Ni una Micaela Menos

El sábado por la mañana encontraron a Micaela García. Muerta, asesinada, tirada en un descampado. Frente al horror, miles de personas salieron a las plazas de sus pueblos y de sus ciudades para encontrarse con otras y con otros. En Bariloche, una multitud se acercó a la Plaza de los Pañuelos con velas y con fotos de Micaela para decir, una vez más, Ni Una Menos.

micaela

Micaela: Militante del Movimiento de Mujeres y del Movimiento Evita.

El sábado por la noche, las escaleras que conducen al poder ejecutivo municipal se poblaron de velas y de fotos de Micaela. Las personas presentes hablaban en voz baja y se saludaban con tristeza, con bronca. Era una noche de duelo.

Micaela García, la joven de 21 años desaparecida en Gualeguay fue encontrada muerta a 8 kilómetros de la ciudad, en un descampado. Las fotos de hace unos días nomás, la encuentran comiendo una pizza, con una remera de Ni Una Menos. Sus compañeras y compañeros del Movimiento Evita, sus familiares y sus amistades, cuentan que era una piba que se la jugaba por los derechos, que militaba con una sonrisa.

En la Plaza de los Pañuelos de Bariloche, mujeres y organizaciones se acercaban al micrófono abierto que había preparado y dejado abierto el Movimiento Evita. Pudimos escuchar: “Micaela somos todas”, “a Micaela la mató el poder”, “me lleva la bronca, la furia, basta de matarnos”, “somos el grito de las que ya no tienen voz”, “hay que llegar antes de los cuerpos”, “Micaela nos duele, como nos duele cada compañera golpeada, violada, asesinada”.

El femicida Sebastian Wagner, tenía una condena de 9 años por dos violaciones, pero el juez Carlos Alfredo Rossi le había otorgado el privilegio de salidas transitorias anticipadas.

Ya lo sabemos: el sistema judicial y los sectores de poder protegen a los suyos. En Río Negro solamente, fuimos testigos de como la justicia quiso proteger al juez Juan Bernardi que organizaba fiestas sexuales con niñas y adolescentes institucionalizadas, de como el poder político protege al legislador Rubén López que está imputado por drogar y violar a una mujer. Hace unos días, en Bariloche se le dio una pena menor al femicida de María del Carmen de la Cruz.

Las preguntas son muchas, demasiadas a esta altura del año. Podemos preguntarnos qué hace el Sistema Judicial para impedir que los hombres condenados por violaciones no reincidan, cómo interviene para que los femicidas no maten más mujeres. Podemos preguntarnos de qué manera el Poder Ejecutivo trabaja para prevenir estos hechos, cómo acompaña a las mujeres cuando son violentadas, qué acciones realiza para que la educación sexual integral sea un acto cotidiano en las escuelas, qué pasa con el Programa de Salud Sexual y Reproductiva. Podemos preguntarnos porqué el Poder Legislativo no declara la emergencia en violencia de género. Podemos preguntarnos por qué el Estado no asigna presupuestos acordes a la enormidad de una problemática que se cobra la vida de una mujer cada 18 horas.

Pero hacernos preguntas no alcanza. Ya no alcanza. Porque las organizaciones nos hicimos las preguntas, elaboramos propuestas, se las acercamos a los gobiernos, y las respuestas son la desidia y la indiferencia. Las respuestas son intentos de eliminar millones del presupuesto para políticas de género, borrar áreas de los organigramas con la excusa de la transversalización, abandono de las mujeres que denuncian violencias, prisión para las lesbianas que buscan defenderse, prisión para mujeres que abortan espontáneamente, prisión para mujeres originarias que militan.

Las organizaciones que luchamos contra el machismo y por los derechos de las mujeres, lesbianas y personas trans, exigimos la urgente destitución del juez que dejó libre a un sujeto que estaba dispuesto a seguir cazando mujeres. 

Frente a esta matanza sistemática, nosotras nos organizamos. Frente a la crueldad, nosotras construimos redes. Tenemos tristeza y estamos rabiosas. Levantamos la bandera del feminismo para encontrarnos, y hacemos de nuestras actividades cotidianas un accionar político que vino para cambiarlo todo.

Ni una menos. Vivas nos queremos.

Por Florencia Taylor   

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen

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