Después del fuego

Impresiones que deja el incendio criminal de Lago Puelo, el Hoyo y el Maitén. El abrazo de la comunidad a las víctimas, la falta de respuesta del Estado, la inmediata necesidad de reparación y justicia.

Así quedó una olla de aluminio por la temperatura que tuvo el incendio. Foto: Ramiro Sáenz.

El paisaje es desolador, doloroso, apocalíptico. El olor a quemado es terrorífico.

El sábado se confirmó la segunda victima por causa de los incendios, una señora mayor que no pudo salir de su casa a tiempo y la encontraron quemada a mitad de camino a la ruta.

Cientos de casas que no existen más, ni siquiera se puede decir que se vinieron abajo. Se consumieron, fueron consumidas, se esfumaron, se perdieron en la tierra, entre las cenizas. Quedan los restos. Restos que hablan de la temperatura del fuego, de lo rápido y voraz que fue. Botellas de vidrio desinfladas, ollas de aluminio derretidas, las cocinas fundidas, las estufas de hierro dobladas. Líneas de cobre, de cables pelados en el piso. Una mascota muerta prendida fuego, calcinada. Un pobre gato.

Una mamá con una nena en la carpa, poniéndole una calza que le envió otra nena, será de Neuquén, y en la mano un juguete nuevo, pero usado que será que envió otra mamá de Camarones, de la costa de Chubut al Atlántico. La nena le habla a su madre, la escucho bajito preguntarle por “la casa que no está más”. Y ahí están, aguantando los trapos en el terreno, para que no se lo saquen, para no perderlo, para no perder eso años de trabajo, para que no ganen esos que intencionalmente – todos a quienes entrevistamos llegan a ese acuerdo – prendieron el fuego. De ser así, ¿qué tienen en la cabeza esta manga de asesinos, delincuentes inconscientes, psicópatas, piromaníacos a la orden del poder? Gente de mierda. Gente de mierda que dejan sin casa a una nena, que matan a una señora que no pudo correr por entre el fuego, a un peón rural preocupado porque los animales no mueran solos.

Dos amigos se visitan para tomarse un mate. Uno vuelve a su casa, la ve prendida fuego, vuelve a la casa del otro, también está en llamas. Se abrazan, se ponen las zapatillas que no les sirven para tanta temperatura, se queman los pies mientras buscan el perro, se ahogan corriendo abrazados hacia la ruta. Uno se desmaya en el estrecho camino, en esa calle hecha por los vecinos que sube hacia una ruta que parece lejísima. El amigo lo lleva en andas, se quema el rostro, le salva la vida.

Hoy, sin el Estado presente, sin una salita móvil, sin un camión para juntar las cosas quemadas, sin una de esas ollas de campaña del ejército, que en lugar de mostrarse tan lindas en un desfile, al menos sirvan para ofrecer un chocolate caliente a estos pobres nenes que perdieron su casa, su cama, sus juguetes. Algo, alguito, que contenga más que el slogan bobo ploteado en un gazebo lleno de tizne, que está puesto ahí sólo porque es el único techo a disposición para cubrir de la intemperie la ropa donada.

Ayer viviendas en el bosque, hoy cenizas. Foto: Ramiro Sáenz.

El sábado fue el presidente, y fue con el Gobernador, y todo generó un revuelo que cambió la agenda y sacó a las víctimas del centro. Y esto que pasó es terrible. Es un crimen. Pero nadie sabe bien qué se prometió, ni cuándo va a llegar, porque no tienen tele, ni luz, ni radio, ni agua ni nada, porque perdieron todo. Y un día después no hay nada y no, no está el Estado.

Solamente hay un abrazo colectivo. Gente que fue a ayudar. Gente que no conoce a la gente que está ayudando. Gente que son amigos, por su puesto, gente que hizo una minga para sacar los palos negros, desenterrar las raíces quemadas y volver a empezar. Y otra gente que fue, se puso unos guantes y fue a ver qué podía hacer, o cocinó empanadas, o hizo torta fritas, o llevó la motosierra, o consiguió unos litros de nafta o un mango nuevo para la pala quemada. Montones, miles de miles de personas que mandaron colchones, agua, ropa, zapatillas, un montón de abrigo, un montón de abrazos para estas personas que perdieron todo, que casi mueren quemadas. Un cariño, una caricia en el alma. Una sensación muy gratificante, que te alegra el corazón y lo hace sentir encendido debajo de la piel, en un solo latido que ahora está pidiendo Justicia. ¡Como rescata un abrazo de Justicia ante la ausencia del Estado!

¿Cómo tiene que ser ese grito si, como todos creen, se confirma que este fuego fue intencional? ¿Cómo tiene que ser la justicia ante tremendos asesinos, que por represalia, por la lucha antiminera, por el negocio inmobiliario, que por el agua, o no se qué, hicieron este desastre, provocaron esta aberrante tragedia, o como se le quiera llamar a esta mierda?

Por Ramiro Sáenz

Fotos Ramiro Sáenz

Cooperativa de Comunicación Popular Al Margen

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