Adiós, a tres grandes.

El año pasado despimos al dibujante y músico Chingolo Casalla, al historietista Gabino Tapia y al titiritero  Carlos Carnota. Un homenaje a estos tipos que tuvimos el honor de entrevistar en diferentes oportunidades  y que dejaron mucho más que los dos párrafos que selecciono en forma de homenaje  a continuación.

adios a 3 grades

Simplemente Chingolo.

“…Al Negro Fontanarrosa lo conocí bien. Éramos muy amigos. El decía que sabía dibujar caballos por mí. Cuando nos conocimos, él era más chico o yo muy viejo (risas), pero había diferencia de edad. Y cuando nos cruzamos en un encuentro en Mar del Plata me dice; “!! maestro, al fin lo conozco, yo soy admirador suyo!!”. “Dejate de joder, que maestro, ni maestro. Maestro sos vos”, le digo. Y ahí nos hicimos muy amigos. Me confesó que nunca había visto un gaucho, “pero ahora estoy haciendo Inodoro Pereyra y la cosa va para arriba …¿puedo copiarlo maestro?”, me  preguntaba. Yo me reía; “copiame todo lo que quieras, le decía”. Tenía la habilidad técnica y profesional de salir del apuro por sus propios medios, que no precisaba copiar a nadie. Era un personaje. En una página suya de 8 cuadritos, 6 eran un chiste cada uno. Era bárbaro…”

“…Artista es el tipo que sale fuera de lo común. Picasso, Dalí, eran artistas. No hay muchos de esos. El que hace cerámicas o canta en un grupo son músicos o maestros de dibujo, pero artista es el máximo título donde se puede llegar en las artes. Yo no soy artista. Soy un tipo que dibuja historietas y de vez en cuando pinto. A mí me declararon ciudadano ilustre en un montón de lados pero debe ser porque me porto bien. No me declararon por lo que hice sino por las cagadas que no hice (risas). El artista es artista aunque sea un criminal. No todos los que laburan bien son artistas ni maestros. También son maestros los que se levantan a las 6 para ir a laburar. Gabino piensa como yo. Una vez con él hicimos un show que lo quiero repetir: relatábamos nuestras vidas en un escenario. Yo dibujaba y él hablaba. Después cambiábamos. Y contábamos lo que nos pasó con el dibujo. Era divertido porque era todo improvisado, y fácil porque era algo propio. Era una charla como de café pero dibujada. Y al final subastábamos los dibujos. Era divertido. Y nos deschavábamos el uno al otro…”

Carnota, el titiritero

…“Si pudiera implementar algún cambio en políticas culturales fomentaría la igualdad entre un pibe de la escuela primaria privada y otro de un barrio popular. Habría que equiparar el acceso a las obras culturales y artísticas. Una vez en la escuela del barrio Arrayanes en Bariloche, un nene de primer grado me preguntó si esto era el cine. Y era una función en su colegio. Es que no lo conocen. Es como mi hijo cuando vio por primera vez una vaca y dijo que era un perro gigante. Es la disparidad cultural. Todos tenemos cultura. El nene ese debe tener una cultura de barrio impresionante, pero no conoce ni tiene acceso a otras cosas…”

“…El títere es un elemento proyectivo importante donde los chicos le cuentan cosas que no salen en ningún lado. Una vez me llamó una maestra para ver si podía ir con Guille a hablar con un nene que hacía 15 días que no dialogaba con nadie. Y el nene recuperó el habla y se destapó la olla de lo que le pasaba. Es un elemento de comunicación gigante. Porque cuando se habla de la magia de los títeres sin dudas se refiere a la fantasía y a la capacidad innata de juego que tiene. Y ese juego lo tiene el nene. El juego reconstruye.  El gran problema que subsiste en cuanto al títere y el juego es encontrar al personaje que se encuentran a través del niño que llevamos dentro y aunque juegue de gerente de banco, no importa…”

Gabino, el dibujante del pueblo

“…En La Razón acababa de irrumpir una historieta de pampas y caballos que se llamaba El Cabo Sabino,  y yo me copé con la historieta porque andaba siempre en el campo atrás de mi viejo. Me gustaban las extensiones, los coirones, los indios, los soldados. Así que todas las tardes después de leer la historieta, me tiraba de panza dibujando lo que copiaba del Chingolo viejo. Por eso siempre digo que mi primer profesor a la distancia fue Chingolo Casalla….”

“…Hace más de 30 años que hago talleres en Bariloche, y he pasado por la hermosa experiencia de tener alumnos que son hijos de alumnos anteriores. El haber observado a los chicos a través de los años, me hace ver que hoy en día los pibes tienen una lucidez que ojalá hubiéramos tenido nosotros. Y a la inversa: veo que la mayoría de los adultos suelen hacer de grandes las pendejadas que no hicieron de chicos. No pueden darse cuenta que si logramos sobrevivir como especie y conservar vivo nuestro planeta va a ser gracias a los pibes….”

 

 

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