50 años de base Marambio

Hoy se cumplen 50 años de la base Vicecomodoro Marambio en la Antártida Argentina. Un barilochense se encuentra en esta campaña y nos describe como es la vida lejos de los vínculos y ritmos de nuestra ciudad.

Las noches antárticas, una lluvia de estrellas lejos de casa.

Dentro de nuestra Patagonia más austral se encuentra en la Antártida, la base Marambio, que hoy, 29 de octubre cumple 50 años. A pesar de ser la zona más despoblada e inhóspita de nuestro territorio, quienes allí viven tienen mucho para contar. ¿cómo son sus días y sus noches? ¿qué funciones tienen? ¿cuáles son las situaciones que extrañan? ¿cómo ven al país desde esas latitudes? en esta crónica que encarna un barilochense que se encuentra en Marambio contestamos esas y otras preguntas que nos describen la cotidianeidad de vivir en el continente más austral del mundo.

En primera persona

¡¡Estaba un día en mi trabajo haciendo un mantenimiento de rutina cuando una compañera me dijo: “hey!! ¿viste el anuncio? Podes ir a la Antártida”. Inmediatamente la curiosidad se apoderó de mí y fui a ver dicho anuncio. Era una convocatoria para personal informático y electrónico para realizar una Invernada de 1 año en la Antártida, un llamado que todos los años realiza el Instituto Antártico Argentino – IAA (*) para cubrir puestos en los Laboratorios Antárticos Multidisciplinarios que tiene en cada una de las seis bases antárticas permanentes. Creo que nunca hubiera creído posible tener dicha posibilidad, siendo un amante de la ciencia ficción, viajes espaciales y la naturaleza. Me imagine la posibilidad de pasar una temporada en un lugar inhóspito, con paisajes nunca vistos, viviendo experiencias solo posibles en mi imaginación.

Esa noche prácticamente no dormí, estuve consultando con mi almohada, haciendo cálculos, previsiones, pensando cosas que tendría que sacrificar y cuáles serán los beneficios de dicha aventura. Tenía que definir la situación de mi trabajo de ese momento, encontrar alguien que me cuidara la casa y mis perritos, viajes a Bs As, alojamiento, etc. Ya con 44 Años nunca en mi vida había dado un paso o avanzado a un cambio sin tener certeza absoluta de lo que vendría después. Finalmente me dije;” es ahora o nunca” y decidí alimentar mi curiosidad, sacar ese aventurero de adentro y hacer todo lo posible para conocer el continente blanco.

Al otro día mande por mail mi currículum y luego debía rendir un examen técnico de conocimiento generales de computadoras y redes en las oficinas del Instituto Antártico en Buenos Aires. Empecé a planificar el viaje, tenía un mes. Logréhacer un mapeo mental de todo lo que necesitaba, saqué pasajes, pedí licencia en el trabajo y conté a mis allegados más íntimos la “locura” que estaba gestando para mi próximo año, la suerte ya estaba echada.

El examen de conocimientos

Nunca supe bien cuantas personas se postularon y rindieron el examen, algunos dicen que más de 100 aspirantes. Nos llevaron a unas aulas y dividieron en dos grupos según el área de competencia (informática o electrónica). Nos dieron las instrucciones, el tiempo y arrancamos. Era un cuestionario con algunas preguntas múltiple choice, otras de respuesta a desarrollar. Hasta donde pude entender, para el caso de los informáticos, la idea era verificar nuestros conocimientos en reparación de PC, Sistemas Operativos Windows y Linux, y manejo de Redes.

El 5 de mayo me llegó por e-mail el resultado: había quedado preseleccionado para avanzar entre los candidatos, ahora venía una nueva etapa, varios meses de exámenes físicos y psicológicos. La verdad es que no sé muy bien qué es lo que se evalúa específicamente para los candidatos que quieren ir a la Antártida, supongo que las características del individuo para reaccionar ante situaciones críticas, la responsabilidad, la capacidad para trabajar en grupo, en fin, ver que el candidato se encuentre en condiciones de convivir y realizar la tarea para la que se lo contrata para trabajar en el continente antártico por un año.

Finalmente después de varios meses de expectativa, me llegó la confirmación que debía presentarme el primero de noviembre en el Instituto Antártico Argentino para una capacitación que duraría aproximadamente un mes y medio, y luego partir a la Antártida. Como ya tenía todo planificado, termine de confirmarles a la familia y amigos. Éramos 10 invernantes seleccionados, cinco Electrónicos, cuatro Informáticos y un Biólogo, provenientes de distintos lugares del país: cuatro eran de Buenos Aires, dos de Entre Ríos y el resto de Rosario, Jujuy, Neuquén y yo de Río Negro.

Inmediatamente después empezaron los cursos, dependiendo su contenido del Laboratorio al que habíamos sido asignados. Nos explicaron que nuestro trabajo principal consistía en mantener funcionando correctamente todo el instrumental y equipamiento asociado a los proyectos científicos aprobados por el IAA para desarrollarse en los Laboratorios Antárticos Multidisciplinarios que esta Institución tiene en las distintas bases permanentes, y para ello debíamos tener conocimientos técnicos sobre los distintos sistemas e instrumental que las disciplinas científicas tenían instalados en las mismas. Hasta ese punto no sabía muy bien cuál sería el trabajo específico que realizaríamos en la Antártida y de a poco se fue aclarando. Ahí comprendí que esta aventura se pondría mucho más interesante, ya que nos empezaron a capacitar en disciplinas que nunca hubiera estudiado, como Ciencias de la Atmósfera, Sismología, Geodesia, Historia, pautas de convivencia, política y medio ambiente antártico.

Promediando diciembre, nos informaron que nuestra fecha de partida sería los primeros días de enero y previamente debíamos dejar nuestros cajones con pertenencias para todo el año (exceptuando comida y ropa técnica antártica) en el depósito polar de la Dirección Nacional del Antártico (DNA) para ser cargados en el rompehielos Irizar. Según nos informaron, todo lo relacionado con aseo personal y ropa de diario (jean, remera, etc) para vivir dentro de las edificaciones de la base era nuestra responsabilidad, ya que la ropa de abrigo y accesorios (botas, camperas, buzos, anteojos de sol, etc) para el transito exterior era proveído por la DNA. Había que tener en cuenta las restricciones en cuanto al uso del lavadero y baños. Aunque parezca difícil de creer, uno de los recursos más escasos en la Antártida es el agua líquida dulce, particularmente en la base Marambio, dada la falta de glaciares vecinos o lagunas naturales que aporten este fundamental elemento para la vida. No olvidé llevar notebook, Discos externos con gran cantidad de series y películas, Juegos de computadora, lector e-book con 600 libros, dos teléfonos celulares (en Marambio hay celular y tenemos 4G), termo, mate, todo lo que se me paso por la cabeza que necesitaría para estar 1 año alejado. Termine armado cuatro cajas y dos bolsos grandes.

La base Marambio, a donde fui destinado para dar soporte a los proyectos científicos que se desarrollan en el Laboratorio Antárticos Multidisciplinario, es también un aeródromo, y es el punto de entrada a muchas de las otras bases permanentes y temporales que hay en la Antártida Argentina, en el caso que el despliegue hacia las mismas no se realice en el verano por medio del Rompehielos Irizar. Fue una increíble experiencia viajar en el Hércules: tiene dos hileras de pasajeros enfrentados que se encuentran alineadas longitudinalmente, en la parte posterior se encuentra la carga. En este avión tomé contacto tanto con militares como científicos y técnicos entusiasmados por el desafío que comenzaban a vivir: la aventura de trabajar en el sexto continente. Los primeros contactos fueron con aquellos que días más tarde trabajaría en apoyo a distintos proyectos:  el grupo de Rayos Cósmicos y el de Dosimetría, dos proyectos nuevos aprobados por el IAA que instalarían instrumental durante la campaña de verano en la isla Marambio y que nuestro Laboratorio brindaría soporte para su desarrollo a partir de su implementación. También viajaron con nosotros un grupo de paleontólogos. Por otra parte se encontraba el personal de recambio de la dotación de base Esperanza, que usaría solo Marambio como punto intermedio para llegar a su base.

Desde Buenos Aires volamos hacia Rio Gallegos, donde después despegamos rumbo a Marambio. El vuelo hasta Marambio es bastante largo, dura unas tres horas y media. Por las pequeñas “ventanas” del avión se comenzaron a divisar los hielos entre las nubes, con el sol de atardecer de fondo. Esas fueron las primeras imágenes de la Antártida que pude divisar, de los más hermosos que había visto, entre las nubes colores ocres, dorados, un manto blanco, y a media que nos acercábamos cada vez se veía más blanco y grandes las montañas, icebergs y era el preludio de todo lo que vendría más adelante.

El 29 de octubre se festejan los 50 años de la base mas importante de Argentina en ese continente.

Base Marambio

Legamos a la base el 12 de enero cerca de la una de la mañana con la primera sorpresa: el cielo estaba con una claridad inédita para mí, sin sol pero con una claridad enorme, parecía un atardecer de Bariloche cuando el sol se acaba de esconder atrás de las montañas. Baje del avión con esa sensación de estar viviendo sin conocer nada de lo que venía más adelante, renovado, adrenalina, tratando de seguir todas las indicaciones que nos daban y abrigado hasta la coronilla. No recuerdo la temperatura que hacía, pero la primera sensación fue de un frío distinto, mucho más seco que el que tenemos en Bariloche, saqué el teléfono para tomar una selfie, y la hice en un instante ya que me tuve que poner nuevamente los guantes, se me congelaban los dedos, eso era frio de verdad.

Nos recibieron en la sala de conferencias para una charla general, un repaso sobre las normas de convivencia locales, precauciones, uso de los recursos, horarios, etc. Esa mañana fuimos a conocer el LAMBI (ese es el nombre del Laboratorio Antártico Multidisciplinario del IAA en esta base), donde los invernantes a quienes reemplazaríamos nos empezaron a mostrar los equipos y las instalaciones. Durante los primeros días en la Antártida trabajamos mucho en el reconocimiento del equipamiento que se encuentra en este Laboratorio y sus distintas rutinas, como el envío de datos a los jefes de los proyectos científicos. Este es el momento del año en el que se establece un doble comando y los invernantes del LAMBI que están terminando su invernada le suman a los conocimientos teóricos que traen los nuevos invernantes –proveniente de las capacitaciones recibidas en Buenos Aires- la experiencia adquirida durante el año anterior.

Días más tarde tuve mi primera experiencia de vuelo en Helicóptero ¡lo cual ya fue una gran sorpresa … ya que vino acompañado de poder hacerlo en la Antártida! Volamos a la isla Cockburn, que queda a unos 10 km de la isla de Marambio. Más allá de su parecido con un volcán nos contaron que su origen no es volcánico si no, Glaciar. Fuimos a reparar una cámara de un proyecto del departamento Glaciología del IAA que se utiliza para ayudar a los pronósticos meteorológicos de la isla Marambio (donde se encuentra la base). Fue una primera aventura dentro esta otra gran aventura que estoy viviendo.[M1] 

La base Marambio es la base más grande de argentina, por la cantidad de metros cuadrados de superficie cubierta, y dado que este año se cumplen 50 años desde su inauguración, nuestra dotación es denominada la “Dotación Dorada”.

 “La dotación 50” se compone de 43 personas (46 hombres y 6 mujeres) que permanecen en la base un año entre los meses de octubre de 2018 y octubre de 2019. Este número está comprendido por el jefe , el coordinador y el encargado de la base,  las diferentes áreas de servicio para mantener todo funcionando (cada una con un nombre designador, por ejemplo “Torre” para la torre de control, “Blancos” para los médicos, “Rojos” para los bomberos, “Chispa” para los electricistas, “Usina” para los encargados de funcionamiento de las usinas eléctricas,  “Plomo” para los plomeros, etc.) y los civiles miembros de otras Instituciones (donde “Ozono” es el designador para el personal del laboratorio del SMN, mientras que los “LAMBIS” somos los dos invernantes del Laboratorio del IAA).

En verano la Base llega a albergar 160 personas, en los que se incluyen los científicos de los proyectos aprobados por el IAA que hacen campañas de verano en campamento, la dotación y personal de servicio, así es que cuando llegamos la base estaba al pleno de su capacidad de alojamiento.

