Érase una vez el onvre

Cada vez es menos frecuente encontrarse con un onvre que se asuma como tal y los varones vamos tomando conciencia de la necesidad de apuntalar la igualdad, pero aún queda un largo camino por recorrer.

Las nuevas masculinidades… un largo camino por recorrer. Ilustración: Andreina Poli.

Si bien de acuerdo a varios sitios feministas la palabra Onvre y sus significados pueden variar, su utilización siempre es despectiva y engloba las siguientes características:

  • Considera que su pene es el centro del mundo y que todo termina cuando él termina.
  • Cree que es necesario para la autoestima de las mujeres decirles cualquier cosa en la calle.
  • Se siente con pleno derecho a opinar sobre cualquier tema, incluso acerca de padecimientos que jamás experimentó como la menstruación o el aborto.

En síntesis, Onvre es todo aquel varón heterosexual que lleva adelante su vida cotidiana sin cuestionar ni un ápice los mandatos del patriarcado.

Onvres profesionales

Aunque el onvre (y todo lo que implica) se encuentre en plena retirada, su presencia en el imaginario colectivo aún es tan significativa que todes somos capaces de describir sus principales características. Es por esto que, al inicio de cada charla y de cada taller, siempre remarco la importancia de conocer la diferencia entre sexo, género y sexualidad, conceptos básicos y fundamentales para acercarse a la perspectiva de género. En ese breve recorrido conceptual señalo la existencia de las personas intersexuales que, como es de conocimiento público, son quienes poseen características sexuales distintas a las de la media poblacional, dentro de las categorías femenino/masculino socialmente construidas. En términos estadísticos estas personas son, además, equivalentes en nuestro país a las personas pelirrojas: cerca del 1% de la población.

En nuestro país, como en tantos otros, las personas que nacen intersexuales son interpeladas por la medicina occidental que, como poder hegemónico y de control, dispone la mutilación genital como la única vía de salvación para que en el futuro puedan llevar adelante una vida “feliz”. Cada institución cuenta con protocolos de actuación y les profesionales de la salud presentan a les progenitores una serie de estudios científicos acerca de la conveniencia de “hacer” una mujer o un hombre.

Hay mucha evidencia acerca de las consecuencias de estas intervenciones mutilantes. Por un lado, muchos reportes de casos indican insatisfacción, dolor, falta de coincidencia entre el sexo asignado por el equipo de salud y el género sentido. Por otro lado, no hay evidencia científica consolidada que demuestre los beneficios de estas intervenciones durante la infancia, período en el cual la persona no puede comprender, discernir ni consentir dichas mutilaciones que resultan irreversibles.

Compartir esta información en charlas y talleres resulta imprescindible para ilustrar de qué manera, aun apoyándose en estudios científicos, profesionales de la salud sin perspectiva de género pueden causar un daño muy grande a una parte significativa de la población.

No solo es necesario replantear los principios éticos de una ciencia que ha sido construida en función del onvre, sino que resulta prioritario que, así como cada vez más mujeres se incorporan a los espacios de validación del conocimiento y ejercicio del poder, haya también cada vez más varones capaces de romper con los mandatos de género, que hagan estallar el relato público de la masculinidad pluralizando el término.

Se va a caer, los onvres no luchan

En Río Negro, hoy existe una ley para empleados estatales que les habilita a compartir con su pareja 180 días de licencia por nacimiento. Esta realidad, que mejora las posibilidades de paternar de manera activa, no ha sido una bandera flameada por varones, sino resultado de la lucha feminista.

Si bien cada vez es menos frecuente encontrarse con un onvre que se asuma como tal y los varones vamos de a poco tomando conciencia de la necesidad de apuntalar la igualdad, todavía queda un largo camino por recorrer en cuanto a la difusión de la perspectiva de género, no solo entre nuestras amistades y familias, sino también en el ámbito profesional e institucional. Nos queda a los varones un amplio espectro de reflexión en el sentido de cuestionar y combatir la pasividad con la que seguimos perpetuando un esquema de distribución de poder (privilegios) a pesar de haber iniciado un camino de deconstrucción.

No alcanza con auto señalarse antagónico al onvre. Tampoco es suficiente participar en las tareas domésticas si lo sentimos como “dar una mano”. Todavía estamos lejos si militamos en un espacio considerado progresista, pero los roles de género se cumplen de manera tradicional. La deconstrucción es un tránsito sin destino imaginable, una responsabilidad que tenemos los varones y para esto necesitamos abrir nuevos senderos. El primer paso nos sacará de donde estemos, es verdad, pero poco aportan un par de acciones para tranquilizar la conciencia, es necesario re pensarnos en la vida cotidiana, empaparnos de feminismo, involucrarnos en la discusión y en la lucha, es necesario dejar de ser un onvre.

Por Sebastián Fonseca*

Ilustración: Andreina Poli

* Sociólogo. Integrante del Centro de Estudios de Masculinidades de la Universidad Nacional del Comahue. Tallerista en Masculinidades, Micromachismos y Prevención de la Violencia.

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen