La “salita” de Virgen Misionera: un pequeño faro en el mar de confusiones

En medio de la pandemia cien personas se juntaron en el centro Virgen Misionera para recibir la vacuna contra la gripe. El coronavirus llegó a la ciudad. Bariloche entró en la segunda fase de la pandemia. Ante la sensación de inminente naufragio, la gente busca un refugio.

Acompañar a los abuelos y abuelas, tarea de los equipos en territorio.

En la mañana del viernes 3 de abril más de cien personas se acercaron al Centro de Salud de Virgen Misionera. Querían vacunarse contra la gripe. Creían que esa vacuna lxs hacía inmune al Covid 19.

EL 29 de marzo el centro de salud publicó en su facebook el siguiente mensaje:

“Si sos del barrio Virgen Misionera y tenés más de 65 años 👴🏻👵🏼quédate en tu casa 🏠 que vamos a vacunarte!! 💉Podés avisarnos por mensaje privado la dirección. Gracias por esperarnos!!

Muchxs vecinxs y otras personas que no eran del barrio hicieron una fila delante de la salita. “Nos sorprendimos”, nos contó Natalia Kertz -médica generalista- “ y como pudimos asumimos el miedo colectivo y la ilusión de que en cierta forma la vacuna de la gripe los hacía sentirse más seguros”.

En este tiempo de aislamiento cada unx se encuentra con aquello que construyó. Los treinta años en que se viene construyendo la “salita” de Virgen Misionera la convierte en un pequeño faro en el mar de confusiones. Envueltxs en verdades nebulosas, lxs vecinxs buscan una cara conocida y respetada, frente al virus del miedo, buscan la sensación de abrigo que da una casa.

“La salita” es una casa amarilla, soñada por el padre Currulef, que fue creciendo con el barrio. Empezó con un solo consultorio y una sala de enfermería, y con el esfuerzo de los vecinos -venta de empanadas, locro, peña solidaria-, la casa se fue ampliando para albergar un equipo integral de trabajadorxs de la salud. Allí no solo se atienden los dolores sino que se comparten historias y se crean lazos que ayudan a estar sanos.

Durante esta semana, el equipo de la salita salió al barrio a visitar a sus adultxs mayorxs. Se encontraron con mucha soledad, se lxs vacunó y se armó una red para que estén vinculadxs -un recurso más para sostenerse en esta realidad-. Muchas de ellas participan en el taller de plantas medicinales y en los talleres sobre la mujer.

Cuando el coronavirus nos recuerda ese delicado equilibrio entre la tierra, la humanidad y los animales, el trabajo de la salita se resignifica. En esta casa se propone otro tipo de medicina, no se trata de una relación jerárquica y a veces autoritaria entre doctxr y paciente, sino que se fortalece a lxs vecinxs haciendo circular el conocimiento de lo que lxs rodea. Para esto se crean espacios de encuentro donde se comparten los saberes de la naturaleza y de la propia experiencia.

Esta situación inédita, nos lleva a repensar algunas certezas. Antes, el médicx era el que sabía y esto lo posicionaba en un lugar de poder. Ahora la escena es diferente: el equipo de salud aprende en medio de los acontecimientos, el equipo de salud y el paciente son igualmente vulnerables.

Se proyectan varios escenarios posibles después de la pandemia. Desde estos enclaves comunitarios podemos imaginar un país que, siguiendo a Rita Segato, pueda albergar un estado capaz de cuidar y una medicina capaz de maternar.

Por Verónica Battaglia

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen

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