Una visita al imprescindible mundo de la lectura

Zigzagueando en medio de políticas culturales nacionales sin rumbo claro y eternas reformas educativas provinciales, nos fuimos a charlar con Mabel Oviedo, quien nos invitó a volar, olvidar, aunque sea por un rato, todos los males de este mundo y refugiarnos en el atrapante universo de los libros y algunos de sus mejores amigos, cuidadores y facilitadores, los bibliotecarios de nuestra ciudad.

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AM– ¿Cuándo y cómo se conformó la Red de Bibliotecas de Bariloche que integrás?

MO- Este proyecto nació en 2014 por iniciativa de Miriam Franco y Verónica Saquilán, bibliotecarias de la Universidad de Río Negro y del Instituto Balseiro. Ellas tuvieron la inquietud de armar un grupo llamado “Hilando Bibliotecas” para apoyar o responder a las necesidades de capacitación que surgían en espacios preexistentes o en desarrollo y suplir la ausencia de organismos locales destinados a tal fin.

– ¿Cuántas instituciones participan?

-Actualmente somos trece bibliotecas distribuidas por los barrios de la ciudad.

Además de las populares están también las que funcionan en instituciones, como por ejemplo la del Instituto de Formación Docente o la del Sindicato S.O.Y.E.M.

Cada una es un mundo en sí mismo y atraviesa diferentes realidades y problemáticas: muchas nacieron a partir del trabajo desarrollado en establecimientos escolares o por inquietudes culturales de grupos de jóvenes, como ser la Rodolfo Walsh del Centro Cultural Hombre Vivo en el Barrio 204 Viviendas, que ocupa una casa prestada, o la comunitaria del Barrio Unión.

Destaco especialmente la labor de “Énfasis en el Papiro Dorado”, surgida a partir de pacientes del Departamento de Salud Mental del Hospital Local, que arrancaron con un taller literario y hoy son ellos los que la llevan adelante, realizan la atención al público y brindan un servicio excelente a quienes están internados o a sus familiares y ofrecen momentos maravillosos a quienes atraviesan enfermedades o instancias dolorosas.

Hay otras que germinan pese a no contar con edificio propio o funcionar en un contenedor adaptado, como la Jorge Luis Borges del Barrio El Cóndor. Existen pioneras como la Carilafquen de Villa Los Coihues o la Aimé Paine de Virgen Misionera, que cumplió 25 años, tiene personería jurídica y reconocimiento de la CoNaBiP, que es la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares.

-Por definición ¿qué es una biblioteca popular?

-Su nacimiento responde a la decisión de la propia comunidad, que colabora de manera conjunta para que esa propuesta tome forma y se concrete en una realidad. Sus servicios responden a las características de la población destinataria, a sus necesidades, a sus dudas, a sus esperanzas y sueños. Eso es lo que las diferencia de las que cuentan con el respaldo de instituciones que las cobijan y sostienen.

– ¿Qué rol cumplen las bibliotecas dentro del funcionamiento del barrio en que están integradas?

-Uno de los lujos que tiene el haber comenzado a funcionar como red y reunirnos una vez por mes en una distinta, permitió que cada biblioteca salió de su ámbito para conectarse con las falencias y actividades de cada una. Éste es un espacio construido de manera horizontal y por sus propios protagonistas.

Si bien lo que nos une es la voluntad de brindar a vecinos que muchas veces en sus casas no tienen libros ni revistas, la posibilidad de contactarse con el mundo de la lectura y disfrutarla, los roles que cumplen son muy diversos y acordes al entorno en que se encuentran.

En todos los casos hay que destacar la articulación con las demás instituciones, como la escuela, el club, la radio o la salita de salud, ya que en base a esto se definen actividades culturales y recreativas destinadas a la contención y participación de ciudadanos de todas las edades.

-Y esta multiplicidad ¿Te parece que permite un mayor acercamiento a la lectura?

-Totalmente. Es un alimento mutuo. Por un lado el vecino concurre en busca de un libro y al mismo tiempo se entera de la existencia de un abanico de ofertas que abarca desde ciclos de cine y programas de radio, a charlas sobre género y derechos, hasta talleres literarios o musicales, meriendas filosóficas o aquellos destinados a la elaboración de cremas, huerta, telar o idiomas.

-Teniendo en cuenta tu experiencia en ámbitos educativos ¿Qué análisis haces de este momento tan particular donde desde diferentes trabajos académicos plantean grandes dificultades a la hora de analizar textos y aplicarlos? Problemática que alcanza inclusive a sectores universitarios…

-Es complejo. La historia por la que vamos pasando, nos marca distintos momentos en todos los aspectos de la vida y en la educación también. Como sociedad hemos pasado situaciones terribles y desgraciadas en las que se llegó inclusive a la quema y destrucción de libros, donde se cercenó de manera brutal registros que guardaban memoria y análisis.

– ¿Qué secuelas dejó en nosotros la elección de estas políticas culturales?

-Marcó directamente a toda una generación que atravesó dictaduras. Pero una vez que eso ocurre, cuesta mucho retomar y aceptar el reto de leer, escribir y pensar con libertad. Los resultados de estas planificaciones se ven con el tiempo y es mucho más rápido el efecto de censura que el de promoción.

En esto le pongo toda la responsabilidad a los gobiernos, porque con sus decisiones públicas las deciden en primera medida el acceso al conocimiento y el respeto por el otro y las diferencias.

Este planteo alcanza a los chicos pero a los adultos también: Como docente no puedo fomentar la lectura si no leo ni me vínculo con el disfrute por ella o por comprender algo distinto a lo que pienso. Si es así, mucho menos voy a poder estimularlo en un niño o un estudiante.

– ¿Te ha pasado encontrar gente que por primera vez accedió a la literatura gracias a la existencia de estos ámbitos?

– ¡Muchas veces! Por citar apenas un ejemplo, en la Biblioteca Aimé Paine, que es la que yo integro, existen espacios destinados al fomento de la lectura y la creación infantil. Cuando los chicos descubren nuevos autores y formatos o producen algo que les gusta, transmiten esa pasión y entusiasmo por este mágico universo a familiares, compañeros de escuela y amigos.

Cuando ocurre es maravilloso.

– ¿Cómo tentarías a un posible lector a que se acerque a disfrutar de todas las actividades que allí ocurren?

– Le diría que las bibliotecas están muy lindas, concurridas por seres muy diversos y habitadas con libros destinados a todas las edades y curiosidades, y están para ser usadas y aprovechadas. Conectarse con un libro es abrir una puerta a varios mundos, a varias respuestas y a varias preguntas nuevas que nos podemos hacer

¡Aquí están, estas son!

Por Fabián Agosta.

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen

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