“El pueblo mapuche vive”: un encuentro de saberes.

El pasado viernes la Universidad del Comahue se tiño con sonidos envolventes que la trutruka y el kultrun generaban. Con estos retumbes se llamaba a participar a los allí presentes al sexto encuentro del ciclo ¨El Pueblo Mapuche Vive¨.

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El pueblo mapuche vive en verano en la Plaza de los pañuelos y kultrunes. Foto: Euge Neme.

A fines del año 2017 el aluvión de difamaciones y ataques mediáticos sumado a las olas de represión y persecución que se vivió en nuestra ciudad y alrededores a distintas expresiones del pueblo mapuche llegó a su punto culmine con el asesinato de Rafael Nahuel. Indudablemente una de las características más admirables del pueblo mapuche es la construcción colectiva de modos creativos de resistencia y trasmisión. En este contexto tan adverso distintas organizaciones y agrupaciones mapuche que vienen caminando hace tiempo como lo son el Espacio de Articulación Mapuche, el Colectivo El Kultrunazo, y Pu pichikeche choike decidieron iniciar el ciclo: “El Pueblo Mapuche Vive”

Estos encuentros se caracterizan por la circulación de la palabra y los saberes, la historia de esta tierra que habitamos y los sonidos que de ella se desprenden en manos de los instrumentos, artistas e idioma mapuche.

EL encuentro se inició a la veda del kultrun y la trutruka y todas las personas que allí se acercaban, se sentían parte de las distintas propuestas. Después de realizar los Pentukuwün (presentación) correspondientes se dio lugar al juego tradicional mapuche, Palin, donde en dos equipos conformados por las personas presentes y un afafan bien alto el frío pareció desaparecer de los cuerpos que reían, corrían y se turnaban para no perderse la oportunidad de participar.

Al pasar al aula los mates comenzaron a circular y junto a tres proyecciones de los micros llamados ¨Mapuzungun: el habla de la tierra¨ se dio inicio a las conversaciones. ¨El mapuzungu es el habla de la tierra, es el sonido que esta parte de la tierra que habitamos produce. El mapuzungu es el idioma con el que le debemos hablar a nuestras montañas, nuestros lagos y nuestro entorno. Porque esta tierra habla ese idioma, y como cada vez hay menos gente que le habla la tierra está triste. También nuestros mayores están tristes, porque no tienen con quiénes hablar este idioma. Y la tristeza muchas veces se transforma en enfermedades¨ explicaba Vanesa Llancaqueo momentos antes de mostrar a los allí presentes por qué el mapuzungu es una lengua aglutinante. ¨Es el derecho de todas las personas que aquí viven saber hablar mapuzungu, y es también una obligación¨ remarcó Vanesa del espacio de articulación Mapuche.

Pasado este primer momento y en un aula donde nos rodeaban fotografías, frases y palabras se dio lugar a las palabras de Gustavo Marin quien comenzó advirtiendo ¨como de chiquito aprendí que mi abuelo y mi abuela no habían podido hablar mucho, yo tendría que hablar todo lo que pudiese en mi vida (…) con estos encuentros hemos podido priorizar que la práctica de hablar y encontrarse sea un compromiso¨ dando lugar a un relato que interpelaba a quien escuchase. Hablando desde su experiencia como investigador hasta su relación con la construcción del saber como joven mapuche. ¨ Los mapuches hacemos muchas cosas, pese a lo que se dice. Somos maestros, abogados, investigadores, trabajadores. De hecho hace un tiempo quise saber como se decía investigar en mapuzungu. Porque yo quería presentarme diciendo que investigo la montaña. Pero me di cuenta que no es real. Porque yo investigo con la montaña, y con mi gente.  Esto no es algo que pienso yo, es algo que fui construyendo de manera colectiva en distintos espacios, con distinta gente y distintos territorios¨

Las conversaciones siguieron, poniendo énfasis en la necesidad de ser lectores y lectoras desobedientes de lo que los medios hegemónicos tratan de imponer. Reivindicando de alguna manera, los distintos andares y luchas que se vienen llevando a cabo en este territorio hace mucho tiempo y que no fue puesto en agenda porque no le era funcional a la imagen del ¨mapuche tirapiedra¨. Desde las voces que circularon se llamó a la concientización pero sobre todo a la búsqueda de la verdad, la información y la palabra. Casi como buscando cerrar el círculo que las primeras explicaciones del mapuzungu habían dado comienzo a este sexto encuentro la voz de Anahí Rayen Mariluan volvió a dar cátedra de la tierna bravura que hay en los sonidos de esta tierra, emocionando y ayudando a encontrar formas de resistencia en cada inflexión de su voz.

Hay muchos proyectos llenos de vida, de compromiso y de generosidad sucediéndose hace mucho tiempo en esta ciudad llevados a cabo por hombres y mujeres mapuche con la heterogeneidad característica de un pueblo tan grande. Y sin duda la invitación a participar deviene en compromiso si se quiere entender y ser parte del territorio y las personas del lugar que habitamos.

 

 

Por Mariel Bleger

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen

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