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PAISANO… ¡DEL BARRIO ABEDULES! ENTREVISTA COLECTIVA CON RICARDO MOLLO

Ricardo Mollo, cantante y guitarrista de Divididos, visitó la Sala de Ensayo Comunitaria de Bariloche. Allí adolescentes de diferentes bandas de la ciudad y medios comunitarios, pudimos charlar sobre temas tan diversos como su infancia, la música y su manera de componer, anécdotas de Luca Prodan y Spinetta, la vergüenza de la estatua de Roca y la coyuntura político social de país con respecto a la cultura. PAISANO… ¡DEL BARRIO ABEDULES!

 

Sábado a la tarde. Jóvenes que entran y salen del lugar portando instrumentos o charlan acerca de tal o cual arreglo. Del interior se escucha alguna de las zapadas que los músicos improvisan a diario. A simples vista y oídos, parece una jornada igual a tantas. Sin embargo, una mezcla de esperanza y nerviosismo se adivina cada vez que uno de los pibes disimula y mira hacia la ruta.

Anoche fue una velada especial: DIVIDIDOS cerró con un show demoledor la primer jornada de la Fiesta de la Nieve de este año. Pese a que está confirmado, alguno desconfía y en voz baja interroga al de al lado: “¿Será verdad que viene MOLLO a nuestra sala?”

 

El tiempo se estira con la misma elasticidad con que las notas de un bronce alocado cortan el aire. La bata y el bajo hacen la base rítmica, dos violas dibujan solos mientras muchos esperan su turno en los instrumentos y disfrutan de lo que entre todos construyen. En la pared principal y a espaldas de la banda, un mural colectivo otorga mayor personalidad al lugar. Del techo cuelgan paneles acustizantes y quienes no ocupan los bancos, caminan cuidadosamente para evitar enredarse con algún cable zigzagueante. De repente, uno vuelve a treparse a las ventanas y ve llegar un auto.

La alegría estalla en su rostro: “¡AHÍ VINO! ¡AHÍ VINO!”

La puerta se abre y a pesar de la admiración generalizada, descubren que entra un músico más: es Ricardo Mollo, quien se ubica en un rincón y respetuosamente aplaude luego de que los ejecutantes terminan con su construcción sonora.

 

Quien hasta hace momentos soplaba la trompeta, rompe el silencio y arranca un diálogo grupal que durará alrededor de dos horas: “Antes que nada, lo aclaro: si me pongo nervioso es porque sos mi ídolo. Cuando todavía este lugar en el que hoy estamos no existía, había un bar que era el único espacio en el que podíamos tocar y hacíamos “TRIBUTO a DIVIDIDOS”. ¡Quiero que sepas que fuiste nuestra inspiración!” (Aplauso generalizado).

Tras un recorrido por la historia del espacio que arrancó hace más de un año y medio, (Ver AL MARGEN número 63), otro de los músicos cuenta que el próximo desafío es la construcción de la sala de grabación y el sello discográfico propio. “La autogestión hoy es posible –apunta Mollo–. Antes las maquinarias eran muy costosas y no existían las posibilidades que te brinda actualmente la grabación digital, que te permite tener un DEMO decente y si trabajás más, tener un disco.

Lo más importante es creer y estar convencido de lo que hacés”.

 

Tras recorrer el lugar donde se corporizarán estos deseos y aconsejar acerca de remodelaciones y equipos, el guitarrista recuerda el momento de la grabación que realizaron en el mítico estudio londinense Abbey Road; “Lo que noté allí es la importancia del criterio del que opera las cosas. El ingeniero de sonido no hace magia, lo que hace es trasladar la idea del músico a los parlantes del control. Es importante también que los músicos sepan pedir lo que necesitan y conozcan el idioma técnico para llegar más rápido al resultado buscado”.

 

 

  ENTREVISTA COLECTIVA

De a poco los músicos locales se empiezan a aflojar y las preguntas y pedido de sugerencias empiezan a fluir. Esto se facilita de acuerdo al bajo perfil de Mollo que parece uno más en medio del racimo de pibes y pibas que tienen delante suyo a un ídolo de siempre. Así surgen sugerencias de Ricardo a la hora de armar el sonido, criterio de quién opera, las características que propone a la sala de ensayo y otras cuestiones más técnicas. Aquí reproducimos inquietudes tan íntimas que pudieron poner en forma de pregunta los jóvenes y no tanto.

 

—¿Cómo empezaste con la música?

—Mirá, mi debut musical fue a los 9 años en un concurso de canto en una Sociedad de Fomento barrial. Canté “Ella ya me olvidó” de Leonardo Favio y gané, y fue reloco porque para mí la copita que me dieron no significaba nada, pero dije “Ahora tengo que aprender a tocar la guitarra”, y a los trece arrancó todo. El primer riff que saqué fue el de “SUNSHINE OF LOVE” de CREAM.

Esto que voy a decir no es un buen ejemplo, pero yo en tercer año dejé el colegio por la música. Cursaba en un colegio de curas que, debido a una reforma curricular que fracasó en mi época de estudios, era en el único lugar donde me aceptaban. Un día un profesor de anatomía me encuentra en la carpeta una foto de Led Zeppelin, una de Hendrix, una de Santana. Las miró y me dijo: “¡TE GUSTAN LOS HOMBRES!” (Risas). entonces entendí que no encajaba en el sistema y me fui. Mi viejo me puso a laburar en la fábrica de zapatos, en la línea de laburo más pesada. Trabajaba de 6 a 18 y durante todo ese tiempo mi cabeza componía. Después me iba a ensayar todos los días hasta las 11 de la noche y volcaba la parte creativa ahí.

 

—¿Cuándo empezaste a relacionarte con el folclore?

—En un momento desandás el camino y volvés al comienzo. Recuerdo a los 4 años ir en un Rastrojero con mi viejo y mi hermano y escucharlos cantar “EL ARRIERO”. Mi hermano mayor fue una referencia en el tema desde chico. Todo eso está en mí desde mi infancia porque en casa se juntaba mucha gente a tocar folclore. Si bien a esa edad era para mí incomprensible, un día con DIVIDIDOS estábamos en la sala tratando de hacer un blues al estilo Zeppelin y en medio de esa densidad bajó la letra del tema de Yupanqui y quedó. Es ser respetuoso de la historia y la vuelta de las cosas.

 

 —¿Extrañás a Luca?

—Luca se murió en el ’87 y mi viejo en el ’88. No te digo que todo el tiempo, pero todos los días tengo recuerdos suyos. Para nosotros fue como un padre musical que te tiraba la pelota para que vos juegues… SUMO era una banda con seis tipos muy distintos que supo mantener la personalidad de cada uno. Germán (Daffunchio, actual LAS PELOTAS) es un guitarrista que tiene un estilo propio, así que más allá del dominio de la técnica, es importante encontrarlo y no sonar como tal o cual. Está bueno tener tu propio sonido.

 

—¿De qué te valiste para seguir en la música cuando murió el pelado?

—Yo toco con Diego Arnedo (Bajista de DIVIDIDOS) antes de conocerlo a LUCA, y previo a SUMO tuvimos varios proyectos juntos. Uno con “ALAMBRE” González (al que denomina como “el guitarrista mas grosso de Argentina”) y otro junto al “PIOJO” Ábalos (baterista de LOS REDONDOS en la primera época). Ensayábamos mucho y tocábamos poco porque no había lugares. Tocábamos en la iglesia y nos autogestionamos con una mesa con panchos y gaseosas y la entrada que pagaban los amigos. Con SUMO pasó lo mismo, los discos empezaron a venderse luego de la muerte de LUCA. Hicimos dos veces Obras Sanitarias, que era un lugar para 4000 personas y había 900. Siempre fue remarla y buscar lugares para tocar. La realidad es que gracias a “La Rubia Tarada” y “Los Viejos Vinagres” (Hits comerciales de la banda) llegamos a tocar en televisión… No es verdad todo lo que se dice.

En el ’73 alquilé una sala y por ahí pasaron todos los grupos en los que toqué. Cuando LUCA se fue veníamos de ensayar 4 años con SUMO y nos quedamos solos con Diego, y el lugar nos parecía tan enorme que me traje cajas vacías de la fábrica de zapatos de mi viejo y construimos una pared en el medio para que el lugar no nos resultara tan enorme. Teníamos una batería electrónica y armé todas las bases ahí, porque no teníamos baterista. Gustavo Collado aparece poco antes del primer show de la banda, así que le pasamos lo que habíamos grabado y él copió los temas del primer disco de DIVIDIDOS.

