Imaginaria

Se puede llegar a Imaginaria desde el este, por un camino ondulado, o desde el oeste, atravesando el lago. Ahora las dos entradas están cerradas, es imposible ingresar o salir de la ciudad.

Los habitantes están aislados en sus casas. Algunos se cuelgan a una vida en línea, como la ropa recién lavada, sujetada con broches a la intermitencia del modem. Otros no.

Los Embarbijados son los únicos autorizados a salir de sus casas. Esta posibilidad de atravesar la ciudad ausente les da autoridad para describirla. Algunos dicen que nunca la vieron tan ordenada, limpia y brillante como el lago. Otros, que parece un pozo indescifrable, más profundo que el lago.

Los Embarbijados echan un humo tóxico para amedrentar a aquellos que salen sin autorización. Algunos sueltan amarras y creen que pueden burlarse de todo alejándose lago adentro. Pero esa inmensidad, oscura o brillante, también está custodiada.

Dentro del grupo de los Embarbijados, están los Indispensables. Éstos trabajan en el único lugar donde el intercambio está permitido. Los que llegan hasta allí traen consigo una historia dolorosa. Cada historia tiene su metáfora y hay un piso para cada metáfora. Por ejemplo: los que llegan despacio porque a su paso solo encuentran caminos torcidos hacen fila en la planta baja, los que miran hacia arriba, hinchados de ambición, se dirigen al último piso, los que llegan con la mirada perdida, buscando su paraíso, suben al primer piso.

Los Indispensables escuchan atentamente sus historias y le ofrecen píldoras -hechas de extractos de plantas- a cambio. El problema es que el edificio es muy grande, contiene infinitos pasillos, todos blancos e idénticos. A veces los contadores de historias se confunden de piso, pero de todos modos el intercambio suele ser exitoso, porque muchas de las historias se entrecruzan, tienen una misma trama oculta.

Pero ahora los Indispensables están abocados a escuchar solo las historias de los supuestos Infectados, a dilucidar sin son falsas o verdaderas. Se cree que las verdaderas presentan una misma trama desconocida y que eso las hace irresistibles. No existen píldoras para esas historias.

El problema que sea desconocida es que nadie se puede reflejar en ella, nadie puede reconocerse en algún personaje o escena, entonces el que la escucha comienza a mirar con otros ojos a sus colegas, a evitar las miradas con sus vecinos, a extrañarse de sus propios amigos, hasta llegar a desconocerse a sí mismo.

Hasta ahora los Infectados son solo noticias que provienen de otras ciudades y las historias relatadas en Imaginaria no son más que plagios. Pero se sabe que los Infectados se multiplican como la fascinación, invisible e irreversiblemente.

Habrá que buscar otros modos de seguir contando historias porque la ciudad es, en gran medida, esas palabras que se intercambian y que tejen una intriga de la que nos sentimos parte. 

Por Verónica Battaglia

Foto: Euge Neme

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen