La ética de la doble moral

Las políticas de ajuste, entrega, endeudamiento, y empobrecimiento de los sectores populares, aparecen minimizadas por los titulares de los medios masivos. En cambio los casos de corrupción de funcionarios, dirigentes sociales, o cualquier referente vinculado al anterior gobierno ganan las primeras planas. ¿Qué oculta el relato macrista? Nota editorial de revista Al Margen.

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El relato de la lucha contra la corrupción fue uno de los caballitos de batalla de la campaña publicitaria de Cambiemos para llegar a la presidencia. Paradójicamente, una derecha que se valió sistemáticamente de golpes de Estado, que recurrió a las fuerzas armadas cada vez que una fuerza política en ejercicio del poder ejecutivo no respondió a sus intereses de clase dominante, llegó a la casa rosada a través del voto popular. Y uno de sus eslóganes es la lucha contra la corrupción, como también pobreza cero, una serie de mentiras machacadas sistemáticamente por los medios corporativos de comunicación.

Las políticas de ajuste, entrega, endeudamiento, y empobrecimiento de los sectores populares, quienes sufren hoy la transferencia de riquezas a los sectores concentrados del capital transnacional, en su versión autóctona, aparecen minimizadas por los titulares de esos medios masivos, en sus múltiples soportes. Siempre camufladas debajo de los títulos destacados de los casos de corrupción de funcionarios, dirigentes sociales, o cualquier referente vinculado al anterior gobierno, que son la noticia destacada de cada día.

Que Macri y compañía sean los abanderados de la lucha contra la corrupción resulta cuando menos insólito. El Grupo SOCMA (Sociedades Macri) y su ex empresa SEVEL forman parte de las más de 70 empresas que traspasaron sus pasivos hacia el Estado entre 1979 y 1983. Sólo SEVEL adeudaba 124 millones de dólares. En 1982, la dictadura militar decidió, junto al entonces presidente del Banco Central, Domingo Cavallo, estatizar la deuda privada de estas empresas. Se trató de casi 40.000 millones de dólares. La fortuna del clan Macri no se fundó en el esfuerzo y el mérito individual. Se forjó al calor de la dictadura genocida, con un acto ilegítimo e ilegal, que nos robó a todxs los argentinxs.

Pero que quede claro. El que metió la mano en la lata, que vaya preso. El que aprovechó su pequeño espacio y tiempo de poder para enriquecerse a sí mismo, que vaya preso. El que se valió de la recuperación de la política como herramienta de transformación social para hacer sus negociados, que vaya preso. La política es servicio para mejorar las condiciones de vida del pueblo, no para enriquecer los bolsillos de unos cuantos vivos que pugnan llegar a espacios de poder para beneficiar sus intereses o de su clase.

Ahora que esta Ceocracia quiera hacer de la doble moral maquiavélica una ética, desafía  los límites de lectura de la realidad por parte de la sociedad toda, así como su comprensión crítica. “Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago” pareciera ser el mensaje subyacente.  El caso de los Panamá Papers, con Macri involucrado en empresas off shore radicadas en Bahamas, la fuga de capitales hacia paraísos fiscales, las declaraciones juradas que no declaran… y cantidad de hechos sucesivos que revelan que la corrupción no es patrimonio de los referentes de tal o cual movimiento político, ni sólo de la clase política, sino que es una endemia extendida a nivel social. ¿De qué merito o esfuerzo puede hablar una persona que tuvo la suerte de nacer en cuna de oro y jamás tuvo que salir a buscar laburo?

Acá entra en discusión el rol de la Justicia, como el de los medios masivos de comunicación. Esos mismos multimedios que hoy bombardean con sucesivos casos de corrupción K, mucho no dicen sobre los que envuelven a Macri como a funcionarios de Cambiemos. Y son los que tienen en su origen el pecado capital de la apropiación criminal de Papel Prensa. Causa que ésta encajonada en Comodoro Py, enterrada, por los acuerdos de Clarín y La Nación con sus subordinados de la justicia federal. Mayor corrupción que esta difícil de comparar.

 

Editorial de Revista Al Margen N° 76.

Equipo de Comunicación Popular Colectivo al Margen

 

 

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