Latidos musicales de Carlos Casalla

Carlos “Carlitos” Casalla continúa sembrando la pasión por el arte de la música y regocijándonos con su prolífera carrera artística. El sur de la Argentina tiene el privilegio de contar con un gran artista que se entrega de corazón en cada taller que dicta, en cada evento sobre un escenario y que sabe andar con la sencillez de un vecino más.

Fotografías Eugenia Neme

Carta de presentación.

“Mi nombre es Carlos Casalla. Soy músico, instrumentista, compositor, cantante. Toco el bajo eléctrico, batería y percusión: tumbadoras, bongó. Comencé de muy chico a tocar y a estudiar música y trabajo con la música desde los 16 años. Vengo de una familia esencialmente de músicos entonces se mamaba la música de pequeño. Empecé porque mi padre notó que tenía facilidad, tenía ganas, me empezó a apoyar y a transmitirme algunas cosas, rudimentos de la batería y de la percusión y ahí empecé a tocar. Después en la escuela con el profesor de música, después en diferentes eventos y  bandas hasta que empecé mi carrera aquí en Bariloche y en Buenos Aires. Me fui a trabajar convocado por Miguel Cantilo en los ’80, y la experiencia en Buenos Aires me permitió trabajar con diferentes músicos: Pedro y Pablo, Rubén Rada y Miguel Abuelo,  conocer varios estudios de televisión y de grabación; después volví y hoy integro tres bandas: La Gipsy, Lado Funk y Trío Fantoma.”

Familia de músicos.

Esencialmente familia de músicos, define Carlos a su familia. Familia de artistas, entre quienes podemos recordar a su padre, Carlos “Chingolo” Casalla, baterista y percusionista, y además un maestro entre los dibujantes de comics de todo el mundo. Gran pionero de los lagos del sur.

Eduardo (hermano menor de “Chingolo”), es uno de los bateristas más brillantes del jazz argentino, favorito de grandes exponentes del género como Gato Barbieri, Lalo Schiffrin y Mono Villegas.

Javier (hijo de Eduardo) es el virtuoso violinista de Bajofondo Tango Club, una vistosa tarjeta de presentación para un músico inquieto y creativo.

Carlos (hijo de “Chingolo”) es bajista, percusionista, cantante y compositor y uno de los exponentes de los inicios del rock nacional, y nexo entre las distintas vertientes artísticas que alumbran a los Casalla.

Joaquín (hijo de Javier) es el más joven seguidor de la vertiente rítmica familiar, que le puso “sangre nueva” al disco de La Chingolera.

Luis María (hermano de “Chingolo”) veterano músico de jazz que ejerció su actividad desde más de medio siglo con el primer grupo revivalista de nuestro país, Lexica Rhythm Kings, y el conjunto de swing más prestigioso de aquellos días, los Rhythmakers. Fundado el Bop Club Argentino y como trombonista profesional integró orquestas con Lalo Schifring, Horacio Malivicino, Buby Lavecchia, Jorge Anders y Marito Cosentino. También tocó con Tony Bennett, Nat Cole, Natalie Cole, Paul Anka, Sammy Davis Jr. e integró la orquesta de la revista del Cotton Club en 1958 y también formó parte del staff de Xavier Cugat Raiconniff y Julio Iglesias en giras internacionales. Falleció en 1998.

Último Disco

El disco Cachafaz del trío Fantoma es la reciente producción de uno de los grupos musicales que integra Casalla y se va a presentar por estos días de septiembre, además de estar en medio de una gira por el sur de Chile.

Su participación en la prolífera actividad cultural barilochense ha sido activa, como él mismo lo cuenta, “siempre estuve aquí participando de diferentes eventos, desde la docencia también, desde la formación, como educador en un montón de oportunidades y con un montón de anécdotas de otras ramas de la cultura como la escritura y la fotografía, la pintura, el tallado. He colaborado y he formado parte de varios eventos, por ejemplo en el formado de diferentes murgas, cuando volvió el carnaval en los ’90 y ahora también. Hay mucha diversidad cultural en Bariloche y con muchos artistas tuve la suerte de interactuar”

El programa Usinas Culturales.

