Cuando todo arde

Los crudos testimonios de vecinos de Cerro León, El Hoyo, El Bolsón y El Maitén recogidos en esta nota expresan la desoladora noche del martes en la Comarca Andina. Entre los rescoldos sopla solidaridad y cruje un interrogante: ¿Quién está detrás de los incendios?

El fuego arrasó con más de cien viviendas y 200 familias fueron evacuadas.

La lluvia trajo alivio, pero la situación sigue siendo grave en la Comarca Andina tras la multiplicidad de focos que comenzaron a expandirse este martes rápidamente, arrasando con todo. El Hoyo, Lago Puelo, El Maitén, Golondrinas, Cerro Radal, cerro Currumahuida y el faldeo del Piltriquitrón son algunos de los puntos a donde llegaron las llamas. “Para donde mirábamos estaba ardiendo”, dice Marilin Cañio, de la Lof cCñio Pangui Wingkul de Cerro León, en el noroeste de la provincia de Chubut.

Cañio cuenta que ayer a la tarde hicieron ceremonia mapuche. Habían estado todo el día con la desesperación e impotencia por el avance del fuego. La única opción que les dieron, en un sistema desbordado, fue que se evacuaran, algo que decidieron no hacer.

“Anoche se nos pasaba la vida enfrente. Después, como a las 2 de la mañana, empezó a llover y fue la esperanza, pero hay focos importantes que no se están apagando y estamos esperando a ver si alguien nos puede mandar una maquina grande para hacer cortafuegos. Nosotros tenemos un tractor, pero el fuego que llega de Golondrinas está en un cerro y es de muy difícil el acceso para poder trabajar ahí”, dice.  

El humo que anticipaba la catástrofe comenzó a hacerse más visible el domingo, aunque Cañio dice que en realidad “hace un mes que estamos meta ver humo” y que “si lo hubiesen querido apagar no hubiesen avanzado como avanzó”. Por estas horas, en medio de una catástrofe por la cual hay ya más de 200 evacuados y al menos 100 viviendas quemadas, nada está muy claro, pero la intencionalidad de la serie de focos es una voz que circula con fuerza.

“Las zonas de chacra fueron devoradas por el fuego, que después empezó a volver para atrás y empezó a agarrar una aldea escolar que se llama Buenos Aires chico. El viento empeoró todo -se registran ráfagas de 100 kilómetros por hora-  y no se daba abasto. Como a las 4 de la tarde, empezamos a ver otro humo, que se originó en Golondrinas y cruzó enseguida. A las 8 de la noche ya estábamos rodeados”, relata Marilin. “Cuando empezó a llover nos volvió el alma al cuerpo, veíamos la muerte para donde mirábamos, todo el bosque ardió y lo poco que queda tiene focos”.

Desde El Hoyo, Damián Berón dice que “los senderos parecían una procesión de antorchas”. Las imágenes son dantescas aun para alguien que vive en la zona desde 1986. “Nunca vi nada igual”, señala y cuenta que desde el techo de su galpón se veían focos cada dos kilómetros de distancia: “Parecía que el fuego corría por debajo de la tierra”.

Algunas versiones indican que el incendio en El Hoyo pudo haber sido originado por la caída de un transformador, pero es otra de las posibilidades que circulan. Hay quien dice que después de esto habría que refundar el pueblo.

Postales del infierno

En cuatro horas se quemó todo”, dice desde El Bolsón Rodrigo, de Vecinxs Autoconvocadxs, un espacio organizativo que se armó a partir del incendio que se desató en el verano y que perduró por largos días, quemando miles de hectáreas. Desde ahí, cuenta, están canalizando varias de las donaciones y organizando la gente que se acerca a dar una mano, como es su caso.

Ayer el punto de encuentro fue la plaza, para empezar a juntar donaciones rápidamente: agua, alimentos, que es lo que ya se sabe que va a hacer falta. Otro punto de encuentro fue la Escuela 41 que está en Golondrinas. Los controles cortan todos los pasos para evitar que la gente se acerque, que los ciudadanos de a pie vayan a las zonas de riesgo, pero la verdad es que es peor la situación: si estas organizado y tenés conocimiento es muy útil”, dice.

Rodrigo también fue testigo de la postal infernal: “Había mucho viento arremolinado, el fuego alto se iba para todos lados. En la última zona, donde estuve en Golondrinas, el fuego comió 200 metros en un minuto. En muy poco tiempo tuvimos que salir rápidamente del lugar, con las llamas encima”.

Golondrinas constituye una zona semi rural de 5 mil habitantes que se caracteriza por una interesante cantidad de proyectos productivos. El avance sobre los mismos alerta a los vecinos: “Se pierden esos proyectos productivos y después viene el monocultivo forestal. Algo que pasa en esta zona es que hay plantaciones de pino y donde hay pino hay desertificación del suelo y el fuego avanza mucho más que en el bosque nativo”, agrega Rodrigo.  

También se refiere a la falta de previsión: “No hay tanques australianos en cada lugar, se lo tiene que hacer el propio vecino y es una inversión enorme. Hay una deficiencia del Estado en prevención, para evitar que esto se propague tan rápido. Ayer había lugares donde los bomberos estaban sin agua o sin combustible para prender la motobomba y ni hablar que faltan sistemas de combate de fuego instalados en eso lugares directamente, porque son zonas de bosques. Ayer había como 7 focos simultáneos”.

También señala que se abona la idea de la intencionalidad: “Donde no hay bosque no hay protección, y después vienen los negocios de baja intensidad: el de la madera, el de la reforestación con pino, para seguir haciendo monocultivo forestal. No hay que olvidarse del proyecto de la megaminería en Chubut. Hace dos años ya pasó: se quemó todo el bosque nativo que estaba con cateo minero. Fueron 70 mil hectáreas, aunque no tomó tanta relevancia porque no estaban habitadas. Esto ahora se volvió infernal”.  

Jorge Millan, de la radio mapuche Petü Mogeleiñ en el pueblo de El Maitén cuento que nunca vió algo así. No dábamos abasto, fue todo muy rápido, parecían ríos de lava y estábamos muy asustados”, dice.

Entre tanto, como escuchando las rogativas, la lluvia cae por estas horas como un manto de alivio que abraza a la comunidad. Una bocanada en medio de una tragedia sin precedentes, que aún amenaza con volver.

Por Violeta Moraga

Foto portada: Euge Neme

Cooperativa de comunicación Al Margen