El legado de la cantora chilena sigue vigente en este nuevo aniversario de su nacimiento, un 4 de octubre de 1917

Violeta Parra nació el 4 de octubre de 1917 entre luchas sociales y sindicales. Terminaba la primera guerra mundial y la revolución rusa estaba en su auge. Surgieron en Chile muchos partidos políticos; la sociedad estaba dominaba por la oligarquía, las mujeres avanzaban y creaban la Liga Femenina Nacional que promulgaba la igualdad entre hombres y mujeres; se vivían los años locos en EE.UU y en Chile asumía el gobierno de Arturo Alessandri (1920). Se empezaba a vivir la agitación social, política y cultural. Más tarde, en 1927 asumía Carlos Ibáñez del Campo, restringiendo libertades; empieza el desempleo y quiebran las mineras de salitre. En este contexto nace Violeta Parra en San Carlos, en la Plaza de armas, al sur de Chile.

La obra artística de Violeta Parra presenta en diversos aspectos la problematización de los esquemas sociales, culturales y políticos, denunciando las injusticias, muchas plasmadas en canciones como “Yo canto a la diferencia”, que deja ver lo que se vive tras el telón de una fiesta nacional: el descontento popular frente a un gobierno que no se hacía responsable de las necesidades urgentes. Actualmente sus ideas se convirtieron en íconos oficiales dentro de lo nacional- popular, cuando canta a la diferencia cultural negada por esa misma nación.

Así, el canto de Violeta Parra plantea una sociedad en proceso de cambio y con su voz se unirá el canto popular. En 1920 se organiza el movimiento obrero, la idea del pueblo donde participan conflictos y luchas sociales, se vincula el relato, el arte y la política como fundamento artístico.  Violeta Parra compone llena de éstos valores. La reivindicación de la diferencia, es una constante en su canto.

También en sus obras se refiere a la religión cristiana, habla del dolor y la pasión de Cristo, el madero, el sudario, la corona de espinas y cuestiones similares en muchas de sus composiciones. Habla de las formas de exorcizar el dolor, también de jerarquías y rangos de figuras como querubines y serafines que ocupan lugares muy importantes en cuanto a la protección divina. Aparece así una visión popular cristiana relacionada con la religiosidad popular que constituye el eje de toda la antigua tradición campesina, la idea de los oprimidos. Esta tradición se alimenta de una cuestión juglaresca de origen medieval. Los valores de la religiosidad popular, el cristianismo nos enfrenta a un mundo con una estructura del arte. Violeta Parra al ser de origen campesino y chilena comprende su cometido artístico y su engranaje con la sociedad chilena. Por eso, su canto constituye un fuerte compromiso con el canto popular cristiano. Sin embargo, aparece también la visión crítica y desenmascaradora de la alianza entre la iglesia y las estructuras de poder.

Su legado remite a los años 1950, 1960 y 1970 como espacio de afirmación épica de un sentido de pertenencia ignorado o negado. En este legado Violeta Parra representara una moral del canto, un modelo de interacción entre lo urbano y lo rural, reciclando tradiciones, testimonios y creaciones artísticas que ejerciten autonomía y resistencia en el mundo popular.

Violeta Parra siempre será reivindicada como el “alma mater” del Movimiento de la Nueva Canción Popular Chilena. Su canto de la diferencia abrió un espacio sensible al reconocimiento de las múltiples identidades que constituye el país chileno. De esta manera, las nuevas generaciones se nutre del coraje y el fuego de la antorcha que mantiene la luz del pueblo unido.

Por Marianela Giselle Moreno

Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

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