“En este programa de Usinas culturales estoy desde que se lanzó en el 2012 dando talleres de percusión, de tambores. He pasado por diferentes lugares, actualmente estoy en el taller-escuela Angeleli, en la escuela 321 y en el Emaus, como coordinador de la murga. La propuesta es aprender a tocar algún elemento de percusión, sea bombo leguero, tumbadoras, bongo o cajón, e incluir a la gente que tiene ganas de hacerlo que tal vez no tiene demasiado tiempo para participar en otros talleres o no tiene plata, o no tiene la posibilidad muchas veces de comprar un instrumento.  Es una de las posibilidades artísticas que brinda el programa.

El taller está planteado para niños, jóvenes y adultos mezclados, “no hay un día para cada uno, sino que es abierto, libre, gratuito y todos juntos. Sale muy bien, eso de no dividir funciona. Tengo muchos casos de padres que van con sus hijos. Las metas son hacer dos presentaciones por año, en las muestras de Usinas Culturales o a veces en las mismas escuelas donde estoy trabajando”

“Es un programa que intenta que la gente tenga un lugar donde pueda expresarse artísticamente y desarrollarse y básicamente en muchos casos no estar en la calle y estar haciendo una actividad piola”

Los grupos y las Experiencias

“Me han quedado muchas experiencias grabadas en el corazón y en la mente, como estar en Emaus y ver cómo han avanzado como grupo y musicalmente. Las experiencias de salir a la calle a tocar y ver cómo la gente los recibe y con el entusiasmo de ellos, la alegría y creo que de eso no me voy a olvidar nunca. Y otros grupos también, van cambiando mucho, pero todo me deja buenas sensaciones, buenos recuerdos.”

El Hogar Emaús surge en el año 2008 bajo la consigna “un techo para los sin techo”; con la intención de acompañar a los varones en situación de calle. Un importante número de estas personas tienen un consumo problemático de alcohol, lo que siempre constituyó una realidad y un desafío en el servicio que ofrece el hogar.

“También estoy trabajando hace muchos años en el programa Taller de Bandas que también depende del Ministerio de Educación y las experiencias y anécdotas son muchas, todas en general me han dejado una sonrisa en el corazón y ver que vale el trabajo de todos, de la persona que se anota con sus problemas a veces para adaptarse a trabajar en grupo, y están los que vuelven y tienen otra vez la posibilidad, es imborrable”

“Todos los años es diferente. Gente que sigue desde que empezó el taller y ha avanzado mucho, después gente que viene y se va. Pero creo que es importante, no porque esté yo, sino porque está La oportunidad que no se da en muchos otros lados y en todos los talleres noto que está creciendo y se está poniendo cada vez mejor”

¿Cómo crees que vive la música las nuevas generaciones?

_La viven como la mía, es diferente la historia y el momento y el tipo de música que escuchan, pero uno se identifica con la música que en ese momento le fascina, le atrapa o le representa. Siempre decimos que en la época mía los músicos transmitían otros mensajes y otros valores, puede ser. Pero lo que importa es el momento que le toca en su juventud a cada uno y con qué se identifica. Yo creo que ahí es donde uno puede también transmitir cosas”

_¿Qué expresas con tu música?

“Yo creo que expreso, depende la música que haga, creo que uno se expresa a través de la música, si está contento, si está triste. Pero yo lo que quiero expresar siempre es que hay esperanza de lograr un mundo mejor, aunque parezca una frase antigua, pero creo que la música tiene ese poder de sanar, de curar, de estar cuando más se necesita el afecto y el acompañamiento”

Chingolo

Carlos Chingolo Casalla es el papá de “Carlitos” Casalla. Nació en  Buenos Aires en 1921 y falleció en Bariloche, el 5 de abril de 2017. Fue un historietista argentino, especializado en temas gauchescos y músico.  Su apodo “Chingolo” refiere a uno de los nombres más populares del llamado “gorrión americano” Zonotrichia capensis.

_¿Cómo recuerda a su padre?

_Lo recuerdo como un gran artista, enorme artista, inspirador, una persona con mucho amor hacia su familia y hacia sus amigos. Humilde dentro de su grandeza. Él nunca te iba a decir que era un capo. Aunque seguramente lo sabía, como el artista que fue y seguirá siendo para este país.

No debe existir frase más contenedora y dulce que “cantame una canción para dormir”, no importa la edad que tengamos, la música nos lleva a ese lugar de refugio que nos relaja y nos llena de felicidad, sobre todo si viene de la voz de un ser querido. Esta puede ser la pequeña contribución diaria a llenar de esperanzas la “antigua” frase de lograr un Mundo mejor.

 

Por Mariela Martínez

Equipo de Comunicacion Popular Al Margen

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