¿Cómo se escriben las historias que nos duelen?

Micaela tenía 28 años, trabajaba de empleada gastronómica  y vivía con su tres hijes en el barrio 2 de Abril. El miércoles 23 de marzo de 2016, alrededor de las 13:30hs Micaela desapareció de la puerta del jardín Mundo Nuevo, ubicado en el barrio Frutillar, luego de dejar a su sobrina.

La obra de arte es de nuestra compañera Rocio Toppetti y es el comienzo de un proyecto artístico que llamamos “NOS QUEREMOS VIVAS”. Una serie de retratos de nuestras muertas, a modo de memoria digna y rebelde.

“Micaela era de contextura delgada, tez blanca, 1,52 metros de altura, cabello negro y ojos marrones y al momento de desaparecer vestía un jean elastizado color salmón, remera blanca, campera negra y zapatillas negras” ¿La viste?

Esta era la información que comenzó a circular aquel miércoles pasado el mediodía.  ¿Existe un protocolo de búsqueda, que se active cada vez que desaparecemos? Lo cierto es que no.

Se nos busca sin causa, por “averiguación de paradero” porque parece que en la sociedad y en el sistema judicial se ha instalado que a las mujeres se nos da por salir de nuestras casas y perdernos. Esto mismo le reclamamos al poder judicial en una carta pública cuando en marzo de este año en el inicio de la pandemia, desapareció Haydee. Quien fue encontrada una semana después, muerta, muy cerca de su casa.

“Fue un suicidio” dirán, sucede que en la mayoría de los casos de suicidios de mujeres está el patriarcado detrás, con violencia económica, familiar, falta de oportunidades, abusos silenciados, extorciones, etc. Y un estado provincial y municipal presente, con políticas de género ausentes, que cierran puertas que podrían hacer posible la autonomía y la vida digna de cada mujer.

A Micaela la encontró un vecino que caminaba con su perro por los predios descampados del ingreso de la ruta de circunvalación, detrás de Diarco; el 6 de abril alrededor de las 12hs. 15 días después de su desaparición.

A Micaela la podrían haber encontrado con vida, pero no hubo un protocolo de búsqueda, ni un protocolo de rastrillaje correcto.

El cuerpo de Micaela estaba en línea recta, a 800 metros de donde fue vista por última vez. La tuvieron en el barrio, siempre estuvo ahí.

Y el barrio lo sabía y lo denunció, y apedrearon a la policía cuando allanaban casas erradas, porque el mismo barrio ya había anunciado quienes estaban detrás de la desaparición de Micaela. Pero el Juez no escuchó, y ese día de allanamientos terminó en una tremenda represión hacia el barrio, de la mano siempre servicial del COER.

A Micaela la podrían haber encontrado con vida, pero sucede que la denuncia de su desaparición la recibió la Comisaria N° 42 ubicada en el barrio 2 de Abril, comisaria que familias enteras y organismos sociales han denunciado innumerables veces por abuso de poder, porque no toman las denuncias como corresponde y porque no tienen perspectiva de género.

Es esa misma Comisaria la que vulnera a nuestros pibes. La misma que en mayo de este año ante una denuncia de una situación de violencia de genero extrema, le contestó a la hermana de la víctima que ellos no irían a buscar a su hermana, porque la misma ya estaba “grandecita” como para defenderse sola, y que si estaba en esa situación seria por algo o quizás estaba exagerando, porque «a las mujeres les pega mal la cuarentena”.

Es la misma Comisaria donde se lo vio por última vez a Lucas Muñoz.  Es la misma Comisaria que a la hora de intervenir se otorga la libertad de decir quien va detenido, quien puede denunciar y quién no.

Es la misma Comisaria que en la noche del miércoles 23 de este mes, detuvo por “tentativa de robo” a un grupo de vecines de la manzana 287 que horas antes habían estado manifestándose por la vivienda digna. Entre les detenides hay una mujer, que fue detenida ilegalmente por personal masculino, que fue golpeada gravemente y trasladada a la comisaria 28.

A Micaela la podrían haber encontrado con vida si la Comisaria N° 42 hubiera actuado como era debido. Si el Poder Judicial hubiera actuado como era debido.

A Micaela la podrían haber encontrado con vida, si hubieran querido.

Pero no quisieron.

No quisieron porque nuestras vidas no importaban, porque total  nadie decía nada y si alguien nos pegaba era porque nos quería, y si alguien nos mataba frente a la catedral a plena luz del día Canal Seis en su diario digital podría escribir “crimen pasional” como título de la noticia en pleno 2019.

No quisieron porque nuestras vidas no importaban y menos en una ciudad turística como Bariloche, que lejos de la nieve y el chocolate no es otra cosa que un pueblo chico con un infierno muy grande, al que de a poco, con lucha y organización, le estamos poniendo fin.

Pero nosotras estamos acá, y nuestras vidas sí importan y lejos de olvidar a nuestras muertas las traemos a la memoria cada día.

A la memoria feminista que nos recuerda siempre cual es la causa que nos une:

El derecho a vivir en paz.

Estamos acá

Y venimos por todo

El día

La noche

Las calles

Nuestros cuerpos

Y queremos decirles

A todo el poder judicial

A cada responsable político

A toda la institución policial nefasta y asesina

Que nos contamina los barrios con drogas y trata

Que no tenemos miedo

Que el silencio no nos pertenece

Y que construimos una LEY

Que tiene el nombre de MICAELA

Y si quieren seguir ocupando esos puestos de trabajo van a tener que aprendérsela y ejercerla y garantizarla.

Porque nosotras ESTAMOS ACÁ

Mirándoles

Y ya no nos vamos a callar

Queremos justicia por Micaela Bravo

Y hoy venimos a traer su risa, su mirada, su presencia. Con furia y amor y con flores porque así debiera estar hoy Mica, disfrutando la primavera que ya se siente.

Por ella, nuestra vida de lucha.

Por sus hijes, revolución feminista.

“Y retiemblen sus centros la tierra, al sororo rugir del amor”

Por Asamblea Ni Unx Menos Furilofche

Redacción

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen