La campaña de la calle

La gente de a pie, cansada de las políticas de vaciamiento del macrismo, dio muestras de un nuevo modo de exigir sus derechos desplegando una dimensión performativa que pasa por alto al dispositivo argumental de la política convencional y que dejó su marca en estas elecciones del 2019.

la movilización popular y creativa, eje del triunfo al neoliberalismo cambiemita. foto: Euge Neme.

Durante el gobierno de Macri la oposición capitalizó su fuerza combativa y este 27 de octubre desplegó toda su insurrección en las urnas. Con Alberto presidente, este frente que se rebela contra el poder corporativo financiero global que precariza la existencia de gran parte de la población, avanzó hacia una nueva línea de resistencia.

En estos cuatro años la gente se la pasó en la calle. A pesar del método de “calle limpia” impulsado por la ministra de Seguridad donde se avaló el gatillo fácil y la represión a la protesta social, esta resistencia no solo se espesó sino que desplegó nuevos modos de hacer política. A los kilómetros recorridos por Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires que los medios resumieron con la frase “Clío mata big data” y al extraordinario suceso editorial de Sinceramente, se sumó la gente de a pie que de forma espontánea aportó una nueva dimensión performativa a la campaña del Frente de todxs.

En este año electoral, la sensación de que no se bancaba más al gobierno de Cambiemos hizo que les vecines ocuparan el espacio público para militar otra opción. El flashmob -movilización relámpago- Si vos querés, Larreta también evidenció una capacidad de organización para intervenir la calle, sorprender al ciudadano distraído e indeciso y resquebrajar el cerco mediático.

Jóvenes y adultes mayores tomaron por asaltó la calle Corrientes y entrelazaron sus pies en una secuencia ensayada bajo el entusiasmo cumbianchero. La información del lugar y la hora de la performance circulaba de forma secreta por las redes porque la sorpresa era un factor decisivo.

Esta escena se replicó en otros barrios y la cumbia de Sudor Marika -una banda disidente-, estalló en la radio, se viralizó por las redes, la canturreaba la gente en su camino al trabajo, hasta les niñes la tarareaban, esta frecuencia pegadiza alcanzó nuestra ciudad agitando el entusiasmo en el Centro Cívico un sábado lluvioso.

El colectivo que generó esta idea no pertenece al Frente de Todes pero sus denuncian se emparentan. Al “Sí se puede” de Macri -una construcción impersonal que enuncia un sujeto ambiguo, se opuso el “Si vos querés”-un si condicional que se propone como posibilidad, no como verdad universal y pone el acento en el querer/deseo-. “Si se puede” lo dice él solo, “Si vos querés” lo cantamos todos.

La sociedad agotada de la agenda macrista que alienta una subjetividad estructurada por la matriz empresarial donde los lazos sociales están mediados por el comportamiento securitista, sale de su casa y se organiza en el calor popular de la cumbia para desear juntos otro modo de vida posible.

La marcha de las cien Evitas mostró otras formas de poner el cuerpo en lucha. Bajo el slogan Evita el macrismo, un colectivo de artistas y militantes se apropió de esta figura mítica paracombatir las políticas no redistributivas del gobierno de Cambiemos y apoyar la candidatura de Cristina antes de la sorpresa del 18 de mayo.

El efecto de las Cien Evitas vestidas como la líder en sus diferentes vestuarios -la actriz, la sindicalista, la montonera, la de gala y la de La Razón de mi vida, avanzando al ritmo de la marcha peronista en clave de género “Las muchachas peronistas todas unidas triunfaremos, y por Evita daremos un grito de corazón Eva Perón, Eva Perón”, debe haber sido formidable.

Evita el macrismo es también una posibilidad de marcar la agenda del peronismo exigiendo nuevos derechos como la legalización de la interrupción del embarazo – “aborto legal en el hospital” enuncia el final de la marcha feminista peronista, y como la ley de cupo trans encarnada en la Evita travesti. El nuevo norte que marcan los feminismos populares interpela las desigualdades que se producen de forma interseccional por razones de género, sexualidad, clase, racialización, nacionalidad e incitan procesos de cambio en todas las áreas de la vida dónde esas interseccionalidades se manifiestan.

En la recta final hacia el 27 de octubre, Comando Publika organizó una puesta en escena en los subtes que recorrían las zonas de mayor índice de indecisos en la provincia de Buenos Aires. Actuando un diálogo telefónico, se enumeraron los problemas que la gente sufrió día a día durante el 2019: “Estoy en el subte, el auto lo tuvimos que vender”, “Asado ya no”, “El negocio lo cerramos el junio pasado”, “Vacaciones no, ¡olvidate!”, “Antes lo ayudaba a hacer la tarea, ahora la tarea es conseguir la vacante”, “A la cuatro de la mañana me levanté para conseguir un turno en el hospital”. Esta performance se alejó de la explicación pedagógica de tradición kirchnerista, de la argumentación como única batalla contra el macrismo, se centró en la experiencia cotidiana de la gente común con el propósito de suscitar una interferencia que sintonizara en el plano de lo sensible.

Lo interesante es que es en el campo popular donde surgieron estos movimientos que cuestionaron el voluntarismo mágico y heteronormativo que reproduce los modos de vida neoliberal. Más allá de una campaña muy bien pensada por parte del Frente de Todes, es destacable este accionar de la gente común que se organizó y tomó la calle en sus propios términos -a veces desacompasado de lo que los asesores de campaña recomendaban-, buscando una forma más contagiosa de interpelar a les otres y componiendo la letra de una “patria justa soberana feminista y popular”.

Por Verónica Battaglia

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen