La escuela pública en tiempos de wifi

Varios meses de cuarentena: 11 millones de estudiantes en más de 64 mil instituciones de todos los niveles en nuestro país viviendo de diversas maneras esta pandemia en lo social, lo económico y lo educativo. Brecha digital, conectividad y desigualdades estructurales en la educación pública de Bariloche.

La brecha digital excluye a jóvenes y adultxs mayores.

Lxs docentes y estudiantes estamos sobrellevando una metodología nueva que deja en evidencia las desigualdades sociales estructurales referidas a la conectividad y a los dispositivos electrónicos para llevar a cabo la tarea de enseñar y aprender en estos tiempos de virtualidad. Sin contar las condiciones habitacionales en muchos casos precarias para convertir la casa en «aula.»

Además, deja en claro que cada familia es un mundo de singularidad que afronta este contexto de incertidumbre como puede y con lo que tiene.

El aula como la veníamos transitando se transformó en su esencia y en lo pedagógico. Las carpetas, las hojas, el pizarrón y las tizas ya no están y necesitamos wifi, paquete de datos y como mínimo un dispositivo para poder ser parte. De pensar al celular como un elemento para la dispersión y no como herramienta pedagógica pasamos a inventar mil formas para que lxs estudiantes se conecten a los momentos del WhatsApp o de alguna forma con el objetivo de seguir cuidando ese vínculo pedagógico y humano que todavía nos sostiene.  Teniendo en cuenta que enseñar y aprender en la casa no es enseñar y aprender en el aula, con la mirada y el acompañamiento de todo el grupo. Con un acompañamiento real y personalizado.

Dentro de los cambios que transitamos nosotrxs mismxs como profes vivenciamos estar conectadxs constantemente al celular o la computadora trabajando inclusive más horas en relación a la escuela presencial y en medio de una brecha digital que deja afuera a quienes somos parte esencial de los procesos pedagógicos: maestrxs y estudiantes.

En ese desafío estamos quienes creemos en una educación popular inclusiva que no deje afuera a nadie. Ni fomente más aún las desigualdades. Sabiendo que son tiempos donde la contención y la comprensión de realidades diversas es elemental, más allá de la «presión de la currícula«. «Del contenido académico y la planificación». Reconociendo que el aula real, el cuerpo a cuerpo no se parece en nada a compartir mediante una pantalla. Saber que no sería justo caer en un simulacro de «escuela habitada en lo real«.  Nos faltan Las miradas, los gestos, el cuerpo moviéndose, el trabajo en grupo, el compartir lo que se tiene, las bocas diciendo, las manos haciendo, las cajas de útiles comunitarixs, el acompañamiento cercano (silla con silla) con estudiantes en inclusión, estos gestos del aula invaluables quedaron en el recuerdo de los tiempos sin Covid. Gestos que en lo cotidiano naturalizamos y ahora añoramos, extrañamos.

Es una utopía pensar que todxs estamos en las mismas condiciones materiales de poder ser parte de la escuela virtual. Y es un error dejar de problematizar este punto, enseñar y aprender es un acto político y visibilizar las desigualdades también.

El internet libre y la posibilidad de compra de datos son una posibilidad de algunas pocas familias que conforman la escuela pública. Y esta problemática no solo afecta al estudiantado sino a una parte de quienes ejercemos la docencia. Plataformas como Zoom o Meet requieren buen internet y capacidad de datos. Sin contar que en Bariloche el internet, si es que existe, funciona irregularmente dependiendo la zona.

Esta crisis social permite además visualizar situaciones de precariedad laboral, falta de empleo, flexibilización que afecta a gran parte de las familias trabajadoras barilochenses.

En este contexto cada institución está repensando nuevas formas, reinventándose sin cansancio, sin embargo esa desigualdad aparece muy obvia. En ese contexto hoy la escuela pública sigue siendo el soporte social para varias comunidades: más allá de la tarea impresa de actividades para estudiantes que no tienen los medios para acceder a la propuesta virtual la escuela está llevando a las familias la posibilidad de poder seguir alimentándose de la forma más saludable posible. Ya que lo sabemos bien: con hambre no se puede pensar. Módulos alimenticios son entregados por lxs trabajadorxs de la educación (personal docente y no docente) a cientos de familias, en un gesto genuino que va mas allá de la simple entrega de mercadería.

En los territorios donde la accesibilidad es una realidad para pocos el WhatsApp y las tareas impresas son las formas más accesibles de llegar a esxs estudiantes y sus flias. En algunos hogares no hay celulares propios de lxs estudiantes, usan los de algún familiar. O por ejemplo en la escuela de adultxs, la forma de poder compartir el material es de forma impresa ya que es muy difícil el manejo de los dispositivos por parte de algunas personas adultas mayores que vuelven a la escuela después de años de haber dejado. Siendo estudiantes y madres o padres a cargo de niñxs, estudiando y trabajando en simultáneo. Sumado a las tareas de cuidado en el hogar.

La escuela pública es comunidad, afecto y práticas igualitarias de derechos. Foto: Jero Zamora.

Esta realidad pandémica donde suele profundizarse el individualismo, donde el encuentro con lxs otrxs quedó trunco: lxs docentes no paramos de planificar, pensar e intentar seguir haciendo con otrxs.  Las limitaciones son reales, a veces angustian, tiran hacia abajo, nos paralizan por momentos. Sin embargo, seguimos armando juego en ese constante intento de no perder el vínculo escuela/estudiante/docente. Y sabemos que volverán los tiempos de las escuelas habitadas, ruidosas, de estudiantes jugando con otrxs, con olor a mate cocido en los recreos, con estudiantes y profes compartiendo sin necesidad de wifi. Esa escuela que venimos construyendo de forma comunitaria y afectuosa, pensando en compartir siempre y en pensar con otrxs. Construyendo realidades más igualitarias en derechos, en tiempos de privilegios.

Quizás esto que no esperábamos ni imaginábamos. Esto que se parece a una película de ciencia ficción donde nos movemos sin entender mucho, sea la oportunidad para que al regreso de la escuela real presencial humanicemos más aun lo que veníamos construyendo, abrazándonos más que nunca. Lejos del individualismo del «sálvese quien pueda» y la meritocracia. Con la convicción de que la esencia de la educación pública es «ser y hacer» en comunidad.

Por Ayelén Lagrás

Fotos : Jero Zamora

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen