La Lof Quijada y Arelauquen S.A

La interrupción del paso de la Comunidad Quijada en la ladera sur del Cerro Otto motivó la publicación del colectivo de antropólogas -Gemas- de la reconstrucción de las memorias de la comunidad. Segundo informe: El desarrollo inmobiliario del corcio Arelauquen S.A en el Cerro Otto.

De un lado un conuntry, del otro un acomunidad mapuche. Foto: Euge Neme.

Arelauquen Golf & Country Club es un consorcio de firmas de gran cantidad de empresarios pertenecientes al grupo Belga BURCO Desarrollos S.A. –Belgian Urban Renovation Company–. La urbanización que impulsó la empresa Arelauquen comprende más de 710 hectáreas

ubicadas a metros de la costa noroeste del Lago Gutiérrez y sobre la ladera sur del Cerro Otto, a 15 kilómetros del centro de la ciudad de Bariloche. Este mega proyecto comenzó en el año 2000, lanzando al mercado ventas de lotes en distintas etapas, que aún en la actualidad se continúan comercializando. 

Gerentes, propietarios rurales, empresarios, jueces, abogadxs, ministrxs y otrxs inversores son quienes actualmente componen el directorio de Arelauquen según el Boletín Oficial de Río Negro. En un ensayo de difusión del 2019, fueron enunciados los nombres de las personas que dirigen y componen el organigrama de la empresa (Nota de Medio Extremo, 8 abril, 2019). No obstante, desentrañar qué es Arelauquen implica mucho más que poder decir que es un grupo de empresarios, con sus propias estrategias y lógicas de acaparamiento. Los actores que participan de este Country están asociados a litigios, corrupciones políticas, intereses económicos multinacionales y relaciones de poder, que trascienden el status de lo local y regional. Sin embargo, la codicia y los intereses de esta empresa no sólo conlleva a no otorgar el acceso al camino ancestral y comunitario de la comunidad, sino también a destruir y despojar el territorio mapuche.

Arelauquen y las prácticas de despojo

En una de las tantas cartas de denuncia que escribió desde entonces la Lof Quijada decía:

“(…) hace aproximadamente dos años atrás comenzaron los problemas (con la empresa Arelauquen). En primer lugar, esta gente comenzó con un dudoso e irregular corrimiento de los alambrados sobre nuestro territorio. Por otro lado, comenzaron con las amenazas a nuestra familia e incluso con la agresión física de dos de nosotros, en una oportunidad con el apoyo de agentes de la policía de Río Negro. Cada vez que salíamos del lugar a trabajar o a realizar trámites, ellos venían y corrían el alambre, realizando trabajos en nuestra ausencia. Asimismo nos cerraron el camino que desde siempre existió en el lugar y que nosotros utilizamos, desde antes que esta empresa se radicara en la zona y hoy nos vemos forzados a entrar en el territorio por senderos de montañas y picadas que hacen muy dificultoso el ingreso” . Carta al intendente Marcelo Cascón en 2010.

Cartas como esta se repitieron en distintas oficinas del Estado –municipales, provinciales y nacionales– durante más de diez años. 

Como señala la comunidad en la carta citada, esta empresa se apropió de un sector significativo del territorio, emplazando un alambrado que pasa a escasos metros de las ruka (casas), huertas y corrales de la Lof. Se trata de aproximadamente treinta hectáreas del territorio Quijada que Arelauquen alambró por la fuerza, puesto que cualquier tipo de defensa por parte de la familia mapuche era reprimida por la policía. La parte del territorio apropiada por Arelauquen es la única plana y la más esencial para llevar a cabo la práctica de la agricultura y la cría de animales. De este modo, los Quijada fueron obligados a sostener su economía en tierras poco aptas para el desarrollo de la agricultura y la ganadería; afectando a la cría de animales de granja y a la producción de frutas y verduras que es parte del sustento diario. Hecho agravado por encerrar también “la planicie del lagarto”, donde está el cementerio (eltuwe) de la comunidad. Este había sido identificado por el padre de Leonor antes de morir, por estar a cierta altura del cerro, cerca de un arroyo y en cierta orientación con respecto a la saliente del sol.

Los Quijada son reconocidos como hacheros en la ciudad. Foto: Euge Neme.

Además de este despojo, Arelauquen alambró el camino tradicional de los “Álamos” utilizado por las familias de la Lof durante décadas. Eliminando, de este modo, el último y único acceso vehicular, y obligando a los Quijada a ingresar o salir de su territorio a pie y por senderos de varios kilómetros. Es sabido que las comunidades –y particularmente las que residen cerca de la ciudad– deben recurrir diariamente a los centros urbanos por temas de salud y cuidado, para cumplir con la escolarización de lxs niñxs, y para comprar los alimentos que no se producen en el territorio. Además de todos estos fines, la Lof Quijada usaba el camino de los Álamos para transportar sus animales, el forraje y la leña, indispensables en su economía familiar. El hecho de cerrar un camino de acceso, no darles la servidumbre de paso y dejar a una comunidad aislada es una de las prácticas más desiguales de despojo.

Uno de los principales temas que preocupaban –y continúan preocupando– a la Lof es la violencia –tanto policial como de la seguridad privada– ejercida hacia los miembros de la comunidad en defensa de los intereses de Arelauquen. Llegando, incluso, a detener sin ninguna causa a uno de ellos y a golpear fuertemente a dos de sus integrantes: “a mi hermano lo torturaron y lo pasaron por debajo del alambre. A mi sobrino lo dejaron tirado allá en el arroyo de Virgen de las Nieves. Por qué? porque solo eran Quijada” (Luisa Quijada, marzo 2019 en Wall Kintun TV).

La indiferencia de Arelauquen

Frente a estos atropellos, la Lof realizó innumerables denuncias tanto a las distintas instituciones del Estado como a Arelauquen Golf & Country. Sin embargo, ante esta cantidad de cartas y reclamos, la contestación recibida por parte del apoderado de este grupo inversionista decía lo siguiente: 

“(…) adelantamos que no podemos acceder a vuestro pedido de paso de servidumbre. Finalmente no le consta a esta parte, de hecho nunca hemos visto la existencia de un camino que ‘desde siempre’ transcurra a través de nuestra propiedad, como tampoco le consta que fuera lugar de residencia de comunidad alguna o persona alguna” . Respondió Alfredo Iwan el apoderado de Arelauquen en 2010 ante el pedido.

Las dificultades de la comunidad por falta de este acceso se hicieron intolerables cuando algunos de sus miembros corrieron serio peligro ante una emergencia de salud, por no haber podido acceder una ambulancia o poder salir de la comunidad con un vehículo hasta el hospital. Recién el 2 de julio del año 2018 la empresa Arelauquen acepta llegar a un acuerdo (que solo cumpliría hasta el 31 de octubre de ese año). De todos modos, la letra del acuerdo propuesta por la empresa fue una clara expresión de su indiferencia hacia los problemas de la comunidad y de la impunidad con la que se le permite operar negando derechos indígenas y asuntos de bien público. En el marco de ese acuerdo, Arelauquen concede el uso del camino bajo las siguientes condiciones: sólo podían usar los vehículos de seguridad de la empresa Arelauquen, cada miembro que quisiera hacer uso del camino debía dar su nombre y DNI, llevar consigo sólo un bolso de mano, avisar 24 horas antes y únicamente en el horario diurno de 8 a 18 horas.

Niños y niñas deben hacer una vuelta larga para acceder a la escolaridad. Foto: Euge Neme.

Mientras la familia Quijada aguarda desde entonces un acto de justicia por parte del Estado, este grupo inversionista aprovecha para seguir profundizando el despojo, avanzando sobre el territorio y consolidando su proyecto inmobiliario:

una vez dijeron que el alambre era provisorio, pero hace trece años que el alambre está y ahora le están poniendo material. Entonces, eso no es provisorio”. Dijo Beatriz Quijada en diciembre 2019, al respecto.

El cierre del camino tradicional de los “Álamos” no sólo impidió el acceso –indispensable– de vehículos, sino además la imposibilidad de recorrer la corta distancia que separa el barrio –donde se desarrolla parte de sus vidas– del territorio de la comunidad, por el camino que han usado desde que nacieron. 

El único acceso alternativo es un  sendero en la cumbre del Cerro Otto que se encuentra a 15 kilómetros del centro urbano de Bariloche. Una vez que llegan allí con sus vehículos, deben dejar estos para transitar a pie por una picada de 3 kilómetros y con un desnivel de 350 metros. La firme decisión de no abandonar el territorio los encuentra hoy en día acarreando sus productos de consumo, alimentos y enseres para los animales, las herramientas y otros grandes bultos –esenciales para la vida familiar y laboral– durante más de tres horas subiendo una picada de cerro que gran parte del año se encuentra intransitable por las lluvias o por la nieve.

“(…) ellos cerraron ahí y ya nosotros no tenemos vida. Ahora, por ejemplo, tengo los animales que están flacos, están a la cochina miseria esos animales ¿Por qué? Porque yo con una bolsa de 35 kg ya no me lo puedo subir para aquí arriba. A mí me da pena ver esos animales flacos. ¿Sabes lo que cuesta subir con una bolsa de 35 kg en el hombro? cuesta mucho. Nos complica el camino, porque nosotros ahora no podemos criar gallinas, ni animales (…) Acá si se corta alguien con la motosierra se va a morir desangrado porque no te dejan pasar”. Dice Luisa Quijada.

mi papito (el logko de la Lof, de 103 años de edad) no puede ir, pero si tuviera el paso acá le darían la alegría a mi padre de llegar a donde él vivió por muchos años” .

( Luisa Quijada, marzo 2019. WALL KINTUN TV). 

El cultivo en invernadero, una práctica de los Quijada en la ladera del Cerro Otto. Foto: Euge Neme.

Acá siempre hubo un camino, salíamos para ir a la escuela y volvíamos. O mi papá salía a buscar la mercadería por ahí también. Ahora está todo cerrado. Y así como  tus hijos tienen el derecho de estudiar, el mismo derecho tienen los míos”.

Beatriz Quijada, Diciembre 2019.

La continuación del despojo en contexto de aislamiento preventivo por el coronavirus

El 5 de junio la comunidad circuló un video y un comunicado para denunciar que la empresa Arelauquen estaba tratando de consolidar su despojo territorial en el presente contexto de emergencia. Resulta que, mientras Bariloche está en cuarentena, la comunidad se despertó por el ruido de las máquinas y de los trabajadores de esta empresa que estaban construyendo un muro de hormigón y caños en territorio de la comunidad. Mientras que, simultáneamente, en esa parte del territorio usurpado, talaban bosque nativo para abrir un camino interno del barrio privado.  

Formas de vida sencilla de un lado, del otro opulencia y extranjerización. Foto: Euge Neme.

La Lof Quijada tiene que ver todos los días como Arelauquen prende sus caudalosos regadores durante gran parte del día, mientras sus integrantes trabajan muy duro para obtener agua de los pocos arroyos y vertientes que quedaron en su territorio. Tienen que subir tres horas de cerro con cargas descomunales mientras los voceros de Arelauquen niegan el acceso explicando que “los dueños de las casas no quieren ver mapuches con cargas y autos viejos circulando el barrio”. A los miembros de la Lof Quijada se les ha ido gran parte de sus vidas haciendo cartas, documentos y presentaciones para pedir justicia, mientras lo único que vieron ayer desde sus rukas es cómo esta empresa continuaba corriendo sus alambrados con cemento y talando bosque nativo en su territorio. Las máquinas están pasando por lugares de su territorio cuyos vínculos con los miembros de la Lof son tan constitutivos como privados y delicados (por eso mencionamos antes, y de forma muy general, el entierro de placentas, el lugar elegido como cementerio, o los lugares de rogativa).  

“Nosotros no vamos a dejar que sigan alambrando, porque nos están alambrando con cemento… Ya estamos cansados… llevamos muchos años, de respeto, de bien hablados, ya todos estamos hechos mierda ya acá. En pleno invierno yo acá encerrada, no tengo para buscar comida para mis animales. Nos llegamos a enfermar… está mi mamá acá, si se nos enferma mamá no la podemos sacar… Tengo angustia, tengo bronca… Ellos se pasean como dueños y señores por el territorio de nosotros, que no es de ellos, y nos da mucha bronca. ¿Qué más se puede hacer? Si la justicia no hace nada, qué querés que haga… ahora con la pandemia los otros están lo más bien trabajando, y nosotros como los boludos que tenemos que estar esperando, esperando, esperando….” .

Luisa Qujada (diciembre 2019)

Finalmente, encontrarse encerrados por los alambrados es una constatación suficiente para evidenciar la imposición de Arelauquen sobre el territorio mapuche. Pero cuando estos alambrados comienzan a ser alambre de cemento”, se evidencia la profundidad estructural de las desigualdades, los años de negación y la falta de respuestas. Desde el sentido común, el acto de trazar un alambrado establece y fija los términos de qué contener y qué dejar fuera de la percepción de ese espacio. En cambio, desde la perspectiva de la Lof, este mismo alambrado representa el robo histórico y permanente de sus tierras, la negación a reconocer su preexistencia como pueblo, y la consolidación del despojo –“están poniéndole cemento hasta llegar a nuestra ruka”– (José Quijada, comunicación personal, 2019). El símbolo de la materialidad del alambrado –pasar de poner palos a poner cemento– impulsa la apuesta política de la comunidad Quijada: “hemos sufrido mucho, pero hoy decimos basta”.

Enlaces consultados:

Wall Kintun TV Comunidad Quijada pide que Arelauquen restituya camino público

Medio Extremo El buitre que bloquea a los mapuche

Video y Comunicado difundido por la Comunidad Quijada el 05/06/2020. 

Por grupo GEMAShttps://gemasmemoria.com/2020/06/07/la-historia-de-la-lof-jose-celestino-quijada-el-conflicto-territorial-en-la-ladera-sur-del-cerro-otto-san-carlos-de-bariloche-rio-negro/ )

Fotografías: Eugenia Neme

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen