Las adolescencias extrañan y desean estar en la escuela

Las clases por zoom son una opción -para aquellxs que cuentan con internet y computadora- de seguir con un ritmo de estudio y de estar en contacto remoto con sus compañeros y compañeras. Pero hay algo vital que les hace falta a las juventudes y eso que falta está en la escuela. Las voces de pibes y pibas en esta nota.

La escuela es la gran estructuradora de la vida de lxs adoelscentes, sus voces las que menos se escucharon durante pandemia. Foto: Euge Neme.

Los y las jóvenes quieren volver a las clases presenciales. La mayoría de los y las entrevistadas contestaron enseguida, sin dudarlo que quieren volver a la escuela, en burbujas y con las medidas sanitarias correspondientes. La escuela es algo más que un espacio donde se transmiten conocimientos, pasan cosas imprescindibles dentro de las aulas, los pasillos, los gimnasios. Según la antropóloga Mariana Chaves: “La escuela es la punta de lanza de la producción socio estatal de la juventud”.

Este segundo año de pandemia cuesta más. Ya pasaron mucho tiempo encerradxs en sus casas frente a la pantalla. Sienten que perdieron muchas cosas. Pequeñas pérdidas como las clases de reggaeton o las salidas y juntadas con amigxs, y pérdidas de las que no hay vuelta atrás: la muerte, su último año de secundaria.

Hasta tienen la impresión de haber olvidado ciertas habilidades sociales por falta de uso. Milagros cuenta que se alejó de todo. “La adolescencia no es fácil-dice Zaira- pero tenemos la excusa para pasarla bien y distraernos porque somos jóvenes. Ahora, es muy difícil hacer como si nada. Hice cosas para no deprimirme. Escribí una rutina hora por hora para ocupar la semana y para no pensar. En este momento me hace bien hablar con gente en Instagram, whatsapp o vida real.” “Vivo más a través de las películas y series -dice Lara- que a través del mundo real. Prefiero la vida que vivo imaginariamente.”

Algunxs aprovecharon la oportunidad de acceder a charlas, talleres virtuales, otrxs descubrieron el nuevo mundo de los podcasts. También aprendieron cosas con eso que tenían en sus casas: a cocinar, a encuadernar, a hacer artesanías. Pero hay ciertas prácticas que se sostienen con otrxs, ciertas tramas que se entretejen cara a cara y habilitan un lugar donde poder ser y poder estar. De esto también se trata la secundaria.

Para muchxs la clase por zoom se acerca más a una sesión de espiritismo: los docentes repitiendo ¿Están ahí? ¿Me escuchan? O a una radio que quedó prendida, un ruido de fondo mientras hacen otras cosas. A otrxs les resulta complicado estar al día con las tareas, les cuesta concentrarse en la casa, tienen que cuidar a sus hermanos o hermanas. Es que el aprendizaje no solo se transmite de docente a estudiante sino que sucede entre pares, viendo como lo hacen los demás o preguntando a la que tienen al lado. Se necesita un grupo de pertenencia para atravesar el territorio de la secundaria.

En cuanto al debate sobre clases presenciales – clases virtuales, las juventudes dan cuenta de sus propias contradicciones: “Por mi lado de estudiante -dice Lara- quiero ir a la escuela todos los días, pero desde mi lado militante sé que tienen que estar las condiciones epidemiológicas dadas para eso.” Bianca considera que con un poco más de esfuerzo nos podemos cuidar entre todos y todas y volver a clase. En búsqueda de claridad esperan de los funcionarios una mayor coherencia en relación a las decisiones políticas. “Están los bares llenos -dice Alelí-  sin mucho protocolo y las escuelas cerradas -siendo el lugar donde más se cumplen los protocolos-.” Esta situación actual puede ser una oportunidad para hacer valer los derechos de las juventudes, una ocasión para escuchar lo que tienen para decir y hacerlos parte de las discusiones de las políticas públicas que los involucran.

Por Verónica Battaglia

Cooperativa de Comunicación Popular Al Margen

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