En general, para todo el personal existen horarios y rutinas bastante bien establecidas: se desayuna, hay formación a las 8 de la mañana para el personal militar, en el cual establecen las tareas del día y se pasan novedades. Después comienza el trabajo hasta el almuerzo, de 13 a 14 hs, y luego la siesta hasta las 15 hs, para volver al trabajo a hasta las 18 hs y cenar de 21 a 22hs. El personal Civil tiene horarios un poco más flexibles, ya que dependiendo de cuál sea la tarea que realicen serán los horarios con los que se muevan. Del poco personal científico que utiliza la base para realizar sus tareas (ya que la gran mayoría trabaja desde campamentos en ésta y otras islas cercanas) los Paleontólogos y Geólogos salen muy temprano a hacer su trabajo de campo y vuelven por lo general cerca de la hora de la cena. A diferencia del trabajo no científico y de interior, el trabajo científico de campo no tiene horarios ni días predeterminados: depende de las condiciones del clima, muchas veces no existiendo sábados ni domingos de descanso. Nosotros en general comenzamos nuestras tareas a las 9 de la mañana, aunque estamos atentos al trabajo y los equipos las 24 hs. Existen algunos objetivos diarios para cumplir, como el envío de datos de diferentes proyectos científicos, pero básicamente nuestro trabajo principal es que en el Laboratorio todo funcione 7×24.

Poco a poco nos empezamos a integrar a la dotación, esto se debe a que los invernantes del LAMBI llegan a la Antártida 2 meses más tarde que el grueso de la dotación, dado que a diferencia del resto de las bases permanentes -donde los invernantes de los Laboratorios IAA llegan junto con la dotación- Marambio cambia de dotación a fines de octubre y no durante el verano.

Ya en marzo, cuando se van los últimos científicos de la campaña de verano, arranca la “Invernada”: somos 43 personas invernantes, además de entre 20 y 30 personas que vienen por periodos de 2 a 4 meses para tareas de mantenimiento particulares. La dotación es responsable del mantenimiento y funcionamiento general de la base.

Se calcula que una buena parte del personal que participa de la campaña antártica hace pie transitoriamente en Marambio en algún momento del verano y por ello se la considera un importante punto de entrada a la Antártida. La facilidad de acceso aéreo también beneficia a los proyectos científicos, ya que en la propia isla Marambio, al igual que en islas vecinas, existen puntos de interés para diferentes proyectos de investigación en Paleontología, Geología y Biología (Focas, pingüinos, musgos y líquenes). El Laboratorio aquí instalado sirve también para realizar otros estudios, tomándose datos de gases de efecto invernadero, ozono, nitrógeno, radiación UV, dosimetría de radiación neutrónica, geodesia y sismología.

La comunicación aerea, pilar de la comunicación con el continente.

Clima en verano, agua y comida.

Los días son tan largos que parece que congelara el día y nunca llegara la noche, hay unas horas con momentos de penumbra, que no llega a oscuridad total, durante varios meses se dejan de ver las estrellas, así que prácticamente todo el día hay luz. Eso más allá de lo que yo creía, afecta al cuerpo de maneras distintas. A pesar de las largas jornadas laborales y el cansancio, sufrí de insomnio durante las primeras semanas, algo casi inédito para mí. El clima es realmente extremo, aunque en verano la media es de -5 grados, pasamos de 11 grados un día (el día más cálido, parecido a esos días de 32 de Bariloche que se dan cada tanto) a -20 con -40 grados de sensación térmica y vientos de 100km/h dos días después, en una tormenta que duró casi una semana. El clima es así, muy variante, esto se debe a que la base Marambio se ubica a 200 metros de altura en una isla que se encuentra extremadamente expuesta a las condiciones climáticas del mar de Weddell, lo que genera grandes variaciones en cuestión de horas.

Para salir al exterior, ya sea para cambiar de edificación o realizar trabajos externos, la Dirección Nacional del Antártico (DNA) nos provee de vestimenta acorde (primera y segunda piel, buzos térmicos, camperas de pluma, guantes, antiparras, anteojos de sol, botas que permiten movilizarse con -40 grados, etc.) toda ropa para climas extremos. Ya dentro de las edificaciones, la temperatura media es de 23 grados, así que uno se la pasa poniendo y sacándose la ropa cuando egresa o ingresa a las mismas. Existe en la base una prohibición de salir del alojamiento principal con temperaturas de -40 de térmica y vientos de más de 40 nudos, solo se permite para urgencias y tomando muchas precauciones.

Sin embargo, también existen días muy lindos y en verano se puede salir a hacer trekking por las cercanías de la base, siempre acompañados y con radio. Afortunadamente, tuve la posibilidad de dar apoyo a un grupo científico y así llegar al mar (ya que la base está a 200 metros de altura, alejada a su vez bastante de la costa). Ahí fue donde vi los primeros indicios de vida animal, unos gaviotines antárticos, y el mar descongelado lleno de témpanos, un paisaje hermoso, como el que vemos en los documentales por televisión, aunque lo podía ver con mis ojos, sentir y oler. Espero tener suerte nuevamente y poder acompañar el trabajo de algún grupo de biología para poder conocer la pingüinera de la isla.

Aunque resulte difícil de creer, el agua dulce líquida es uno de los recursos más preciados en la Antártida, ya que este continente posee en gran cantidad de agua pero mayormente en forma de nieve o hielo. En la base se hicieron dos lagunas artificiales que son las que proveen de agua durante la mayor parte del año, hasta que se congelan o vacían. Además hay un gran equipo para derretir nieve y hielo, de ello se encargan los plomeros de la dotación. El otro problema es que esta agua generada por derretimiento no es completamente apta para consumo humano, así que hay que pasarla por procesos de potabilización a cargo del área de sanidad. Existen varios dispenser de agua potable en distintas ubicaciones de la base. Para las duchas, baños y lavadero se utiliza agua no potable. Debido a su escasez, la normativa es ducharse no más de 4 o 5 minutos en horario restringido, tratar de utilizar la menor cantidad de agua posible, y en invierno cuando ya queda poca agua en la laguna se pasa a duchas habilitadas 5 días a la semana o menos. El racionamiento afecta también al lavado de ropa y cubiertos. Este año se instalaron nuevos lavavajillas, lavarropas y secarropas similares a los que se utilizan en un lavadero automático de pago. Hay turnos cada 15 días para lavar la ropa, por lo tanto ya prevenidos de antemano, todos traen ropa para soportar hasta casi un mes sin poder lavar.

Más allá de lo que pueda haberme imaginado, la comida es excelente, cuyo único defecto es la gran carga de proteínas y calorías. Por día las raciones promedio son de más de 3000 calorías, consiste en guisos, mucha carne, pastas, sopas y los vegetales en ensaladas un poco más escasos y son congelados. Todo esto preparado de las formas más variadas y sabrosas. Al principio comía raciones completas y hasta repetía algunas veces, así subí 5 kg, sin embargo el gimnasio también está ayudando a la recuperación. Una de las características únicas que tiene la base Marambio en comparación con el resto de las bases permanentes, es que aquí llegan vuelos casi todos los meses, y eso permite que lleguen verduras frescas y frutas (manzanas, naranjas y bananas) en algún momento del mes… y éstos son unos de los momentos más esperados.  Otra mención importante se merece el panadero, un pan más que excelente, unas facturas 5 estrellas. También hace la masa para las pizzas tradicionales de los sábados, que es el día de pizza que después da paso a otras actividades como pool, póker, truco o simplemente sentarse alrededor de una mesa para compartir charlas que sean del gusto de cada uno. El domingo es día libre para todo el personal que no se encuentre de turno.

Distancia y relaciones sociales

Una de las grandes incógnitas antes de venir a la Antártida era cómo me resultaría vivir tanto tiempo en un ambiente rodeado de personal militar. La verdad que más allá de cualquier prejuicio, decidí hacer este viaje con la cabeza lo más abierta posible, como un proceso de aprendizaje. Me encontré con un grupo de excelentes personas, los días transcurren con mucha cordialidad y buen ánimo, con compañeros siempre dispuestos a ayudarte, sentarse a hablar de la vida y contar sus experiencias. Resulta todo un aprendizaje ya que ellos se mueven en una estructura organizacional muy estructurada y vertical. Para mí más allá de haber vivido y trabajado en organizaciones verticales, la disciplina era distinta. Supongo que más allá de la estructura, están las personas y tengo el gusto de trabajar con ellos. Siempre hay temas que son más ríspidos, como la política, religión y deporte, como en cualquier almuerzo familiar del domingo. Para ser sincero creo que a esta altura, los argentinos aprendimos a vivir con diferencias, así que si algún debate alguna vez se tornara más subido de tono, se puede cambiar de tema o debatirlo civilizadamente. Lo cierto es que nunca tuve ningún cruce con nadie por ninguno de esos temas. Incluso me tocó ser presidente de mesa en las últimas PASO, y las mismas transcurrieron con un clima de civismo, entusiasmo y buena onda, por sobre cualquier diferencia política.

