Murguitas del sur

Aprovechamos la gira patagónica de Agarrate Catalina para encontrarnos con uno de sus integrantes. En esta entrevista TABARÉ CARDOZO nos da su visión del “ser uruguayo”, del fenómeno social de las murgas y del salto que significó para el grupo quedar afuera del certamen del carnaval uruguayo.

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fotografia Mateo Silva Rey

Ni bien arrancamos con la primera pregunta, no pudimos evitar caer en la aclaración de las murgas, “las de acá y las de allá”.

– Siempre que vamos al barrio, hay una murga y los más chicos se suelen nuclear alrededor de ella, ¿cómo influye la murga en la actividad social? ¿contribuye al cambio social, a la vida de lo barrial?

Se llaman igual, pero son muy distintas. Es como el fútbol. El fútbol, para nosotros, los latinoamericanos, o para los europeos significa una cosa y para los yanquis significa otra. El fútbol americano es un deporte más parecido al rugby, se juega con la mano. Se llama igual, pero es otro deporte. Con la murga pasa la mismo. La murga uruguaya es otro deporte, distinto de la murga argentina. Ni mejor ni peor, distinto. Y el error de la comparación es justamente la comparación, porque son géneros diferentes. Y te hago esta aclaración porque vos me preguntás acerca de la inserción social y el trabajo social y en ese sentido, si entramos en el error de la comparación, yo te diría que la murga porteña cumple una función mucho mayor y mejor que la murga uruguaya. Porque la murga uruguaya es de poca participación popular. Sí es de mucha convocatoria popular y sí tiene un gran arraigo en la cultura y en la identificación popular, pero la gente no participa de esas murgas, participa como espectadora, es un carnaval más contemplativo. La murga porteña o la murga argentina en general, tiene eso de inclusión social que desde el pibito chiquito hasta el abuelo, se ponen su levita y murguean y bailan y cantan una canción a coro todos juntos y van atrás de una consigna. Eso no pasa en Uruguay y eso es algo que no creo que cambie tampoco.

-Sin embargo la murga uruguaya tiene un anclaje en lo social, principalmente lo notamos en las letras, ¿consideran que eso es denuncia o que es solamente mostrar una realidad?

Tenés que pensar que la murga como género tiene más de cien años, entonces, a lo largo de todo ese siglo pasado y lo que va de este siglo, ha mutado mucho el género en su formato, en su contenido, en su discurso. Por ejemplo al principio, la murga cumplía una función de divertimento, era como una válvula de escape social, enmarcado dentro de lo que eran las carnestoletas y los carnavales programados por la Iglesia Católica para descomprimir el carnivale y las fiestas de las máscaras italianas, carnaval donde era una descarga y después venía la cuaresma y los días previos a la pascua y el arrepentimiento. Y empezó siendo así, como la fiesta de descontrol y las murgas no escapaban de eso. Era un escape social donde se podía decir cualquier cosa de cualquiera con la cara pintada y haciendo jodas. Después comenzó a cumplir una función social de alguna manera porque aglutinaba gente, se empezó a hacer como más barrial, en el sentido que cada barrio tenía su murga, o sus murgas, y eran todas de origen muy proletario, muy laburante. Gente que capaz que no había terminado la escuela, trabajadores marginales casi: vendedores ambulantes, pregoneros, por eso la murga tiene como esa impostación arrabalera, nasal para cantar, que es la misma que tiene el pregonero de la feria. Entonces ahí tenían voz personas que no…por ejemplo, en 1920 ó 1930, gente de los frigoríficos, que trabajaba en las curtiembres, feriantes, diarieros, canillitas, se juntaban en la esquina a tomar grapa en el bar, en el café y se armaban una murga, y cantaban y hacían cultura. A su manera. Y los que tenían berretines de poeta en el cafetín, capaz que no podían publicar en el diario intelectual de la ciudad o del barrio, pero podían escribir en una murga. Y el cantante que no podía llegar a ser cantante ni siquiera entraba en el casting para una orquesta de tango, pero en una murga entraba. Y aquél que era medio borrachín y no le gustaba mucho el laburo, pero bueno andaba ahí…en vez de andar afanando viejas, se juntaba en la esquina con los muchachos para hacer cultura. Entonces el género se empezó a fortalecer y en un momento terminó siendo eso, la voz de los que no tienen voz. También tenés que situarte que nosotros atravesamos varias dictaduras y había como una voz sola que salía por los pocos canales de televisión que había y las radios estaban todas flechadas, entonces había una versión oficial de los hechos y una versión extraoficial que la decían las murgas en carnaval. Pero eso cambió. Hoy tenés facebook, twitter, cualquiera opina sobre cualquier cosa libremente, por suerte, y ya no hay una versión oficial que es la verdadera y una extraoficial que tenés que esperar hasta que llegue febrero para que las murgas la digan. Pasa y al toque cada uno opina como la historia de los cuatro ciegos que tocan un elefante y cada uno se va con su idea de cómo es de acuerdo a la parte del cuerpo que le toca. Entonces ahora la murga tiene otro desafío distinto que ya no es ese mismo desafío que tuvo históricamente. Ahora es como una especie de cosmovisión personal de cada uno de los letristas, de cada una de esas murgas.

-¿Y cómo hacen para componer?

En realidad lo que pasa es que vos te juntás, partís de la base que las murgas son barras, bueno antes eran los muchachos del cafetín, ahora capaz que es gente de la misma facultad o gente de un grupo de teatro, gente de un centro social. Dime con quién andas y te diré quién eres y al revés, dime quién eres y te diré con quién andas. Entonces vos te juntas con la gente que más o menos se te parece ideológicamente, tenés las mismas inquietudes artísticas, entonces el producto que armas va a ser una especie de unanimidad de ese grupo. La cosmovisión que tiene el letrista va a reflejar el promedio de lo que piensa ese grupo. Aunque eso va mutando ¿no? Yo no soy el mismo tipo del año 2001 cuando se armó la murga.

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fotografia Mateo Silva Rey

-Vos me decías que la murga uruguaya no tiene tanta inserción

barrial o social, pero igual me imagino que todos los pibes esperan algún día estar en una murga, ¿o no?

Sí. Yo creo que por lo menos de ese circuito en el que nos movemos nosotros.

Jorge aporta un dato de la intimidad familiar:- por lo menos lo que contaba hoy tu hermano, que a los seis años ya estabas ahí con el redoblante haciendo tus propias letras en el patio de tu casa…

Tabaré: -Igual, mi hermano es muy exagerado y me quiere mucho. En realidad era más grande, tenía como diez años. El tenía seis, pero no lo dejábamos participar porque era muy chico y andaba ahí como de mascotita. No se animaba, era muy tímido.

Jorge: -Igual, los tiempos han cambiado demasiado, acordate del “no salís si sos menor”.

Tabaré: -Claro, la frase de Jaime Roos en Los futuros murguistas, esa canción tan emblemática que recita: “hay tradiciones que están más muertas que un faraón y hay otras vivas en las esquinas de la ciudad, los botijas se las saben y no los podes parar” y es un poco así. De repente, capaz que a un botija uruguayo le querés enseñar el himno y no se lo sabe y capaz que se sabe la retirada de la murga de la esquina de la casa. Y eso también uno tiende a generalizar y a mí me gustaría pensar que Uruguay es eso, pero no es eso solamente. Eso es una porción de gente que más o menos tiene como esas inquietudes artísticas, una inclinación hacia ese determinado género, pero no es todo. Sería una simplificación, como decir que todo aquél que vive en Mississipi le gusta el blues o todo aquél que vive en Buenos Aires le gusta el tango y no necesariamente. Es como que la banda de sonido nuestra es el candombe, la murga montevideana, pero ni siquiera a todos los montevideanos les gusta la murga porque también hay una cuestión de clases sociales. La murga ha sido de izquierda siempre y a la gente de derecha no le gusta, claro porque recibieron tantos palazos que se alejan ¡¿qué va a ir a un tablado un tipo que tiene una casa en Punta del Este. También eso ha ido cambiando ahora que la izquierda es gobierno, hace quince años. Ya se ha mandado cagadas la izquierda también, entonces la murga empieza a caerle a la izquierda, entonces ahí la gente más de derecha se arrima un poco más: “¡ah! Mirá, estos no era que estaban solamente ensañados con nosotros”. Ta’bien, la murga es del pueblo y cuando el pueblo se enoja critica al que está en el poder. Entonces eso también va mutando, nos va haciendo bien a nosotros también como murguistas porque hemos cometido el error de estar muy flechados, que todo lo que hacen los Blancos y los Colorados está mal y todo lo que hace el Frente Amplio esta bien, y no es así. Eso no quiere decir que nosotros vayamos a cambiar de bando y que ahora seamos derechistas, nada que ver. Seguimos teniendo los mismos ideales de justicia social, de reparto equitativo de la riqueza.

-¿Cómo ves a los pibes?

Lo que pasa que, por un lado, te puedo decir que el género murga se nutre de la juventud, por ejemplo del fenómeno Murga Joven que surge en el año 2000 cuando nosotros eramos jóvenes y La Catalina es una de esas murgas del movimiento Murga Joven, junto con La Mojigata, Queso Magro, Metele que son Pasteles, Cayó la Cabra, y un montón de otras murgas que participan en el carnaval que nació de ese movimiento. Y sigue, es como un semillero, de pibes que tienen 20 años. Por ese lado, la gente de entre 20 y 30 años está metida en la murga. Los pibes más chicos, en general, no se acercan mucho al género murga, están en otra. También es un desafío llegar a ese estrato etario. No es un público que nosotros tengamos, hay muy poco pibe de 14, 15, 18 años que nos vaya a ver.

-¿Cómo ven a la Argentina

con estos cambios políticos que

hemos tenido?

No opino de eso. Porque me parece de mal gusto opinar sobre la realidad de otro país, que conozco superficialmente y no en profundidad. Nosotros tratamos de no embanderarnos con política internacional. Hablamos de política de nuestro país porque la conocemos y en su momento apoyamos al Pepe, o sea, nos jugamos políticamente. No es que le saquemos el culo a la jeringa, hablamos de política, no tenemos ningún problema, pero de política internacional no nos gusta hablar por respeto. Si venís una vez cada tanto a cantar y te vas, opinar es una falta de respeto.

-¿Cómo viven hoy, después de

tantos años, seguir viajando

y seguir de gira?

Como un trabajo nunca. Yo hice esto para no trabajar. Después se transformó en un trabajo y terminamos trabajando mucho más de lo que lo hubiéramos hecho en un trabajo convencional, porque esto es 24 horas al día. Toda aquella persona que se dedica al arte, se dedica al arte porque no puede vivir si no lo hace, no porque quiera ganar plata con eso. Sino, no es un artista. Tomamos como una cosa impensada. Imaginate hace quince años cuando se juntaban los amigos de mi hermano a participar de Murga Joven, a hacer cantarolas y matarse de risa y quince años después estás viajando a China, Alejandría, El Cairo, Rusia, Roma, Estados Unidos, Australia, Tailandia. Son lugares que vos decís: pero cómo yo estoy cantando acá si estaba cantando en la esquina, me iba a ver mi vieja, una novia…y cuando te querés acordar estas del otro lado del Mundo y la gente te va a ver como si fueras un fenómeno cultural, hasta te hace sentir que sos importante y todo. O sea, lo que pensamos en esos momentos es en realidad agradecimiento, sorpresa, perplejidad por tanta cosa buena que nos está pasando y una gran sensación de responsabilidad ante la imagen que estamos dando. Hemos sido como Embajadores Culturales, te tenés que portar bien.

-¿Y alcanzan a conocer algún cachito

de esos lugares

donde van o no se puede?

Y bueno, hicimos una canción que se llama Todo el año es rock and roll que habla de eso: recorrer el mundo entero, conocer solo el hotel. Algunos tienen un poco más de tiempo porque tienen más juventud, yo soy de los más viejitos entonces cuando tengo tiempo lo que hago es tratar de dormir porque estoy muerto. Salvo casos en los que sabía que no iba a ir nunca más, por ejemplo fui a la Muralla China, estar en China y no ir a la Muralla, sos un…

Y como si la vida se hubiera enterado que Tabaré nos contó que la murga a veces nace de juntarnos con amigos en un bar, esa noche los vi volver a esas raíces improvisando en un bar local, regalándonos un poco de murga uruguaya en la intimidad del bar de la esquina.µ

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fotografia Mateo Silva Rey

Vida fuera del carnaval 

A propósito del carnaval uruguayo, le preguntamos sobre lo que significó para Agarrate Catalina quedar afuera del certamen más esperado por las murgas uruguayas. El compañero de FM Más, de Dina Huapi, le consultó a Tabaré si después de eso, puede plantearse un posicionamiento distinto para que cambien algunas cosas o sostienen que está bien como está todo el certamen de murgas en Uruguay.

Nosotros nunca cuestionamos, no cantábamos en contra del concurso. Lo que pasa es que nuestro lenguaje estético y nuestras herramientas empezaron a tomar otro rumbo, entonces de repente hay cosas que se van de madre, de repente es un pájaro demasiado gordo para el nido y te terminan echando porque te comes la comida de los otros pichones. No se qué pasó. También se mezclan cosas que tienen que ver con política interna de las agrupaciones del carnaval, con política-política y también con cosas del ser uruguayo: la envidia, la apología del fracaso que está bravo. Hay un chiste que dice que se encuentran dos tipos, caminando por la calle, y uno viene con una caja de cartón sin tapa, entonces se saludan y el otro le pregunta: ¿qué tenés ahí?. “Acá tengo ranas”, le dice. El loco mira y le dice: “pero no tiene tapa esa caja, se te van a escapar”. “No, no”, contesta el dueño de la caja, “no hay problema porque estas son ranas uruguayas”. Y el loco le dice: “pero qué, ¿no saltan?”. “Sí, saltan, pero cada vez que una salta todas las otras la agarran de las patas y la tiran para abajo”. Y eso ilustra bastante bien lo que es la sociedad uruguaya. O sea, más uruguayo que yo, difícil: me llamo Tabaré Cardozo, soy uruguayo por todos lados, soy murguista, lo único que no hago es tomar mate, pero soy uruguayo y defiendo mi país y soy bastante pro-uruguay, pero reconozco los defectos gigantes que tenemos y me ha tocado padecerlos. Yo creo que a La Catalina le pasó eso, el entorno terminó linchando a lo que hacía. Y fue un poco lo que nosotros sentimos que fue lo que nos pasó, nos dolió y casi nos morimos cuando nos echaron, pero bueno, de alguna manera te cortan el cordón umbilical, te duele, pero te pusieron alas también.

Y eso está bueno también porque nos permitió armar un espectáculo que no lo hubiéramos podido presentar en carnaval. Es tan rígido el reglamento que no podes hacer nada. Entonces esta historia no la hubiéramos podido contar, dura dos horas, según el reglamento tiene que ser 45min. No podes usar instrumentos que no sean bombo, platillo y redoblante y nosotros usamos un kiosco de millones de instrumentos de percusión más guitarra eléctrica y pantalla gigante donde contamos la historia desde esa pantalla, con periodistas que intervienen mucho ya que en el carnaval no podes tener un parlamento mayor a siete minutos. Al espectáculo le termina haciendo un favor pero a nosotros como grupo nos mató porque también somos una cooperativa económica y resignamos contrataciones por participar en el carnaval y perdimos muchos laburos de todos los meses que teníamos guardados para el carnaval donde la murga no tenía contrataciones desde octubre hasta abril y hubo que hacer malabares para llevar el pan a la mesa.

por Mariela Martinez  Fotos: Mateo Silva Rey

Equipo de Comunicación Popular Al Margen

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