Cayetanos: el pan como realidad, no como deseo

Aunque condicionados por la pandemia, los movimientos sociales celebrarán este viernes al patrono del trabajo. En Bariloche, la UTEP distribuirá pan casero entre sus comedores barriales.

Elaboración de pan que se reapartirá a comedores barriales de UTEP.

Si en los ´90 fueron despedidos para siempre de la fábrica, descartados, empujados a piquetear dispersos en las rutas de Cutral Có, General Mosconi o La Matanza, 2016 los encontró sellando la cocción lenta de un proceso de organización y unidad, amasando una identidad que el 7 de agosto, día de San Cayetano, se expresó con potencia, con un nombre (trabajadores de la economía popular) y una bandera de arrastre que decía tierra, techo y trabajo.

Miles de personas caminaron los 13 kilómetros que separan la parroquia de San Cayetano en Liniers a Plaza de Mayo, encolumnados tras las referencias de la CTEP (MTE y Movimiento Evita), Barrios de Pie y CCC, las tres entidades sociales que luego se popularizaron como “cayetanos”, fundadoras el año pasado de la UTEP, el sindicato al que abrevaron también otras organizaciones.

“2016 fue el año en que se cristalizó la economía popular como sector de trabajadores y trabajadoras. Fue un antes y un después en el proceso de unidad, que culminó con la creación de la UTEP”, dice a Al Margen Dina Sánchez, referenta nacional del Frente Popular Darío Santillán. Sánchez define a este sector de trabajadores como el “más castigado, sin derechos”.

En un proceso muy vertiginoso, los movimientos populares orientaron la proa hacia una serie de reclamos que penduló entre la articulación legislativa y la movilización callejera. De esta manera, ya en diciembre de 2016, lograron la sanción de la ley de Emergencia Social, que permitió a 500.000 trabajadores recibir la mitad de un salario mínimo para complementar el ingreso por su actividad, desarrollada sin patrón.

Sobre esta base, la UTEP emergió como el segundo sindicato más numeroso -luego de Comercio- y el que tiene el poder de convocatoria más extendido del país. La informalidad laboral, no obstante, es mucho mpas grande. Prueba de ello es la cantidad de inscriptos para recibir el IFE: 12 millones de personas.

En 2018, el Congreso sancionó la ley de integración de barrios populares, impulsada por los cayetanos. Un programa de doce años, que permitirá que más 3.500.000 de personas que viven en más de 4200 barrios populares accedan a los servicios básicos. Y el año pasado, la UTEP logró duplicar la asistencia del Estado en los comedores comunitarios, a través de la ley de Emergencia Alimentaria. Durante la presidencia de Mauricio Macri, la pobreza según la UCA pasó a afectar del 29% de los argentinos al 40,8%.

Alejandro Palmas, dirigente del MTE y la UTEP en Bariloche, cuenta que el porcentaje de trabajadores de la economía popular en nuestra ciudad supera el 30%. “Todos trabajamos de algo: producción, servicios, cuidados. Nos generamos un ingreso por la propia porque ya no se consigue trabajo como lo conocíamos antes”, cuenta.

De cara a este viernes, 7 de agosto, anticipa que la UTEP estará distribuyendo pan casero como símbolo de la festividad patronal en los comedores comunitarios de los barrios Nahuel Hue, Malvinas, 29 de septiembre, Vivero y Barda Este.

“Se nos catalogaba de choriplaneros porque demandábamos al Estado su reconocimiento como trabajadores», agrega, «Ahora buscamos que la sociedad nos vea. Que reconozca el rol fundamental, vital, que cumplen los comedores comunitarios, por ejemplo, garantizando el alimento del pueblo en los lugares más olvidados de la patria”.

Por Pablo Bassi

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen