Leer la época: la fiesta de las editoriales independientes

La Fiesta del Libro y la Revista en la Universidad de Quilmes fue el escenario de encuentro de más de 15 Editoriales Independientes con sus respectivos lectores. Lavaca aprovechó la jornada para conversar con algunas experiencias editoriales sobre su trabajo y el panorama actual de la autogestión de los libros. Una verdadera lectura de época.

La mayoría de los y las editores independientes tiene entre 25 y 35 años. En la época del  e-book y Google,  estudiantes y vecinos de la Universidad se acercaron y compraron  títulos impresos en papel y algunos hasta encuadernados en forma artesanal. Las charlas con las mesas llenas de libros coloridos de por medio fueron sobre qué autores desconocidos recomendaban en narrativa, cuáles son los nuevos poetas en escena y de qué tratan ensayos políticos de autores como Bifo o Foucault.

Los editoriales independientes  crecen de manera orgánica y al costado de la lógica comercial. Los editores son jóvenes, son muchos y funcionan en la práctica como equipos de trabajo que se encargan no sólo de la producción del libro sino de su distribución y, en muchos casos, prensa de los nuevos escritores. Los editores reconocen que costó pero que  lograron vivir de hacer libros y cuenta las prácticas que se los permiten hoy.

Hernán  es  parte de Ediciones Godot y cuenta que la fundó en 2008 junto a un amigo porque  entendían a la cultura como una apuesta ideológica: “Y los libros son una herramienta clave en esa apuesta”. Hoy la editorial cuenta con 60 títulos, la mayoría ensayos de gran nivel.

“Nos gustaba leer, escribir y hacer libros y tomamos la decisión de que queríamos vivir de eso. Cuando empezamos no teníamos noción de todo lo que significaba pero nos sostuvo el objetivo de difundir textos que el mercado había olvidado”,  nos cuenta Hernán sobre el origen de Godot. Hoy es su única fuente de trabajo.

Hernán nos habla sobre qué significa para él tener una editorial: “Significa tener presente todo el circuito. Tenés que pensar en: papelera, imprenta, librerías, distribución y clientes. Es un trabajo que excede por mucho  del imaginario del editor como alguien sentado en un sillón leyendo. Sobre todo, si  tenés el proyecto de vivir de la editorial.”

Santiago Kahn es director de la revista Maten al Mensajero que sale desde 2010  y  que hace énfasis en las distintas formas que toma la narrativa. Santiago cuenta que  recién el año pasado dieron el salto La Parte Maldita y  la  define como  una editorial pequeña y autónoma en la que cada libro lleva mucho trabajo.  En la editorial son tres miembros  fijos que funcionan como comité editorial, pero suman muchos colaboradores. Además de los libros y la revista la revista dan talleres de escritura de todo tipo de géneros como emprendimiento.

“Surge la idea porque somos apasionados de todo tipo de narrativa, sobre todo de la historieta. También nos  encantan los debates que se generan  con la escritura y  reivindicamos al libro como espacio donde continuar esas discusiones. En materia de editorial  independiente nos interesaba  por el gesto irreverente de publicar lo que nos gusta y luego vino lo de encontrar la forma de que eso se convierta en un laburo”, dice Santiago.

Santiago señala a la distribución como lo más dificultoso del circuito editorial.  “La distribución es un problema, sobre todo, por la escala de nuestros proyectos. Es muy difícil por las reglas del mercado. Es decir, porque lograr tiradas grandes que te permiten trabajar la distribución de una manera distinta y más cómoda u holgada implica, a su vez, una inversión muy grande que muchas veces no podemos lograr. E imprimir pocos ejemplares no permite que tengas mucha llegada ni margen de ganancia”, dice y agrega sobre las formas de producción editorial actuales:  “El año pasado se publicaron 20 mil nuevos títulos en la Argentina. Uno piensa que el libro de papel no existe más  pero sucede todo lo contrario. La pregunta que hay que hacerse es cuántos de esos títulos tienen una tirada de más  de 1500 ejemplares. Muy pocas. Entonces lo que hay en muchos casos es avidez por la producción pero no hay mercado para tanto y tan diverso. Son tan cortas las tiradas que muchas veces  se vuelve narrativa de gueto y se venden en dos presentaciones que ni siquiera circulan. Si querés  tener una editorial y que sea rentable esa lógica de producir sin pensar en el público no es para nada recomendable”.

Lautaro forma parte de Editorial Tierras del Sur. El proyecto surgió como una cooperativa de trabajo  que  se basa en los siguientes pilares: la ganancia equitativa, la horizontalidad y  el aprendizaje constante de nuevas tarea. Tierras del Sur tiene la particularidad de que imprimen y  producen sus propios libros en forma completa  en un taller con serigrafía  incluida para hacer las tapas. Tienen tres sedes: Capital Federal, Córdoba y Neuquén. Los contenidos  que editan son en su mayoría ensayos políticos que en algún momento se dejaron de publicar por decisiones comerciales del mercado editorial y su gran fuerte son los textos sobre pedagogía.

Lautaro dice sobre el origen de la editorial: “Nosotros organizamos la editorial en un principio como una forma más de militancia porque creemos que hay textos y autores que tienen que estar publicados y circular para que sean leídos por lo que dicen. Publicamos contenidos que las grandes editoriales  no publican y sino no podríamos leer”.

El intercambio entre editores reflejó que buscan una medida propia que les permita, más que hacer un negocio que de mucha ganancia, volverse sustentables. Con esa mirada, analizan la situación editorial en el contexto actual.

Hernán nos habla de cómo la situación económica actual influye en los libros: “No está fácil la venta al público ni los costos. Es fácil verlo. Cuando hablás con los libreros  te dicen que bajaron las ventas.  Por ejemplo, últimamente cerraron muchas librerías. Cerró el Vitral que era histórica. Eso plantea todo un nuevo panorama  y  te obliga a redoblar esfuerzos para estar en ferias, por ejemplo. También está bueno tener una red en países limítrofes.   Tener una red de venta en el interior y para afuera  en momentos de crisis te mantiene a flote”.

Lautaro suma: “Es un desafío hoy y siempre decidir tener una editorial porque los medios comerciales hacen que la gente se acostumbre a los best seller y las grandes librerías. Y nosotros producimos otra cosa.  Es importante si uno quiere tener otros contenidos también focalizarse en tener otros circuitos de distribución y no depender de la lógica económica convencional. Ser tu propio administrador es muy bueno por la autonomía pero al mismo tiempo te lleva tiempo y exige dedicación. Por ahí te querés concentrar en una tipografía o texto y tenés que pensar en números. Hay una gran cuota de militancia en eso si uno quiere que hoy un proyecto editorial funcione”.

Ante la pregunta cuál es el eslabón de la cadena más débil los tres señalan un punto: la distribución. Y plantean estrategias y claves para afrontarla.

Hernán: Tener un vínculo muy personalizado con los libreros.  Eso es más fácil en librerías chicas, independientes  o de barrio que en grandes cadenas. Hay que comunicarse en forma constante, contarle las novedades y hacer todo un trabajo más social y de buen vínculo. Por otro lado, nosotros estamos todo el tiempo pensando a qué otros puntos de venta se puede llegar a parte de las librerías. Tenemos una persona dedicada especialmente a ir  a ferias. Vamos a todas las que se pueda. La verdad es que es un punto de venta clave y muy intenso. Una feria en un pueblo, por ejemplo, es un lugar donde no tienen acceso a tus libros durante el año y suele haber mucho interés genuino ahí.

Santiago: Lo que más rinde para nosotros es ir físicamente a los territorios. Es importante disputar territorios donde hay gente con ganas de leer, escribir y producir cultura y lo único que llega son libros de cocina. Eso pasa mucho en el interior.  Por eso, disfrutamos ir  aunque cuesta.  Hay que salir a buscar alianzas en otros espacios. A nosotros nos sirvió también no poner todos los huevos en la misma canasta. Hacer una revista, una editorial y un taller nos permite, por un lado, llegar a más lugares y más público que si hiciéramos una sola cosa.

Lautaro: Nosotros nos manejamos casi siempre en ferias, en venta directa sin intermediarios. Para mí es la clave de la editorial independiente.  La feria que es lo que antes se conocía como mercado es un espacio que tiene mucho poder. Está bueno que ocupemos ese poder. No sólo vamos a ferias de libros a veces es de productores en general y esas son muy buenas. La gente compra huevos y un libro. En esos lugares te encontrás productos y productores que no están en hiper mercados o librería como Yenny. Además te relacionás con el lector y después  sabés que les interesa. A veces de las ferias surgen hasta nuevas colecciones.

En relación los apoyos, recursos, fomentos y programas que puede favorecer el Estado y una política pública en relación a las editoriales independientes. Las posiciones son distintas.

Hernán cree que debería haber mayores proyectos que tengan en cuenta las traducciones. “Creo que debería haber más posibilidades de traducir ensayos en inglés u otros idiomas y que ese costo no vuelva al libro algo inaccesible para todo público”.

Santiago plantea que todos los fomentos ayudan pero que, sobre todo, el papel:  “La idea de un banco de papel que permita organizarnos a las revistas y editoriales independientes para bajar costos sería de mucha utilidad”.

Lautaro en cambio sostiene que Tierras del Sur no acepta ni aceptaría por su lógica, forma de organización y su militancia por el libro ningún tipo de subsidio ni ayuda que provenga del ámbito estatal: “Tenemos una visión de centrarnos en la autonomía y nuestra forma de producción es más chica y a veces es mucho trabajo y poco rentable pero preferimos seguir así sin subsidios”.

por la vaca.org

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