¿Por qué las mujeres estamos fanatizadas con la serie Más que Rivales?

Anoté la serie canadiense Más que Rivales (Heated Rivalry, 2025) en mi lista de “cosas para ver” por recomendación de Galia Moldavsky. La socióloga y comunicadora la había puesto entre las series que más le había gustado en el 2025. Me llamó la atención el entusiasmo: en su grupo de Instagram escribió que no podía creer que ya la había visto 4 veces. Después descubrí que Galia no era la única que había entrado en esa especie de hipnosis obsesiva con la serie, sino que se extendía a otras muchas mujeres heterosexuales.
La serie de seis episodios que se estrenó recientemente en HBO MAX es una historia de amor entre dos hombres jugadores de la Major League Hockey, famosos y archirrivales entre sí. Ilya Rozanov y Shane Hollander son hegemónicos, sin un ademán ni una pisca de feminidad, lindos y machotes.
ALETRTA SPOILER- Terminé de ver la serie en dos días: tiene los condimentos justos para entretener. ¿La vería de nuevo? Creo que no. Más allá del mensaje que aboga por un mundo más plural y tolerante, no deja de ser una serie romántica alejada de la realidad, con final feliz tal cuento de princesas.
¿Porque entonces algunas mujeres no pueden parar de mírala como los niñxs cuando miran una y otra vez su peli favorita? Me pregunto: ¿Dónde quedó la crítica al amor romántico, fantasioso, que tanto daño no hizo a las mujeres en la búsqueda imposible y frustrante de un príncipe azul que nos rescate?
La cuarta ola feminista vino a decirnos: chicas la media naranja no existe, hagamos de nosotras una naranja entera. Rompamos con los mandatos de ser mujeres completas si solo tenemos un hombre al lado y nos convertimos en madres. Rompamos con el estigma de la eterna solterona. No nos conformemos, nosotras valemos, no hagamos cualquier cosa por amor, el hombre perfecto y soñado no existe. Amén.
Pero el diablo siempre muestra su cola y apareció esta serie que nos tienta cual manzana prohibida; con el deseo reprimido y la fantasía de ser la elegida, de volver a soñar con ese hombre rudo, frio, impenetrable, mujeriego (Ilya) que deja de serlo y muestra su ternura, su fragilidad escondida gracias a que por primera vez conoció el verdadero amor. Shane somos todas. Ilya no solo no desea estar más con las mujeres más hermosas a las que accede en su condición de bisexual y sex-symbol, sino que está dispuesto a traicionar a su equipo de toda la vida, jugando en la competencia para estar cerca de Shane.
Estos hombres son hermosos, sensibles, emocionalmente accesibles y sobretodo valientes. Salen del closet por amor, se enfrentan a ese deporte masculinizado, con códigos hetero normalizados de pertenencia. No les importa nada, ni nadie, solo ellos y su amor prohibido.
Como si esta pareja fuera poco para exploten nuestras hormonas del amor romántico y sexo pasional, en la serie hay otra pareja secundaria, (Scott Hunter y Kip Grady) que inspira a Ilya y a Shane a salir del closet.
Otro Jugador de Hockey (Scott), hegemónico y machote, se enamora del chico que vende helados (kip) y la fantasía se completa: si en la pareja protagonista somos todas Shane, acá somos todas Kip, que no es famoso, no tiene plata y tiene un mísero sueldo a fin de mes. Kip como es de esperase es muy indo también y es abiertamente gay. Scott lo tiene escondido durante bastante tiempo y sale del closet cuando gana la copa, lo mira y le pide que baje del estrado. Con un beso apasionado delante de todas las cámaras el closet se abre y el sueño se cumple.
Seguiremos suspirando hasta la llegada de la segunda temporada, que nos hará chocar con la realidad de la complejidad de las relaciones o nos seguirá dando hombres y relaciones soñadas, total, para amargarnos motivos sobran.
Por Irene Rasetto
Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