 

—¿Cómo es la manera de componer que tienen?

—La manera de componer va cambiando con el tiempo y uno va haciendo las cosas de distintas maneras. Al principio era sacar unos acordes y tratar de encontrarle la melodía a eso y después los arreglos. Por ejemplo en el último disco muchas cosas salieron de tocadas en la sala y después eso mutaba. La música te va llevando hacia un lugar y hay que dejarse llevar. Antes de decir “No”, hay que probarlo. En un momento, en el tema “Amapola”, Diego me dice que toque los acordes de otra canción que habíamos tocado y yo pensaba que no entraba, lo probé y quedó buenísimo. Es así.

 

—¿Alguna anécdota de cuando tocaste con Spinetta?
—El mejor recuerdo que tengo de la noche del show con Luis Alberto Spinetta junto a todas las formaciones de su historia, al que denominó “Las Bandas Eternas”, es haber estado ahí. Estar en las bambalinas y ver a la madre de Luis charlando con todos esos monstruos y ver por ejemplo a Almendra, Pescado Rabioso e Invisible fue terrible. Parecían tipos de otro planeta. Otra anécdota con Luis es cuando lo invitamos a hacer “Despiértate Nena”. El tipo cayó con la viola y pasamos su tema más de doce veces hasta que se quedó conforme. En un momento me dice: “¡Lo que pasa es que el tema ahora no es más mío, ahora es de ustedes y lo tengo que aprender! Eso es humildad. ¡El tipo tenía la cultura del ensayo, encima! Imaginate que ensayaba con tres bandas al mismo tiempo para armar ese recital.

 

INSTANTÁNEAS DEL SHOW EN BARILOCHE

Uno de los momentos más emotivos de la presentación en el Centro Cívico, fue cuando subió al escenario Rubén Patagonia durante el tema “Indio deja el mezcal”. En el arranque, Mollo pidió perdón por lo hecho a los pueblos originarios a lo largo de la historia. “Cuando llegamos a la prueba de sonido del jueves y me encontré frente a la estatua de Roca pensé: ¿Qué hace este tipo todavía ahí y qué hace en los billetes de 100 pesos? Se avanzó mucho con la recuperación de las raíces y por ejemplo hoy a diferencia de lo que ocurría hasta hace poco sienten orgullo por su origen. Si bien falta mucho, ese es el primer paso. Por ejemplo a mí la obra de Milagro Salas me conmueve porque lo que hizo fue cambiar el subsidio por una máquina de coser. Es concientizar al otro de que el orgullo del trabajo nace de la idea de uno, sino volvemos a la esclavización, y estás siempre con el agua al cuello. Son procesos largos, pero así caen los imperios.

 

A mí me tocó vivir diferentes tipos de Estado. ¿Qué te pasa con este Estado con el cual ahora nos toca convivir?

—Más allá de que el Estado pueda propiciarte algunas cosas que en los ’90 te sacó, hoy la batalla es contra el poder económico, que son los dueños reales del sistema, y son los que manejan nuestra comida, nuestros servicios. En nuestro caso el ir en contra del mercado y apoyar determinadas causas como ser la de los Autoconvocados contra la Megaminería nos llevó a que en algunas provincias no nos llamen más a tocar, por ejemplo en Catamarca. Hay cosas que te molestan. A mí me da vergüenza que esté este tipo arriba del caballo (por Julio A Roca), y por eso pedí sin hacer especulaciones previas perdón como un acto solidario. Son cosas que no se pueden dejar pasar. Políticos somos todos y todo lo que hacemos en nuestras vidas es política. Lo que ustedes hacen acá en la sala de ensayo es política; por algo como esto en otra época los podían tildar de comunistas y pegarles un tiro en la cabeza o terminar bajo el asiento de un Falcon. Hay que aprovechar los espacios y generar conciencia a partir de las cosas importantes en las que se cree. Si vos sos consciente de las cosas la mirada es otra y la posibilidad de cambio es mayor, si no tenés conciencia es como que te duela el hígado y seguir chupando. Es más o menos como dice nuestra canción “la historia escrita de vencedores no pudo hacer callar a los cantores”. Es eso a pesar de todo. Para mí un gran avance del último gobierno fue meterle el sentimiento de militancia a la juventud. Mirá que Néstor (Kirchner) a mí no me caía bien, pero cuando se fue empecé a ver la otra parte y ver que todos empezamos a ser un poco más militantes, no importa de qué, sino que sos un ciudadano y quieras o no, hacés política.

 

—¿Tenían ganas de venir a tocar a Bariloche?

—Sí. Cuesta mucho venir al sur por el tema el traslado para hacer algo digno y no con un equipo de emergencia. Somos cuidadosos con el tema del sonido porque la gente viene a escucharnos, no a vernos. Hay una exigencia en reproducir lo que nosotros queremos que se escuche. Y también con el tema de la seguridad, nosotros queremos cuidar a quién se mueve de la casa para ir a vernos. Es mucha energía en movimiento. Y a veces esa energía uno la procesa bien y a veces más o menos. Pero todo es un aprendizaje. Por ejemplo cuando hicimos ¿Qué ves?, parecía una osadía hacer un ritmo e reggae con una chacarera. De hecho al principio tuvimos muchas críticas y después cuando se hizo una canción popular la padecimos y la dejamos de tocar porque la pasaban en programas de televisión que no nos gustaban. ¡Dejen a nuestro hijo tranquilo! Hasta que entendimos que una vez que te ponés a tocar una canción ya no te pertenece. Hay que bancársela.

 

—¿Qué le pasó a Divididos con Cromañon?

—A nosotros nos pasó antes, porque tuvimos una desgracia en un festival al aire libre en Buenos Aires. El tendido eléctrico para los puestitos de comida lo habían hecho muy mal, había agua, entonces se rompió el alambre y la gente empezó a pasar por ahí. Mi hija pasó por ahí. Lo que le pasó a ese chico le pudo haber pasado a mi hija. Para mí fue terrible, además porque fue un tratamiento horrible de la prensa que protegía al Secretario de Cultura de De la Rúa, y nos incineraron a nosotros que aparecimos como culpables de esa muerte trágica. Torcieron la situación para no perjudicar a los políticos. A partir de eso empezamos a tener extremo cuidado con todas esas cosas que no tienen que ver con la música pero sí con que la gente esté segura. Porque si tienen que ocurrir las cosas ocurren, pero si vos hiciste todo lo que tenías que hacer, al menos tu conciencia va a estar mejor que si no hiciste nada.

 

—¿Creés que algo parecido les pasó a Callejeros?

No, no. La fecha que tocó Callejeros era une fecha que en principio íbamos a hacer nosotros, pero fuimos a ver el lugar y no daba. Había muchas cosas que faltaban o no andaban. Así que no tocamos.

 

—¿Te sigue pasando lo mismo cuando te subís al escenario?
—Sigo teniendo ansiedad y miedo de subirme al escenario. Si no sentís eso estás muerto, lo que no tiene que pasarte es paralizarte. La adrenalina cuando se pasa de rosca es veneno y no te tenés que envenenar. Mi mayor satisfacción es estar en el ensayo y que algo salga bien. Cuento una anécdota. Cuando Luca se fue, armamos la banda y tocamos en un festival y el crítico que hizo la cobertura nos destruyó. Escribió; ”es una banda que se nota que falta alguien en el medio”. Entonces según ese patrón todos tienen que sonar igual. Lo que está diciendo es que nunca íbamos a poder superar algo que había pasado y que estábamos muertos. Pero nosotros seguimos tocando. ¿Y sabés qué pasó? Un día me lo encuentro al crítico en un momento en que estábamos buscando baterista y me dice “sabés que estuve a punto de llamarlos para probarme de batero”. Increíble…

 

Luego de sacarse fotos y firmar autógrafos en instrumentos, CDs y remeras, Ricardo Mollo se calzó la viola y participó de una zapada con varios de los músicos. Entre los presentes (y perdón si olvidamos alguna), había integrantes de “Cerebro Urgente”, “Ajo y Agua, “Dunamis”, “14 ojos”, “Tronador”, “Manteca al techo”, “Sinfónica”, “Ecos del Nahuel, “Vacaciones”, “Radio Conexión Joven”, del Coro Juvenil municipal y de Murga “el Farolito”, y como único medio la revista AL MARGEN.

 

Antes de retirarse, quisimos preguntarle a Ricardo por qué decidió participar de esta jornada memorable. La respuesta fue clara y concreta: “Porque yo no tuve esta oportunidad cuando era chico”.

—¿Y qué te llevas del encuentro?

—Alegría. Lo que a ellos les pasa está buenísimo, y creo que me voy mejor yo que ellos.

 

BONUS TRACK

—”Es mentira eso de que Sumo tocó con Cerati. La única relación que hubo con Gustavo es cuando yo me invité a cantar un tema. Porque había unos cantitos boludos muy molestos entre nuestro público. Entonces lo llamé y le pedí cantar un tema un poco para terminar con esta historia”.

 

—”No como mucha carne, por ahí cuando salimos de gira, prefiero comer trucha que por estos lados están buenísimas. Trato de comer lo más sano posible para mantener lo mejor posible este cuerpo que ya tiene unos cuántos años”.

 

—”Hay mucha gente que dice “si yo hubiera nacido en EEUU ahora estaría tocando en una banda re-grosa”, pero al lugar también lo hace uno. Conozco muchos amigos que se han ido a intentar al exterior y vieron que las cosas no eran para nada fáciles y más si sos latino”.

 

 —”El único consejo que les puedo dar a los que recién empiezan es que tienen que creer en lo que hacen y estar convencidos, porque si no estás convencido vos, ¿a quién vas convencer?”.

 

RICARDO, EL HIJO DEL ZAPATERO

 

Ricardo Mollo nació el 17 de agosto de 1957 en Pergamino; Buenos Aires. Es un músico argentino conocido por formar parte de dos bandas del rock nacional: fue guitarrista de Sumo en los años 1980s y actualmente es el guitarrista y vocalista de Divididos.

Es considerado uno de los mejores músicos y compositores del rock argentino. Se destaca también por su virtuosismo con la guitarra, y es reconocido también por un trato amistoso y personal hacia su público.

Ha producido los discos de Divididos, León GiecoAlmafuerteMAM, y Érica García. También produjo como músico invitado junto a Charly GarcíaDavid Lebón,Gustavo CeratiLos PiojosKapangaLas PelotasLa RengaLuis Alberto Spinetta, entre otros.

En 1984 ingresa a Sumo como guitarrista, invitado por Diego Arnedo, quien era el bajista de la banda. Con ellos graba cuatro discos de estudio: “Divididos por la felicidad“, “Llegando los monos“, “After Chabón” y “Fiebre“.

El 22 de diciembre de 1987 el cantante de dicha banda, Luca Prodan, es encontrado muerto en su casa de San Telmo y la banda decide separarse.

Tras la separación de Sumo, Mollo y Arnedo forman DivididosGermán DaffunchioAlejandro Sokol y Alberto Troglio crean Las Pelotas (aunque Troglio luego se iría a Buda) y Roberto Pettinato participa en distintos proyectos televisivos, radiales y musicales.

En Divididos, Mollo asume el rol de guitarrista y vocalista principal siempre acompañado por Arnedo en el bajo, mientras que por la batería han pasado cuatro músicos: Gustavo Collado (ex La Sobrecarga) durante la primera etapa, Federico Gil Solá durante 5 años y Jorge Araujo durante 9 años. En abril de 2004 ingresa como nuevo baterista Catriel Ciavarella.

Por Fabián Agosta

Fotos: Eugenia Neme

Agradecimientos: Secretaría de Cultura de Bariloche

Corrección: Lautaro Giménez

 

Frases DESCONTEXTUALIZADAS

“¡Lo más importante es creer y estar convencido de lo que haces”.

Para nosotros Luca fue como un padre musical que te tiraba la pelota para que vos juegues”

“Entendimos que una vez que te pones a tocar una canción ya no te pertenece”.

“Hay que aprovechar los espacios y generar conciencia”

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