Reverdecer la Comarca

Después de los brutales incendios de enero y febrero, vecinos y vecinas de la Comarca Andina y la región piensan estrategias para el manto gris que dejaron las llamas por kilómetros y kilómetros. La tarea es a largo plazo, requiere de una labor conjunta con instituciones acordes y de una planificación meditada, pero ahora es cuando.

L reconstrucción del habitat implica también reforestar el bosque incendiado. Foto:Ramiro Sáenz.

Las estrategias son diferentes para cada zona, en algunas habrá que esperar activamente, en otras se avanza con contenciones sobre el terreno. También están los espacios periurbanos, sobre los que cambia la tarea. Hay diferentes posibilidades para cada sector, pero la inquietud por volver a reverdecer la zona -con la conciencia de lo que significa la pérdida del bosque nativo en diversos aspectos- se transforma en este otoño en una tarea más que se suma a la reconstrucción de lo perdido.

“El primer grupo que se armó pensando en la reforestación fue a partir de los primeros incendios, cuando se constituyó la Asamblea del Bosque”, cuenta Luisina Romano, vecina de Golondrinas. Allí, recuerda, cada persona participó como podía, nucleándose en algunos de los subgrupos que se ocupaban de diferentes tareas: donaciones, subir a apagar el fuego, salud. “Varios de los que estábamos ahí, y otros que no se habían nucleado en la plaza ni en esta asamblea, estábamos interesados por el tema del boque y su restauración”, continúa y hace la diferencia con el concepto de reforestación, algo que siempre aparece de manera más inmediata. “La restauración incluye diferentes procedimientos y técnicas que tienen que ver con un conjunto de reglas de la biodiversidad y el ecosistema, no es solo cuestión de ir a poner plantines”. De alguna forma, está más relacionado a la reparación de los ecosistemas, de colaborar con las condiciones que permitan mejorar sus procesos de restauración natural.

Cuenta que con este interés comenzaron a juntarse, recabar información, trabajar en red invitando a especialistas de distintas áreas que llevan años trabajando en el tema, pensando con la comunidad las diferentes posibilidades. Y en eso estaban, con las cenizas del primer incendio todavía dando vueltas, cuando se desataron los múltiples focos de febrero, completando una tragedia sin precedentes.  

La convivencia de poblaciones en el bosque, otro tema atener en cuenta. Foto: Ramiro Sáenz.

Múltiples tareas

Las prioridades en lo inmediato cambiaron, sin embargo, la necesidad de pensar como seguir respecto a las tierras que arrasó el fuego, a las que ahora se le sumaron miles de hectáreas más, siguen vigentes: qué pasa con las vertientes de agua, cómo retener la humedad del suelo, como atender el peligro de los deslizamientos, son todos temas que atañen completamente a la desaparición de los bosques.  

“Uno enseguida quiere ver el arbolito verde, pero también aprendimos esta idea de acompañar activamente desde la espera, ver cómo se manifiesta ese suelo, tratar de no pisar demasiado. Aprendimos que los lugares de interface son diferentes a los lugares donde no habitan las personas y que, entonces, hay ver qué tipo de plantas se pueden introducir allí y en el bosque nativo no. También del concepto de armar islas: recuperar pequeñas partes que semillen y empiecen a recuperar alrededor. Hacer una labor de hormiga que no nos frustre, porque es un trabajo muy grande”, continúa Luisina.  

Junto con el motor imparable que surge desde las propias comunidades, otro punto que sale a la vista es la necesidad de que la tarea también sea empujada desde las instituciones correspondientes con apoyo del Estado, algo crucial, dada las dimensiones de la tierra quemada y la labor que hay que llevar adelante. “En este proceso también empezamos a pensar es esto de cómo trabajar con las instituciones para gestionar las exigencias que a ellos les corresponden y hacérselo saber desde este grupo de vecinos organizados. Temas que tienen que ver con esto del agua, con algún tipo de ordenanza que pueda regular cosas que vienen de larga data y están mal, como el manejo del pino”.  

Surgen además otros temas centrales, como la retención de la humedad del suelo, que deben ser contemplados en lo inmediato. En este sentido, incluso, están pensando en el armando de materiales de difusión para la comunidad. “Nos ordenamos como vamos pudiendo, con encuentros y desencuentros, siempre respetando a los vecinos, sus necesidades, sus tiempos. También vamos aprendiendo, hay muchas personas que han desarrollado conocimiento y en este momento nos urge a la comunidad que lo compartan y lo están haciendo. Nos vamos nutriendo de esos saberes”.

Las comunidades participan activamente en reforestar la Comarca.

Un problema estructural

Como se mencionaba, las grandes extensiones de bosque que se llevó el fuego obligan a pensar diferentes estrategias. Para muchos especialistas, la restauración activa sobre las miles de hectáreas es inviable más allá de las voluntades, ya sea por las grandes extensiones, por la descomunal inversión que requeriría, por las características y el difícil acceso a los terrenos. Pero sí se piensa, o debe pensarse, como mínimo, en medidas de manejo del área en temas puntuales como qué hacer con el ganado -impedir el ingreso al área quemada tiene un impacto mayor, por ejemplo, que salir a plantar – pero el abastecimiento de forraje para que los animales no se coman los rebrotes es algo que entonces debe proveerse, teniendo en cuenta las pérdidas fatales de muchos productores. Otro tema que surge es qué pasa con la extracción de leña, en qué lugares se puede sacar, en cuáles no conviene.   

“En todos los incendios se discute qué recomendaciones, qué cosas permitir y qué no. Hay toda una complejidad que tiene que ver con cada uno de los casos, qué ecosistema fue impactado, si tiene capacidad de regenerarse o no, si es resistente al ganado. Hay mucha cuestión técnica: si estamos en un lengal hay que evitar que entre el ganado porque las plántulas son muy sensibles, si estamos hablado de un cipresal, donde las plantas de ciprés se establecen debajo de los arbustos, entonces, hay que cuidar los arbustos”, dice el doctor en biología de Conicet, Thomas Kitzberger.   

Es decir, cada uno de los ecosistemas tiene un funcionamiento y una susceptibilidad diferente a distintos manejos. “No se pude hablar de una sola receta, hay que trabajar en lo que se llama un ordenamiento espacial, territorial, del incendio”, señala y explica que sobre un incendio de la magnitud como el de Cuesta del Ternero hay que hacer un ordenamiento para una zona territorial muy grande. Y ahí entran factores que tienen que ver con el ambiente, factores topográficos, orientaciones de la montaña, factores biológicos, tipos de vegetación que tenía antes de quemarse, factores sociales que tienen que ver con la tenencia de la tierra, si son productores chicos, si son grandes, y cuál es la actividad económica que sostiene a esos productores. “Todo eso lo tenés que meter en una ecuación compleja. Cada cosa tiene su impacto. Por eso, yo abogo por esta cuestión del ordenamiento del territorio. Una vez que se produce el incendio lo primero que debería hacerse es un mapa de severidad de incendios. Una rápida cuantificación de que se llevó el incendio, cuanta vegetación consumió el fuego, etc. Ese es un insumo básico que te permite tomar algunas decisiones de manejo”.

La forestación con pino un problema que ahora se visualiza con la velocidad de los incendios. Foto: Euge Neme.

La cuestión de las plantaciones forestales con pinos y la invasión de esta especie en ecosistemas nativos también es un tema muy relevante y es un problema creciente. Thomas también se refiere a esta problemática de la que se habló mucho tras el incendio de interface de febrero. “Muchos incendios se producen en lo que eran plantaciones de pino, que son especies exóticas muy inflamables y que tiene capacidad de regenerarse rápidamente a expensas de los ecosistemas nativos”. 

“El otro tema fundamental que se cruza es el de las ciudades. Los incendios últimos nos mostraron claramente el problema de las interfaces urbano boscosas. Las ciudades de la comarca andina están creciendo hacia adentro de los bosques y están de alguna forma introduciendo variables trópicas dentro de un ecosistema natural. Estamos ingresando con nuestras viviendas a esos ecosistemas y estamos poniendo a las poblaciones en riesgo. Y la forma en que se está construyendo es dejando que la ramita de los arboles toquen prácticamente los techos de las casas”.

El abanico a considerar se amplía. Por eso, explica que los incendios forestales no sólo constituyen un problema ecológico, sino socio-ecológico. “Con todas las actividades humanas que estamos desarrollando dentro de los boques el problema se complejizó mucho más. Los procesos naturales siguen operando como operaban antes, pero están pasando otras cosas”.

Conjuntamente, tampoco hay un sistema nacional de manejo del fuego que pueda atender estas tragedias que terminan siendo contenidas con mucho voluntarismo. La falta de planificación y prevención también quedaron expuestas. “Los incendios todavía se conciben en Argentina como catástrofes y no como un problema crónico. Entonces, no se hacen las inversiones necesarias, como el famoso tema de los aviones hidrantes. Sale a la luz cuando aparece un incendio grande y después vuelve el silencio. No hay una voluntad política de generar un sistema serio de países que tienen incendios”. El especialista, plantea así la necesidad de, más allá de los espacios puntuales, empezar a preguntarse qué hacemos con los incendios. “Lo que hay que cambiar es un problema estructural”.

Frente a tanto por resolver, como históricamente lo ha hecho, la comunidad no baja los brazos. Algunos salen a recolectar semillas, otros comparten saberes, se informan, organizan ferias de árboles para llevar a La Comarca, como hacen por estos días los vecinos de Los Coihues en Bariloche. Universidades, Viveros, Instituciones, tejen redes y se ponen a disposición. Con un trabajo de hormiga nacen las voluntades como gotas de agua para horadar la piedra.

Por Violeta Moraga

Fotos: Euge Neme y Ramiro Sáenz

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