“La titiritería latinoamericana goza de muy buena salud”

Daniel Di mauro junto con su esposa, Estrella Malavé, estuvieron de gira por nuestra ciudad con el teatro de títeres “La Pareja”. Compartimos parte de la conversación que tuvimos con él acerca del mundo de los títeres en la educación y la cultura.

Daniel y Estrella, un camino a puro títere.

– ¿Quién sos?

Soy el director del teatro de títeres “La pareja” de Venezuela. Digo de Venezuela y esto es una entelequia, porque soy de Córdoba y en el año 1975, después de un viaje que hice por toda Latinoamérica con mi primo, Quique Di mauro, también titiritero, yo me quedé en Venezuela. Sin embargo, todos los años he viajado por Argentina.

Ahora estamos haciendo una gira continental con mi esposa, Estrella Malavé. El año pasado salimos de Venezuela en febrero. Hemos recorrido Ecuador, Colombia, Perú, Chile, Uruguay, Paraguay y ahora estamos invitados a Bolivia. El teatro La Pareja está siempre en gira por los pueblos y las ciudades de toda nuestra Suramérica.

– ¿Consideras tu arte un oficio o una profesión?

-Es ambas cosas. Cuando nos referimos al quehacer diario, cotidiano y las exigencias de esta actividad tan noble lo llamamos oficio. El oficio del titiritero, el desarrollar con celeridad todas aquellas cosas que el oficio nos exige. Y cuando hablamos a la larga distancia de lo que nos ha llevado que es haber puesto la vida entera en ello, hablamos de nuestra profesión con mucho orgullo.

Creo que mi padre y mi tío aportaron mucho a la profesión, a que podamos llamarla profesión. Aunque tradicionalmente el títere tuvo cultores geniales como Javier Villafañe, Pedro Ramos, Quique Sánchez Vera, creo que fueron los Di Mauro los que le dieron a la actividad del títere un carácter más serio y más profesional, los que disciplinaron el trabajo. Ellos estructuraron el país dividiéndolo en zonas, generando circuitos de trabajo y se abocaron a la profesión con verdadero amor por lo que estaban haciendo y por su familia.

Yo creo que los Di Mauro fueron los que mostraron un camino de orden y de disciplina laboral, los que generaron las bases de la profesión que luego muchísimos titiriteros continuaron y perfeccionaron. La titiritería latinoamericana goza de muy buena salud. Hay gente que hace títeres que tiene un gran talento y que están haciendo cosas realmente importantes.

– ¿Cómo ven las y los docentes al mundo que proponen los títeres?

-Generalmente se menosprecia algo tan importante como el teatro de títeres, sobre todo a nivel docente. La UNESCO, que es el brazo cultural de la ONU, después de la Segunda Guerra Mundial propuso al teatro de títeres como un tema obligatorio en todos los niveles de estudio. Sin embargo en muchos casos no se lo utiliza bien, no se respeta la naturaleza transgresora del títere, la naturaleza dinámica y rítmica. Se lo usa de una forma equivocada.

Hemos trabajado con jóvenes de secundaria a los que supuestamente no deberían gustarle los títeres porque “ya crecieron”, porque está el prejuicio que los títeres son sólo para niños… Sin embargo ellos ven que los títeres pueden hablar de las problemáticas que les interesan, el maltrato, el embarazo precoz, la droga, el alcohol, los temas que normalmente son tabú. El títere con desenfado puede tocar estos temas y decir lo que ellos piensan y padecen. Ahí es cuando se apasionan y encuentran en el títere un aliado extraordinario.

Siempre es una preocupación nuestra cuando llegamos a una ciudad con un grupo de funciones para niños y para adultos, hacer un taller. Nos gusta hacer talleres porque dentro de los compromisos que nosotros asumimos está el de multiplicar este oficio. Sabemos la importancia que tiene y que todavía necesita mucho más para poder decir con todo el orgullo que corresponde, que tenemos una profesión digna. Nosotros los titiriteros tenemos en los educadores aliados absolutos. 

El títere como elemente dramático le tiene que servir al niño y al adolescente para expresar lo que siente y lo que piensa y ponerse el en situación protagónica frente a sus compañeros. En la medida en que nosotros aprendemos a expresarnos nos sentimos reafirmados en nuestra identidad y nuestro sentido de pertenencia en el mundo.

Un niño que aprende a ser atendido por los demás, será sin duda un adulto crítico y pensando, que sabe que su expresión tiene un valor y no una persona manipulable. A Nuestramérica le hace falta gente que realmente se sienta protagonista de la vida y no que siga la vida a través de un televisor o un teléfono celular.

– ¿Cuál es la importancia de los títeres?

-El títere pertenece al mundo fantástico del niño. El titiritero no es otra cosa que un dador de afecto. Hacer una función de títeres es entregarse a los niños. Es muy difícil explicar la eficacia que tiene el títere como elemento comunicador, solamente el que se calza un muñeco y se enfrenta a un público heterogéneo y ávido se da cuenta de cómo ese público palpita al ritmo del titiritero.

Por Fabián Agosta y Julia Biagioli

Equipo de Comunicación Popular Colectivo Al Margen