“La nacionalización de Vicentín no tiene nada que ver con la soberanía alimentaria”

Alberto Fernández introdujo en la agenda mediática el concepto de soberanía alimentaria al explicar la intervención de Vicentín. Charlamos con el periodista especializado en esta temática Darío Aranda a propósito del Atlas del Agronegocio Transgénico en el Cono Sur, su publicación de libre descarga que aborda la temática.

El periodista Darío Aranda conversó con al Margen acerca de la Soberanía Alimentaria.

– ¿Cómo fue la coordinación de la investigación que desarrollaron en el libro?

-Es un trabajo impulsado por una ONG de Marcos Paz en Buenos Aires llamada Acción por la Biodiversidad. Fue un trabajo coordinado con organizaciones de los países hermanos que forman parte de este modelo agropecuario: Bolivia, Brasil, Paraguay y Uruguay. Estos cuatro países junto con Argentina forman parte de la “patria sojera” impulsada por las grandes corporaciones del agro. No es casualidad que, a inicios de la década del 2000 la empresa Syngenta, una de las grandes multinacionales del sector, hizo una publicidad que pasó a la historia hablando de la república de la soja.

Una reflexión que hemos tenido es el tema de que las grandes empresas visualizan las regiones más allá de las fronteras. Para el modelo sojero es toda una región, no son solamente los países. Para el sector minero lo mismo. En ese sentido, lo que intentamos hacer con este Atlas es tener una mirada regional, no encerrarnos en nuestro país. Hay materiales hechos específicamente de Argentina, pero creemos que no existía un material que reúna y compare las informaciones de los cinco países.

Fue un desafío muy grande, de un año de trabajo. Lo que demostramos a partir de los datos, cuantitativos y cualitativos, es que este es un plan, una imposición de un modelo transgénico a base de agrotóxicos que tiene enormes consecuencias ambientales, sociales y sanitarias y que solo unos pocos se llevan la riqueza que produce.  Al mismo tiempo lo que demuestra es una enorme complicidad política, científica, mediática y judicial.

Por otro lado, lo que intenta mostrar el Atlas es que hay otras salidas posibles, apostando a la soberanía alimentaria, a otra forma de producción que podríamos llamar agroecología. Se pueden producir de manera masiva alimentos sanos sin agrotóxicos ni transgénicos. Hay un camino a otro modelo posible, que no nos ate a las grandes corporaciones ni a la dependencia. Entre el 70 y el 85% de la producción de soja de estos cinco países que mencionamos va, de alguna u otra manera a China. Si China “cierra el grifo” nos asegura la quiebra total. Estos modelos de commodities, aseguran la dependencia de los países y la imposibilidad de desarrollos reales.

– ¿Ven una continuidad en Latinoamérica, más allá de los cambios de gobierno?

-Las grandes empresas siempre están. Ahora se está hablando de cerealeras, como Vicentín, Bunge, AGD, Dreyfus… Las mismas que están acá son las que están en Brasil, Uruguay, Paraguay y Bolivia. Las empresas que venden semillas y agrotóxicos son exactamente las mismas. Después lo que sucede -que también es interesante para pensarlo- es que este modelo es política de estado atraviesa los distintos gobiernos.

En Argentina las normativas que posibilitaron el modelo transgénico fueron sancionadas durante el menemismo. De hecho, Felipe Solá fue el Secretario de Agricultura que firmó la primera soja transgénica de Monsanto. Hoy Felipe Solá es Canciller de la Argentina. Carlos Menem fue el que estableció el régimen de cómo aprobar los transgénicos. Se avanzó sobre los territorios en la década del noventa y en la década del dos mil se aplicó el modelo. A partir de ahí, todos los gobiernos se basaron en este modelo, kirchnerismo y macrismo. Ahora lo que planteó Alberto Fernández es que el campo es un socio estratégico del gobierno. No digo que todos son lo mismo, digo que con el modelo transgénico, extractivo y de agronegocio hay una política de estado que, con sus mínimos matices, la aplican todos los gobiernos.

Esto que pasó en Argentina en estas décadas, es lo mismo que pasó en Bolivia, Paraguay, Uruguay y en Brasil. Sin importar los signos políticos, aplicaron el mismo modelo todos. Esto nos tiene que llamar la atención, nos tenemos que plantear porqué está pasando que este modelo de dependencia, que trae enormes consecuencias, se aplica a pesar de los colores políticos.

– ¿Qué te genera personalmente la reciente instalación mediática del término soberanía alimentaria?

Bienvenido que un presidente nombre las palabras soberanía alimentaria, pero también hay que decir que, más allá de nuestra opinión al respecto de la estatización o nacionalización de una cerealera como Vicentín, esto no tiene nada que ver con la soberanía alimentaria. Este término fue acuñado en la década del noventa por la Vía Campesina, que es el movimiento internacional campesino que existe en más de 70 países, incluido Argentina, y que tiene que ver con distintas situaciones que ningún gobierno de nuestro país ha aplicado.

La soberanía alimentaria va por el no al modelo transgénico, no a los agrotóxicos. Por el si a la agroecología, a la redistribución de tierras y las semillas en manos de los campesinos, al comercio justo, al desarrollo local basado en agricultura sustentable. Es un gran error creer que la estatización de una gran cerealera como Vicentín tiene algo que ver con la soberanía alimentaria.

En Argentina en el 2014 se aprobó una Ley Nacional dedicada específicamente a la agricultura familiar, se hablaba de una histórica ley de reparación para la agricultura familiar que tiene muchos ingredientes que tiene relación con la soberanía alimentaria, para el desarrollo campesino e indígena. Aún hoy, esa ley no fue reglamentada, no tiene presupuesto. Si de verdad nos interesa la soberanía alimentaria habría que aplicar políticas públicas activas para el sector de la producción de alimentos.

Otra cuestión fundamental para pensar la soberanía alimentaria es rediscutir la tierra, para quiénes y para qué.  Bienvenida esta discusión, pero para hablar de soberanía alimentaria tenemos que apostar a otro modelo, no al del agronegocio transgénico.

Escuchá el audio de la entrevista completa, donde también dialogamos con Aranda acerca del libro “¿Quiénes hacen periodismo? Trabajadoras y trabajadores de prensa. Historias y miradas sobre el oficio” aquí:

Por Fabián Agosta y Julia Biagioli

Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen

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