Libertad, normalidad y proyectos en pugna. ¿Qué libertad perdimos con la pandemia?

Seguramente podamos coincidir en que ser libre o luchar por ello es un elemento necesario para llevar adelante una vida plena o completamente humana.  Muy difícilmente encontremos a alguien que prefiera el sometimiento a la libertad. En estos párrafos intentaremos pensar la libertad en relación a la ruptura de la normalidad que nos impuso la propagación vertiginosa de un minúsculo virus y las medidas adoptadas para frenarlo. Al mismo tiempo, intentaremos repasar los actuales proyectos políticos en pugna en relación a la salida de este estado excepcional.

Libertades restringidas por efecto de la pandemia. Foto: Euge Neme.

Sin lugar a dudas, es durante el transcurso de este evento extraordinario, de consecuencias inciertas al que asistimos como humanidad, que la libertad aparece como arrebatada. Sentimos que la Pandemia y/o las medidas adoptadas de aislamiento preventivo nos ha quitado un derecho fundamental como es la libertad de circular, de ir al trabajo, de producir, vender y comprar, de visitar a nuestros seres queridos. Para garantizar esto se han desplegado retenes policiales que controlan los permisos excepcionales de circulación, corriendo el riego de percibir multas y hasta detenciones. Como si esto fuera poco, comenzará a aplicarse en nuestro país el ciber patrullaje y el seguimiento digital como control del movimiento de los infectadoxs[i].  Todas estas medidas son las que mayor éxito han tenido en otros países, principalmente del continente asiático, con experiencias previas en controlar epidemias. Sin embargo, es preocupante ver como se refuerzan los dispositivos de control sobre las poblaciones en formas que en otra coyuntura hubiera generado fuerte resistencia. Sobre todo, resulta escalofriante pensar que sería de esos mecanismos con la derecha neoliberal manejando el Estado Nacional.

Paradójicamente, en la actual situación la libertad pasaría por la posibilidad de quedarse en el hogar, cumpliendo con el aislamiento preventivo que es la única vacuna efectiva hasta el momento para no contraer la infección que nos azota. Un virus democrático que no distingue clases sociales a la hora de atacar, encuentra a su paso una sociedad profundamente desigual, donde el hacinamiento, la falta de alimentos o servicios básicos como el agua, la necesidad de salir por un sustento, la imposibilidad de acceso a insumos sanitarios y de limpieza, coloca a los sectores vulnerados de nuestro pueblo en un peligro mucho mayor. En informes recientes de la Capital federal del país, mientras en las villas la tasa de duplicación del virus es de 5 días, en el resto de la ciudad es de 18.

Los barrios humildes, los mas castigados por el coronavirus. Foto: Euge Neme.

Al día de hoy, se estiman en cuatro mil millones de seres humanos en situación de aislamiento en un mundo paralizado como nunca en la historia moderna. La libertad se nos presenta condicionada, se hace sentir la falta de ella y se vive una fuerte incertidumbre sobre la posibilidad de recuperar esa normalidad perdida. Pero quisiera detenerme en la siguiente pregunta: ¿Éramos libres antes o estábamos acostumbradxs a algún tipo de sometimiento?

La sociedad capitalista ha demostrado en la práctica que la cultura hegemónica, en su proyecto de desigualdad planificada requiere también de un sujeto que, aunque sometido acepte y sostenga un mundo pensado por y para los poderosos. Un mudo donde la injusticia se ha vuelto un hábito, o una condición de la “normalidad”. Por lo tanto, sucede que los sujetos sometidos a una realidad que se naturaliza y normaliza, reproducen esas circunstancias y suelen reaccionar a las propuestas liberadoras con temor, aquello que Erich Fromm desarrolla en su libro el miedo a la libertad.

Pero entramos a un tiempo de incertidumbre. Un ser invisible, microscópico se extiende por el planeta utilizando la circulación frenética de personas y cosas del sistema capitalista globalizado, vino además a paralizar esa normalidad en que nuestra vida se desarrollaba y nos envolvía a todxs con la fuerza de lo cotidiano. Hoy todxs tenemos la sensación de que la normalidad en la que vivíamos se quebró. Pero como dijimos, la normalidad, es en realidad la normalización o naturalización de ciertas condiciones de existencia.

No podemos decir que en la “normalidad” que perdimos eran libres los trabajadores y trabajadoras que vivían de un trabajo informal, precario, inestable intentando sobrevivir en un mercado monopolizado por las grandes corporaciones nacionales y transnacionales; tampoco lo eran las mujeres sometidas a la violencia machista, ni los campesinos o los pueblos ancestrales sin sus tierras, a lo que podríamos sumar  todos los sometimientos de la vida a la que estábamos, algunxs más otrxs menos, acostumbradxs.  

 

Los proyectos en pugna. Mercado, Estado y el rol de las organizaciones populares.

La ruptura de esa “normalidad” nos pone delante un desafío inédito que podemos resumir del siguiente modo: ¿Hacia dónde se dirige la sociedad? Esta sensación de incertidumbre desvela y angustia a millones de seres humanos alrededor del globo. Sin embargo, una vez más, será el resultado de la lucha de los proyectos políticos en pugna, lo que dará curso y dirección a las fuerzas sociales existentes. Esto determinará en gran parte donde nos encontraremos en un futuro a mediano y largo plazo.

El gran problema que se avecina es la necesidad de garantizar las condiciones materiales de existencia de gran parte de la población que ha visto diluirse su modo de vida. Es necesario tener en cuenta, que la paralización total del capitalismo mundial y nacional a raíz de la cuarentena feroz en la que están la mayoría de los países, se agrega el hecho de que el mercado internacional estaba entrando en una crisis productiva y financiera profunda, que termina de colapsar a causa de la propagación del virus, al punto que ya se vislumbra que podría tratarse de la mayor crisis económica de la historia de la sociedad capitalista, peor aún que la tristemente famosa crisis del 29. 

Los últimos años, el proyecto político neoliberal de Macri, nos sumió como país en el endeudamiento externo, el recorte del Estado, el ajuste de las políticas públicas incluido el sistema de salud cuyo ministerio fue reducido a secretaría, reorientando esos recursos en favor del capital especulativo concentrado. Este proyecto que, aunque votado en 2015 por una mayoría, representa en realidad los intereses de un puñado de poderosos que se beneficiaron con sus medidas políticas y económicas y que hoy vociferan por los medios afines el levantamiento de la cuarentena.

En plena cuarentena, el macrismo continúa alineado con los mismos intereses locales e internacionales. A escala regional este proyecto lo encabezan Trump y Bolsonaro. Para este sector es primordial reactivar el proceso de valorización del capital, por lo que consideran un mal aceptable una mayor pérdida de vidas humanas a causa de la propagación del coronavirus.

En una entrevista reciente Naomi Klein afirmó que el sistema capitalista “siempre ha estado dispuesto a sacrificar la vida a gran escala en aras de la ganancia…Esa es la historia del colonialismo, de la trata transatlántica de esclavos, de las intervenciones estadounidenses por el mundo… Es un modelo económico empapado en sangre[ii]

Es cierto, que la conjugación entre pandemia y crisis económica mundial está dejando fuera de actividad a millones de trabajadorxs en el mundo con las consecuencias desastrosas que esto trae asociado. Se aproximan niveles de mayor desempleo, precariedad de la vida, pobreza, indigencia. A lo que apuesta el sector neoliberal en esta coyuntura es dejar que se desarrolle la crisis naturalmente, ya que, la otra consecuencia desastrosa de la misma, es la mayor concentración de la riqueza en pocas manos que esto terminará generando.

Contamos dentro de este sector con los propietarios de las industrias farmacéutica, alimenticia, energética, armamentística y los medios masivos de comunicación, entre otras. Los distintos análisis críticos sugieren que, probablemente “tal como ocurrió con la crisis de 2008, el capitalismo que suceda a esta horrible coyuntura tenga mayores niveles de concentración y sea aún más despiadado.”[iii]   

Pero la crisis total del sistema imperante, ha puesto al descubierto la incapacidad del mismo para garantizar la vida digna de las grandes mayorías. Sin embargo, los bufones sociópatas[iv], como los denomina Noam Chomsky, siguen minimizando la pandemia en pos de mantener encendida la máquina. En EEUU, país con la mayor cantidad de muertos en el mundo, sigue priorizando la economía. Sin embargo, los datos económicos desnudan con claridad que los niveles de desocupación en el imperio aumentaron en más de 20 millones de trabajadorxs en los últimos meses, a pesar de los salvatajes multimillonarios al sector financiero y políticas de contención social por parte del Estado norteamericano para mantener el mercado activo.  

El otro proyecto político en pugna está orientado a recuperar el rol del Estado en la organización de la vida social y económica.  En este proyecto podemos ubicar al gobierno actual de nuestro país. Desde el inicio del mandato, el gobierno de A.F viene intentando incentivar el consumo de los sectores más vulnerados, a través de bonos a jubilaciones y asignaciones familiares, el lanzamiento de la tarjeta alimentar. Al poco tiempo de asumido se puso sobre la mesa el problema de las retenciones a los grandes terratenientes, lo que le valió las primeras movilizaciones en contra por parte de la oligarquía.

En plena pulseada, tres meses después de iniciado su gobierno, la pandemia vino a patear el tablero mundial y nacional. En este contexto inesperado, el Estado Argentino tuvo una acelerada respuesta y, con apenas dos casos confirmados en el país, se decretó la medida de aislamiento social preventivo y obligatorio. Cabe destacar que la medida adoptada ha sido de las más enérgicas y rápidas del mundo, motivo por el cual, la curva de contagios viene en lento crecimiento y ya ha evitado la muerte miles de personas según las estadísticas que manejan defensores y detractores. [v]

En este marco, el gobierno comenzó a desarrollar una batería enorme de políticas destinadas a paliar la crisis del coronavirus desde un Estado que encontró en bancarrota. Ya el 21 de marzo, un día después de decretada la cuarentena el gobierno lanzó un paquete con 30 medidas en las cuales se destacan los créditos para desarrollo de equipamiento médico, préstamos a baja tasa para pymes, bonos para jubilaciones y asignación universal, el Ingreso Familiar de Emergencia. “el paquete de medidas económicas destinadas a frenar el impacto de la pandemia del coronavirus tendrá un costo fiscal para el Estado de al menos dos puntos del PBI, lo que implicarán unos $600.000 millones[vi].

Para lograr el objetivo de salvar vidas y sostener algún nivel de producción y consumo, se ha tenido que echar mano a los fondos que tendrían que haber pagado los vencimientos de deuda. Pero ni siquiera esto alcanzaría al Estado para estabilizarse por mucho tiempo. Si el gobierno quiere un Estado presente y redistribuidor de riqueza las medidas deberán orientarse a recuperarla de los sectores donde se encuentra concentrada esa riqueza. Una pequeña minoría pero con una enorme capacidad de reacción. De este modo, se habla de impuesto extraordinario a las grandes fortunas o reconstruir la junta nacional de granos, entre otras apuestas. Sin embargo, hasta el día de hoy son solo sueños de los más optimistas.  En un mundo que se contrae exponencialmente, con un Estado atrofiado por años neoliberales y con el poder real, el capital concentrado, dispuesto a todo por mantener sus privilegios, es un arduo camino el que se debe atravesar.

Es un hecho que la libertad es siempre algo que se conquista y nunca una dádiva del opresor. Mirando la historia humana, podemos decir que donde hubo esclavitud hubieron también fuerzas oponiéndose a la opresión y buscando proyectos más igualitarios, justos y libres.  Es necesario valorar y ponderar la importancia del pueblo y sus organizaciones.

Las organizaciones sociales para una sociedad más justa, libre y soberana. Foto: DK

Una sociedad más justa, libre y soberana va a venir de la mano de las organizaciones sociales que se desarrollan a lo largo y ancho del país. Los pequeños productores, las cooperativas de distribución y consumo. Las organizaciones territoriales, culturales, educativas y de salud, los sindicatos, etc. En esta pulseada por el proyecto que necesitamos las herramientas del pueblo pueden y deben ser definitorias del resultado. 

Recuperar territorios ancestrales como parte de una nueva normalidad, desplazar al monopolio de todos los ámbitos de la vida para ser más libres, construir una mirada del mundo desde nosotrxs a través de nuestros medios de comunicación, de esto también dependerá la posibilidad de organizar una normalidad con mayores niveles de libertad.


[i] La pandemia y el sistema-mundo | por Ignacio Ramonet, Nodal, noticias de América latina y el caribe.

[ii] Naomi Klein: “La gente habla sobre cuándo se volverá a la normalidad, pero la normalidad era la crisis” https://www.elsaltodiario.com/

[iii] El Cohete a la Luna. Luces de la Ciudad. Horacio Verbitsky. 10-05-20.

[iv] Pagina 12: Noam Chomsky y el coronavirus: Otra falla masiva y colosal de la versión neoliberal del capitalismo. 24-04-20

[v] Noticia de: El Litoral (www.ellitoral.com) [Link: https://www.ellitoral.com/index.php/id_um/236573-jorge-aliaga-sin-el-aislamiento-estariamos-cerca-de-los-500-mil-casos-de-coronavirus-entrevista-al-fisico-e-investigador-del-conicet-salud.html%5D

[vi] https://www.infobae.com/economia/2020/03/17/las-medidas-economicas-que-se-anunciaron-insumiran-un-2-del-pbi-pero-el-gobierno-apuesta-a-contener-la-crisis-del-coronavirus/

Por Ignacio Panaino

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen