¿Cuáles serían los efectos de la reestructuración de la deuda?

Conversamos con el economista Mariano Lanza acerca de que implica la propuesta del gobierno nacional de reestructuración de deuda externa y el impuesto a las grandes fortunas.

Un camino complejo la apuesta Argentina de reestructuración de deuda. Foto: Euge Neme.

– ¿Qué significa esta propuesta de reestructuración de deuda? ¿Cómo incidiría en nuestras vidas cotidianas?

-En términos generales la propuesta de reestructuración con los cálculos que están planteando desde Nación, entendiendo que hay una deuda externa insostenible, consta de intentar reestructurar una buena parte de la deuda pública que son alrededor de unos 66 mil millones de dólares. Con eso como propuesta quieren cambiar esos bonos que tienen los privados por otros. La principal condición es que ese cambio de bonos que ofreció el Estado Nacional implica una quita muy grande en términos de lo que se pagaría por intereses.

Según está estimado, en términos generales, implicaría una quita de intereses del 62% y una reducción del capital, del monto total que se debe. Lo más importante, que afecta fuertemente al presupuesto es esa reducción en el pago de intereses. Aparte, en esta propuesta plantean tener tres años de gracia, es decir no pagar nada, ni intereses ni capital hasta el 2023.

En la cotidiana concretamente libera recursos para destinarlo a otros fines, que sería inversión pública, el sostenimiento del sector de salud y educación. Básicamente le permitiría al Estado disponer de recursos que no lo paga al exterior o a tenedores internos y por tal le permite generar política pública.

-En definitiva con este dinero en tres años se podrían generar recursos para poder paliar la cotidiana…

-Lo que plantean es dejar que le economía crezca o pueda empezar a crecer. A partir de que se de este crecimiento podríamos empezar a pagar. Después entran otras discusiones en juego, si hay que pagar la deuda o no. En definitiva es pedir tres años de gracia y bajar el monto total de los intereses. De la bolsa total de donde ingresan recursos en el sector público -por lo general de los impuestos- si se va mucho a intereses, obviamente implica que es muy difícil mantener otras erogaciones, los hospitales, la educación, las universidades… Toda la infraestructura que entendemos que hoy en día es más importante la presencia del Estado.

Esto se venía trabajando previo a la pandemia. Cuando asumió este Gobierno se entendía que la deuda pública había llegado a una dimensión insostenible desde el punto de vista interno, de cómo afecta el bolsillo y las condiciones de vida de los argentinos. Para tomar una dimensión, de esos 66 mil millones de dólares, 41 mil fueron adquiridos solamente en los últimos cuatro años.

El proceso de endeudamiento del gobierno anterior llevó a un endeudamiento galopante que nos asfixia en términos de la masa presupuestaria de los recursos que tiene el Estado a estas condiciones que se habían pautado en términos de las condiciones de la deuda pública, implica que casi todos los recursos que recibe el Estado tienen que ir a parar ahí. Es decir, no habría fondos ni para obra pública, ni para educación o salud.

– ¿Qué implicaría el impuesto a las grandes fortunas? ¿Quiénes lo tendrían que pagar?

-Por lo que se viene hablando, es un impuesto a las muy grandes fortunas. En principio, la línea de corte estaría en los grandes patrimonios, aquellas personas físicas que tienen en su patrimonio más de 3 millones de dólares. En términos generales abarcaría a 12 mil personas de la población total, es un universo muy reducido. Es alrededor de un 1% del total de las personas que pagan bienes personales. Es la cúpula de los que más tienen, las personas más ricas del país.

Es un impuesto a esos patrimonios. Se prevén tasas progresivas, cuanto más dinero tenés la tasa es cada vez mayor. Se recaudarán alrededor entre 2 mil y 3 mil millones de dólares. Se discute bastante de esto, algunos dicen que esto no es muy producente, pero en este contexto de pandemia donde las necesidades del Estado se multiplican para afrontar esta crisis, esta ruptura del proceso productivo y la parálisis no hay otra base. Por más que discutamos, no hay otra base impositiva de dónde sacar en términos generales. No podés aumentar ganancias cuando la actividad productiva está frenada, no podés aumentar el IVA cuando no hay actividad económica. La única base tributaria surge de la declaración de los patrimonios.

Por Fabián Agosta y Julia Biagioli

Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen