individual y la apelación a la conciencia de cada unx es lo primordial; personas que no están de acuerdo con las vacunas; con el uso del barbijo, personas con ideas conspiranoicas que van desde que la pandemia no existe a que la vacuna es agua con un chip incorporado.

Los medios masivos y opositores también fogonean el ideal individualista a la salida de los problemas de la sociedad. Sin juzgar las buenas intenciones que puede tener una persona, llama la atención el uso mediático que se le da al influencer Santiago Maratea. Este chico de 28 años con casi 900.000 seguidores en Instagram logró -pidiendo donaciones a sus seguidores en las redes- juntar el dinero para realizar una operación millonaria para una nena, una ambulancia para una comunidad wichí y cumplir el sueño de algunos atletas de viajar al Sudamericano.  “Una persona sola logra más cosas que el estado” resaltan los comentarios de lectores en las notas de Infobae y Clarín que narran la noticia; junto a otros como “Que Santiago le explique a Alberto como tiene que gestionar vacunas” o la afirmación de que si hubiera más Marateas esté sería un país mejor.  

Esta lógica anti-política, individualista, anti- estado, estas acciones solidarias que no mueven un ápice el statu quo son las preferidas de estos medios que gustan de acciones como las de Maratea pero se oponen (y judicializaron en el caso de los directivos de Clarín) cuando tienen que pagar impuestos a las grandes fortunas.

Los movimientos sociales tienen una tarea nodal en disputar el sentido común. Foto: Euge Neme.

Militar es la salida

Meritocracia, Individualismo, libertad, son ideas y discursos que vienen de diferentes ámbitos sociales y políticos y que se acrecentaron con la pandemia.  La idea de comunidad, de la salida colectiva pareciera estar en disputa.

Los movimientos sociales y las organizaciones políticas tienen un fuerte desafío en confrontar el sentido común que pregona la derecha (y la ultra derecha) a través de los medios hegemónicos.

Lograr que mayoritariamente se instale el sentido que ciertos sacrificios individuales (como hacer cuarentena), no nos quitan libertad, sino que nos libera a todxs. Volver a instalar la idea de libertad como un ideal emancipatorio, colectivo, donde somos libres para elegir nuestro destino como sociedad.

Los movimientos colectivos en Argentina tanto las organizaciones de derechos humanos, las organizaciones sociales, los movimientos feministas o los movimientos ecologistas siguen siendo una gran reserva y fuerza de luchas colectivas con ideal común:  Un Estado presente con políticas públicas para lograr el bienestar común y la emancipación social y territorial que siguen presentes en los sueños de las mayorías.

Promover e impulsar la militancia colectiva es la tarea de los movimientos sociales y políticos que pregonan el bien común. Esa tarea no es más ni menos que luchar por el bienestar del otrx. Dice Damián Selci autor del libro “la teoría de la militancia”: (..)Estamos ante la militancia cuando alguien se hace cargo de lo que no le corresponde, de lo que no le conviene, de lo que no es “su asunto”, y esto de manera organizada para asegurar su permanencia. De ahí el pretencioso carácter absoluto de la responsabilidad: responder por lo que me toca sería lo esperable, lo “adulto”, pero lo “militante” es responder por lo que no es mi culpa, no causé yo y tal vez tampoco sufra yo las consecuencias.”

De eso se trata.

Por Irene Rassetto

Ilustración: @nico_mezca

Cooperativa de Comunicación Popular Al Margen

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