Más allá de las obligaciones diarias, se dispone también de tiempo para el ocio: la base está preparada para diversas actividades de interior de este tipo y hay sectores específicos que se acomodan para realizar otras. La sala de conferencia por las tardes se convierte en gimnasio de ejercicios guiados por video, micro cine para películas y eventos deportivos de TV. Hay una mesa de pool, mesa de ping-pong, metegol, juegos de mesa de los más diversos y cartas, para las partidas de truco y póker mayormente. Todo el mundo viene con su notebook y grandes provisiones de películas, series y libros, además de los que existen en la sala de la biblioteca. También se dispone de DirecTV con Pak Fútbol, con 20 canales disponibles por vez que se retransmiten por circuito cerrado, contando cada habitación con un televisor.

El rompehielos Irizar transporte de las dotaciones que por 1 año se van de campaña antártica.

Un día de trabajo especial

Tuve la posibilidad de visitar la base Matienzo, para realizar un mantenimiento en la estación meteorológica de un proyecto científico del Departamento Glaciología del IAA. Es una base temporal que alberga 40 personas y requiere de mantenimiento cada determinado período. Volamos primero al Refugio Mayor Arcondo que queda a unos 200 km al sur de Marambio, para hacer un reaprovisionamiento del refugio donde aterrizamos sobre un glaciar. Fue increíble ver como el avión se deslizaba sobre patines como si fuera un “trineo con propulsión a hélice”, cuando vi a dónde nos dirigíamos me llevé una gran sorpresa: es un cuartito de chapa de 3×3, y sirve de refugio de emergencia. Se encuentra en una pequeña isla el medio de un mar congelado. Solo se puede divisar nieve hasta el horizonte y el sol se reflejaba con un dorado intenso. Uno de los más bellos paisajes que vi desde que estoy acá, porque se podía dimensionar la inmensidad del desierto blanco y lo pequeños que somos en esta parte del mundo.

En la base hay un canal de TV local en el que se van actualizando los datos meteorológicos, en el mismo está la temperatura, la sensación térmica, el viento y ¡el tiempo de exposición permitido!, el mismo en una tormenta normal esta entre 30 y 10 min, pero llegamos muchas veces durante el invierno a 1 min de exposición. Esos días no se sale del alojamiento. Ahora, ya pasado el solsticio de invierno, los días se van alargando a un gran ritmo, y en unos meses más volveremos al día constante, ¡será una nueva experiencia! ¿Cómo funcionara mi reloj biológico?

El día del solsticio de invierno vino acompañado de otra gran experiencia, el día que nos “convertimos” en antárticos. Hasta ese día existen dos tipos de personas en la dotación, los “neófitos” que cumplimos nuestra primera experiencia antártica y los “antárticos” que ya tienen más de una campaña de verano o invierno encima. Es una semana donde se genera un cierto clima de incertidumbre sobre “el bautismo”, donde se realizan una serie de retos que se definen por sorteo y se realizan en equipos, contando siempre con la voluntad de los participantes en un clima de respeto, los cuales compiten en un ambiente de confraternidad. Todo finaliza en un gran ambiente de camaradería con una cena grupal y entrega del certificado correspondiente.

La vida transcurre principalmente intramuros, en la base.

Dentista en Base Esperanza

Hace unos meses tuve la posibilidad de aprovechar un vuelo de aprovisionamiento, y volar a la base Esperanza para ir al dentista, ya que se me había desprendido un arreglo dental, algo que si bien no era grave, era mejor resolver si se existía la posibilidad. La base Esperanza es la segunda base permanente más grande que tenemos en la Antártida. En ella invernan entre 40 y 50 personas, entre las cuales hay familias enteras, es la única base donde invernan chicos con sus padres, dispone de muchas casitas (conté 14 o 15) en la cual viven las distintas familias y miembros de la dotación. También hay una gran escuela en la cual hay según recuerdo 6 alumnos de primaria, y unos 10 chicos que utilizan las instalaciones para secundario (modalidad a distancia), una directora y un maestro. Ahí tuve la posibilidad de ver el segundo animal, una gaviota antártica.

No todas son rosas en la Antártida, uno viene sabiendo que se tiene que quedar un año sin volver al continente, y por más que uno intente generar un escudo mental, puede llegar a extrañar bastante: mis perritos a los que considero mi familia más directa, a mis viejos, hermanos, sobrinos y todos mis amigos. Las salidas el fin de semana y juntadas con amigos. El “fulbito” de los lunes y jueves, mis compañeros de trabajo de allá. La tranquilidad de mi cabaña donde todo es vegetación, pájaros, insectos, mucha vida y a su vez una gran paz. Acá en la Antártida no hay vegetación alguna salvo algunos musgos y líquenes. Tampoco hay muchas aves u otros animales, la vida animal está muy relacionada al mar. Cada tanto aparece una gaviota o algún pingüino perdido. No hay insectos, ni virus, y por más que el frío sea extremo, es muy difícil pegarse una gripe o un resfriado, algo que sucede en general cuando llegan nuevas personas a la base que traen estas pestes con ellos.

Hemos pasado situaciones difíciles ya que en este año han fallecido familiares de algunos, en esos casos la dotación se hizo más fuerte que nunca brindando un gran apoyo y contención a dichos miembros. Si bien no hay psicólogos en la base, nosotros tenemos la posibilidad que brinda la DNA de contactarlos ya sea por mensajería u otros medios de comunicación, aprovechando que Marambio es una de las bases que mejores comunicaciones tiene: telefonía celular 4G e Internet de alta velocidad, permitiendo que estemos mucho más cerca de pesar de las distancias. Llamadas telefónicas, videoconferencias, fotos, redes sociales, todo está al alcance de la mano, así que, si bien se puede extrañar mucho, el aislamiento es seguro mucho menos de aquel que enfrentaban aquí quienes transitaban o permanecían en la base muchos años atrás, cuando las comunicaciones al continente eran planificadas y por radio, cuando el tiempo incomunicado era mucho mayor, o todavía se utilizaban las cartas como único contacto privado.

En el mes de octubre se cumplen los 50 años de la base, para ello se esperan festejos y visitas de diferentes lugares, aguardándose ese momento con bastante ansiedad, teniendo el honor de participar de dicho aniversario. El personal de Dotación de la fuerza aérea también espera ese momento, ya que en octubre ocurre el cambio de Dotación, dado que se cumplen los 12 meses de estadía tras los cuales se despiden de la Antártida para volver al continente con sus seres queridos. En ese momento llegarán los nuevos invernantes de la dotación 51 con todas sus expectativas, a la que se sumará la nuestra, ya que tendremos que integrar un nuevo grupo de personas por los siguientes tres meses. Sin dudas haremos nuevos amigos, y volveremos a compartir la Antártida junto con ellos. Mas tarde llegará la campaña de verano, y de a poco arribarán los grupos científicos, los primeros campamentos y las dotaciones de las bases que utilicen Marambio como punto intermedio para llegar hasta su base de destino, arrancando los meses de más movimiento dentro de la vida Antártica. Así transcurrirán los últimos meses de esta aventura que nunca imagine y hoy me encuentro viviendo.

Seguramente viviré muchas nuevas experiencias, tendré otras emociones antes de volver, seguiré agrandando mi memoria con anécdotas e historias, pasaré navidad y año nuevo en la Antártida antes de entregarle el Laboratorio a los nuevos invernantes para que sigan brindando su apoyo a los proyectos científicos con la dedicación y el compromiso que nosotros tuvimos.Si me preguntan que sería lo primero que quiero hacer a la vuelta, será comer una buena ensalada y viajar lo antes posible a Bariloche para verme con mis seres queridos, mis perritos y mi casa, jugar un fútbol y asado con los pibes. Después tomaré unas buenas vacaciones, posiblemente en alguna playa donde pueda pasarme un mes aprendiendo a surfear, escuchando reggae y comiendo frutas exóticas. Después ya veré.

(*) El Instituto Antártico Argentino (IAA) fue creado en 1951, siendo el primer Instituto del mundo dedicado puramente a la investigación científica Antártica. En 1970 se crea la Dirección Nacional del Antártico (DNA), encargada de realizar la programación, planeamiento, coordinación, dirección, control y difusión de la actividad antártica argentina, que incorpora al IAA como su componente científico. Ambas instituciones son enteramente civiles. A partir de 2003 la DNA-IAA pasa a depender del actual Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.

Por Hernán Carballo

Entrevista; Sebastián Carapezza

Fotografías: Sebastián Medina y Hernán Carvallo

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen