Coronavirus: pandemia y oportunidad

La crisis mundial desatada por la pandemia ha golpeado el corazón de las políticas neoliberales dominantes. Desde prácticamente todos los sectores se ha pedido y ponderado el rol del Estado para enfrentar la crisis. En nuestro país, el gobierno asumido hace solo tres meses, tiene el desafío gigante de enfrentar la pandemia y al mismo tiempo la oportunidad de enterrar el relato neoliberal.

Solidaridad es entender que si no hay un Estado fuerte se salvaran pocos. No del virus. De la pelotudez de creerse que la salvación es individual, sentenció el periodista Eduardo Aliverti en su último editorial. Al parecer es el mensaje que está calando fuerte en la población sobre estos días. En mayor o menor medida la paranoia e infodemia que provocaron los medios macristas colaboró con una rápida aceptación de las medidas drásticas que tomó el gobierno para frenar la circulación del virus. Al parecer estas acciones nos ponen en la senda de los países que mejor están manejando la pandemia, aunque aún es pronto para hacer grandes aseveraciones. En este sentido recomiendo la lectura del análisis realizado por cientificxs barilochenses sobre el comportamiento de la pandemia en los distintos países en función de las acciones que ha tomado sus gobiernos y el grado de acatamiento social: https://almargen.org.ar/2020/03/22/que-sabemos-hasta-ahora-del-coronavirus/).

En función de este panorama y de los largos tiempos de reflexión que permite la cuarentena obligatoria, me atrevo a sugerir que este tiempo es una gran oportunidad.

Recién asumido el gobierno empezó a demostrar que el cambio respecto al gobierno anterior iba a ser rotundo. Ya en la nota …. Se reflejaban la batería de medidas que iban cambiando el panorama. En estos tres meses, con mayor o menor profundidad dependiendo del caso, se empezaron a tomar medidas en pos de atender a los más necesitados y a los jubilados. También para a frenar la inflación y bajar las tasas, atender a las PyMes, etc. No es mi intención enumerar todas las medidas, sino destacar la vuelta del Estado como actor más relevante en la economía, en la educación, en la salud, en la ciencia y técnica, en la seguridad, en la producción, en la justicia, en la protección de derechos básicos y en el derecho a la información.

En varios de estos aspectos aún no se avanzó más allá de lo declamativo y simbólico, pero ya es un notorio cambio de paradigma. Y uno de los conceptos centrales que ha enarbolado este Gobierno es la de la solidaridad, contraponiéndolo al de la meritocracia macrista. La crisis entonces se presenta como una gran oportunidad. Muchas de las medidas económicas que se están tomando en esta crisis y muchas de las que se tomaran eran parte del plan del gobierno. Se sabía que algunas eran muy difíciles de llevar a cabo por el grado de penetración ideológico del neoliberalismo macrista, incluso dentro del universo de votantes del Frente de Todos.

Hoy existe el aval para una intervención muy fuerte del Estado, como fijando precios máximos, clausurando comercios que aumentan los precios abusivamente, la continuidad del congelamiento de tarifas y quien dice no una futura nacionalización de los servicios, el aplazamiento del pago de créditos y embargos, la inyección de recursos extraordinaria para la AUH, jubilaciones, monotributistas y PYMEs y muchos, etc.

Falta mucho seguro y va ser duro el camino, pero es un comienzo. De aquí en adelante incluso superada la pandemia se va necesitar de un rol muy activo del Estado, en especial con los excluidos, y se está consolidando el aval social para hacerlo. Poner al referente de la Unión de trabajadores de la tierra frente al Mercado central, cuando el abastecimiento de alimentos se ha convertido en una prioridad nacional es una gran señal de que el Gobierno se propone asumir ese rol de Estado fuerte y activo.

Faltan muchas cosas y hay muchas deudas aún, como por ejemplo lo que atañe a lo comunicacional. Donde todavía se ha sido muy condescendiente con los medios macristas dominantes y poco se ha aportado a democratizar la palabra apoyando a los medios alternativos y comunitarios. Quizás no sea el momento en entrar en choque con los medios hegemónicos, pero sí de alentar a otras voces. Cuan exitosa sea la gestión de la pandemia colaborara o no con este aval ciudadano, pero también como y quienes son los medios que cuenten la historia.

 Por lo pronto, la gestión de la crisis por ahora ha incrementado notablemente la imagen y la autoridad del presidente y los ministros. La gente en su mayoría le cree a Alberto y cree que está trabajando bien en semejante caos. Espero y confío que siga dando buenas razones para que todos y todas creamos en su conducción. El contraste que se pueda dar con las gestiones provinciales y locales en su reacción en la crisis va a dibujar el mapa político a futuro.

El abanico de oportunidades que se abre con el aval ciudadano es muy variado. Por ejemplo, ¿quién hoy podría discutir la importancia de tener nuevamente ministerio de salud? Sumado al rol activo de este ministerio frente a la pandemia, se suma el contraste en corto tiempo con el desastre macrista. La vuelta del plan remediar, los medicamentos gratis para jubilados, como grandes medidas simbólicas, se ven reforzadas con la acción en la crisis, que desnuda la tierra arrasada que dejó el macrismo. Hospitales casi listos que nunca terminaron, equipos de cibersalud arrumbados en depósitos, el Malbrán casi desguazado son hitos macristas que ahora todos están digiriendo como parte del gran daño hecho. El contraste del grado de acción y planificación frente a la crisis de nuestro ministerio de Salud que nos pone en la senda de los países que mejor están manejando la pandemia es un gran contraste con los países vecinos e incluso con muchos de los llamados desarrollados (EEUU, Italia, España, Francia).

Obviamente falta mucho y aún no hemos llegado a la etapa más crítica y dura de la epidemia en nuestro país. En los próximos días seguirán aumentando los casos que son los contagiados previos a las medidas drásticas tomadas por el gobierno. Es prematuro pensar en un éxito de la gestión de ministerio, pero ha sido un buen comienzo y principalmente ha sido una reivindicación de la centralidad necesaria del Estado en la salud.

Otra gran reivindicación es la vuelta del Ministerio de Ciencia y técnica. Existen innumerables ejemplos donde los científicos argentinos han mostrado su valía en los días de la pandemia. Desde los que trabajan en el Malbrán, a los que están desarrollando los kits de detección rápida del virus, de los que fabrican en las universidades e institutos alcohol en gel gratis o los que se ofrecen de voluntarios para colaborar con el desarrollo de respiradores o tratamientos a los que hacen los análisis globales de la pandemia como los que mencioné en párrafos anteriores. El ministerio está sentado en la mesa de crisis y está tratando de canalizar todas sus herramientas y RRHH para gestionar la pandemia. No solo ha convocado a sus distintos especialistas liberándolos de sus otras obligaciones habituales, sino que también está haciendo inversiones importantes en investigación y desarrollo aplicada para dar soluciones a la crisis.

Nuevamente, con los resultados pasados la pandemia habrá mejor o peor evaluación de la gestión actual, pero con este rol activo de nuestros científicos y científicas, es difícil que en el futuro alguien se vuelva atrever a decirnos ñoquis.

Sí la gestión de la crisis sigue con aportes como los que han hecho desde esos ministerios como hasta ahora, ¿Quién va votar gobiernos que propongan eliminarlos?

Otro sector que tiene una oportunidad histórica es el de las fuerzas armadas. Tienen la oportunidad histórica de correrse definitivamente del halo represivo heredero de la dictadura. Estamos a horas de un 24 de marzo, día de la memoria, y por primera vez no va haber marchas en las calles, pero seguro millones de manifestaciones hogareñas y virtuales. Con la carga simbólica de estas fechas, en un momento donde la libre circulación está acotada y estamos en emergencia sanitaria, si las FFAA desarrollan plenamente el cuidado de los ciudadanos y la colaboración en la emergencia estarán dando un paso importante en cambiar definitivamente su relación con la sociedad. El ministerio de defensa esta en pos de esa apuesta de cambio, mostrando videos en las redes de soldaditos orgullosos de estar fabricando ambos y barbijos, o de toda la logística militar al servicio de fabricar hospitales portátiles.

Cuanto éxito tendrán estos cambios simbólicos está por verse, hay aún mucha justicia pendiente y muchas heridas por sanar. Las fuerzas provinciales y locales son otro cantar y también es un posible contraste con lo nacional, en el modo en que se comporten estas instituciones y sus conducciones políticas frente a la crisis. Por ahora ya han surgido malos ejemplos represivos.

Está claro que, como dice Eduardo Aliverti, es una gran oportunidad para dar la batalla cultural. Pero no solo sobre el rol del Estado. Sino también sobre el rol de cada uno como ciudadano, como laburante, como abuelo, abuela, como papa, mamá, hijo, hija, hije, como novio, novia, amante, amigo, amiga, etc.

Cuando empiece a pasar esta crisis y uno empiece a poder moverse libremente nuevamente tendrá un contraste reciente sobre las cosas que son necesarias y cuales no tanto para vivir bien. Además, que tendremos un contraste propio de Argentina y con los países vecinos sobre las distintas formas del rol del Estado, uno presente y activo en función de todos y todas o uno bobo y en función de los negocios de unos pocos. Será una oportunidad para volver a valorar esos y esas laburantes que se notan cuando no están, el laburante del Estado en general, el administrativo, el que levanta la basura, el que barre las veredas, el que ayuda a los productores rurales y/o a las comunidades originarias, o la enfermera, la científica, el docente o la médica.

Y también para revalorar aquellos que son los laburantes informales que también se notan mucho cuando no están, como la recicladora, el o la que cuida a los pibes, el o la que hace changas, el peón rural, entre otres.

Quizás también esta pandemia sea el mejor remedio contra el neoliberalismo, el consumismo y que podamos volver a valorar el entorno que nos rodea sin mercantilizarlo. Quizás nos haya quedado la enseñanza de que respetando ciertas reglas ciudadanas nos cuidamos entre todos. Quizás nos quede de enseñanza que la desigualdad y la mezquindad son los mejores aliados de las pandemias. Si seguro será una oportunidad inigualable para volver a valorar el encuentro cara a cara en vez del virtual, volver tomarse un mate con alguien querido en la costa del lago o la plaza o la vereda, o la juntada de truco y birra, o las pintas en un barcito, volver al fulbito de los viernes, el yoga de los sábados o pilates o pingpong a la milonga, a la escuela, yo que sé. Volver a las marchas, los paseos o por las plazas, por el bosque, el lago, la montaña, volver abrazar, acariciar, besar. Volver a valorar esos condimentos de la vida en comunidad que hacen que valga la pena vivirla.

Por Manu de Paz

Fotos: Euge Neme

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen

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