Hubo agresiones de funcionarios a la gente. Los concejales opositores expresaron la “gravedad institucional de la situación” y reclamaron que se tomen medidas sobre los agresores. Se hicieron las respectivas denuncias en la comisaría y en la fiscalía. La Defensoría del Pueblo recomendó la investigación administrativa para determinar responsabilidades.

El período de sesiones ordinarias del Concejo Municipal empezó de una forma escandalosa: importante presencia policial, vecinos expresando gratitud al intendente Walter Cortés por medio de carteles, otros reclamando para que cierren el Vertedero y no vendan las laderas del cerro Catedral; funcionarios exaltados repartiendo golpes a estos últimos, agredidos radicando las correspondientes denuncias policiales y concejales reclamando que, como mínimo, se den de baja las resoluciones de nombramiento de los agresores. Mientras, el jefe comunal continuó su discurso como si nada pasara: escuchaba solamente los aplausos.
Los sucesos tuvieron lugar en el oeste de la ciudad, en el Gimnasio Municipal N° 5, que había sido preparado para mucha más gente de la que concurrió: dos pantallas gigantes y equipo de sonido acorde. Sin embargo, sólo la mitad del espacio fue ocupado. Además de los concejales, había funcionarios del Ejecutivo, empleados municipales, integrantes del sindicato de comercio, empleados de Catedral Alta Patagonia SA (CAPSA), vecinos y vecinas que portaban carteles de cartulina naranja agradeciendo al intendente -la mayor parte de este grupo llegó en dos colectivos especiales- y otras personas que exhibían carteles pidiendo el cierre del vertedero y que no se entregue el cerro Catedral para negocios inmobiliarios.
Mientras Cortés desarrollaba la evaluación de su gestión, un grupo de personas rodeó y amenazó a Emiliano, referente de Residentes Unidos. El joven salió del lugar y le comunicó la situación a los policías que estaban afuera, por lo que ingresaron con él. Pero estono logró frenar a un hombre fornido y exaltado que con todas sus fuerzas le tiró una piña a la cara. El intendente en ese momento decía: “Escuchamos a todo el mundo y respondemos a todos. A veces con un sí y a veces con un no”. Fue en esa preciso momento que el hombre lanzó el golpe. Posteriormente fue identificado como César Catrigual y se desempeñaría como chofer de Cortés.

La Defensoría del Pueblo pidió la investigación administrativa para determinar responsabilidades
La situación generó un gran tumulto de personas que querían frenar la violencia y funcionarios exaltados que tiraban manotazos para todos lados. Máximo Calfuquir, director de Juntas Vecinales, visiblemente alterado llamó a la calma. En tanto, varios de los concejales de distintos partidos se levantaron de sus sillas para interceder y que se apaciguara la situación. Cortés continuó con su discurso.
Cerro Catedral y Vertedero
En medio de ese descontrol una mujer que llevaba un cartel que decía “CATEDRAL NO SE TOCA. NO SE VENDE. NO SE ENTREGA” recibió un golpe en la cabeza que le provocó un desvanecimiento. Se trata de Vilma Castagnetto, de una asamblea de jubilados. Fue asistida en el lugar por personal de Protección Civil y luego debió permanecer varias horas en observación en un hospital. Además, hizo una denuncia policial.
Emiliano también denunció la agresión sufrida. Lo hizo en la subcomisaría 55. Además de relatar los hechos, en la exposición dejó constancia de la ausencia de ambulancia, requisito indispensable por ordenanzas municipales para cualquier acto. En la denuncia también afirmó: “En caso que me suceda algo, hago responsable directo al intendente Walter Cortés”.
Más tarde, en el ámbito habitual de debate del Concejo Deliberante, los concejales de la oposición expresaron que lo sucedido era de una enorme “gravedad institucional” y que requería una respuesta del cuerpo legislativo. Además, consideraron la posibilidad de solicitar al Ejecutivo la baja de las designaciones de los funcionarios agresores. Según afirmaron, aún se está identificando a varios de ellos.
La situación fue tan grave que hizo que la Defensoría del Pueblo de Bariloche emitiera una recomendación: “La recolección urgente de pruebas para evaluar la correspondiente denuncia penal. La adopción de medidas de seguridad que garanticen el normal funcionamiento democrático en futuros actos públicos. La investigación administrativa para determinar responsabilidades en caso de que las agresiones involucren a empleados o funcionarios municipales. La violencia no puede naturalizarse en la vida institucional de nuestra ciudad”.
Nada hizo que Cortés dejara de avanzar con su discurso de balance de gestión y promesa de obras. Su alocución estuvo cargada de sentimentalismos y de intentos de generar cierta empatía en la gente y en la oposición a la que, entre otras cosas les dijo: “Recuerden que soy peronista”, además de realizar, en varias oportunidades, referencias al exintendente Gustavo Gennuso: “No hicieron absolutamente nada”.

Cortés maldijo a “los que hicieron los barrios alrededor del vertedero porque no tuvieron imaginación para hacerlo en el Este”.
También hubo espacio para el histrionismo cuando Cortés cerró el tema del vertedero: “Le vamos a dar final a ese vertedero maldito de distintas generaciones. Y malditos los que hicieron los barrios alrededor del vertedero porque no tuvieron imaginación para hacerlo en el Este. Malditos también por hacer falsa política alrededor de un vertedero abusándose de la gente que no tenía donde vivir. ¡Malditos! ¿Por qué no compraron para el Este?”.
Antes de referirse a la cuestión del cerro, avisó: “Ya viene el tema Catedral, ya viene”. Y minutos después dijo: “Queridos ciudadanos de Bariloche, durante décadas el cerro Catedral creció al ritmo de improvisación que sólo benefició a unos pocos. Esa etapa de excepción y desorden se terminó. El plan director que impulsamos es un acto de soberanía donde el municipio impone las reglas”. Algo que no parece al leer el proyecto que diseñó CAPSA y que el Ejecutivo impulsa.
El intendente cerró casi dos horas de discurso con un tono religioso: “Dice la biblia, Santiago capítulo 2, versículo 17: ‘Así también la fe si no tiene obra es muerta en sí misma’. La fe sin acción por otro es pura retórica, la política sin obra es una cáscara vacía”. Y concluyó: “Mi obra es del pueblo y de la gente. La malicia de los palos en la rueda es el destino de los infelices, los que se retuercen de nuestro éxito”.
Por Ximena Linares Calvo
Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

