El sentido común es un campo de batalla.

Un análisis objetivo de la política económica llevada adelante en los últimos 6 meses, es más que suficiente para demostrar para quién se está gobernando. En este breve período hay claros perdedores, como así también claros ganadores.

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Pero que el PRO sea el gobierno de la minoría poderosa, de esa oligarquía terrateniente que hoy está trasnacionalizada a través del capital financiero y las corporaciones, es algo que no debe  extrañarnos o sorprendernos, por la sencilla razón de que esa es su extracción social. Las aberraciones económicas de este gobierno no son errores, sino intereses realizados. Lo que nos debe causar verdadera aprensión y nos demanda todos los esfuerzos de comprensión, es el hecho de que hayan triunfado democráticamente, convocando una voluntad colectiva mayoritaria y que su base electoral hayan sido los principales perjudicados. ¿Cómo es posible que este gobierno de la minoría haya ganado con el 51% de los votos?, ¿Cómo desarmar esta trama fatal?

 

Un marco teórico para la trinchera cultural:

Gramsci y Linera.

Al respecto, muchos intelectuales y políticos han aportado agudos análisis para entender el tema. Uno de los más importantes ha sido Antonio Gramsci, revolucionario italiano, que en sus años de cárcel se ocupó de analizar las formas ideológicas, culturales, superestructurales que reproducen el sistema capitalista y como opera la hegemonía de la clase dominante.

En sus libros Gramsci explica que “todos los hombre somos filósofos” porque todos tenemos una idea del mundo que vivimos, analiza de qué manera nuestra concepción del mundo se forma desde que nacemos. De esos análisis, el concepto de sentido común resulta fundamental para comprender el triunfo del macrismo. Gramsci nos explica que el sentido común, se caracteriza por ser una concepción asistemática, naturalizada, inmediata, acrítica e impuesta por el ambiente externo. ¿Qué significa esto? Detengámonos brevemente en cada una.

En la formación de nuestra manera de ver el mundo Influye el barrio, la clase social, la familia, la escuela, el Folclore de cada pueblo. Por lo tanto, hay un sentido común impuesto por el ambiente externo. Podemos agregar que en la actualidad los medios de comunicación se han convertido en una herramienta poderosísima de construcción de las formas de ver y pensar el mundo.

El sentido común también es acrítico, es decir, no nos preguntamos por qué pensamos así, o de dónde surgió esa forma de pensar, ya que se encuentra naturalizada. El individuo no actúa críticamente frente a la propia concepción del mundo en tanto construcción histórica que puede ser modificada, sino que actúa como si fuera natural.

Es inmediata, porque se crea en el hacer cotidiano y sirve como orientación para la supervivencia. Por lo tanto, responde siempre a una necesidad material, se desarrolla en la praxis social. Tenemos una concepción del mundo para poder vivir en el mundo. Cuando esa concepción entra en contradicción con la vida material, ya no sirve para reproducir la vida, se produce una ruptura en el sentido común.

Sin embargo, ninguno de estos aspectos del sentido común son rígidos o inmutables, sino que cambian con las coyunturas y las relaciones de fuerzas. Gramsci propone como tarea revolucionaria elevar el sentido común a un estado crítico, sistemático, científico.

En los sectores populares se da una batalla ideológica, que expresa las contradicciones entre las clases. La clase dominante necesita mantener el sentido común en ese estado acrítico, asistemático e inmediato para proyectar sus intereses a los sectores populares. Nosotros, por el contrario, necesitamos introducir el análisis científico, volver sistemática y crítica la cultura popular. Necesitamos una política cultural, comunicacional, pedagógica desde donde elevar la conciencia del pueblo.

La cultura hegemónica proyecta los prejuicios, la xenofobia, el machismo, que sirve para que los pobres descarguen su violencia contra otros pobres, en vez de hacerlo contra los que originaron su pobreza. A través de las distintas instituciones, estatales y privadas, que operan sobre el sentido común nos hacen creer, por ejemplo, que los niños que comenten un delito deberían ir presos, en lugar de ayudar a comprender que ningún pibe nace chorro y que necesitamos encontrar las causas que lo llevaron a delinquir, como la indigencia, la desocupación y la disolución del núcleo familiar, y de ahí todas las relaciones sociales de este sistema capitalista. Todas las injusticias concretas de las relaciones capitalistas, desde la desocupación, hasta la destrucción del medio ambiente, son un punto de partida para la conciencia crítica.

El Pro o partido de la clase dominante, articulado con los grandes medios de comunicación y los aparatos de reproducción de la cultura dominante ha logrado nuclear un 51%, o crear una voluntad colectiva mayoritaria, alrededor de ideas abstractas y aglutinadoras como la de cambio o revolución de la alegría, que sintetizan en términos ideológicos aspiraciones del pueblo a una vida mejor. Pero la degradación de las condiciones de vida operada en estos meses, nos permite generar lugares de problematización. El tarifazo y el enorme golpe que los aumentos de precios y la reducción del consumo están significando para el pueblo, por ejemplo, nos permite buscar las causas, indagar quienes se están beneficiando de todo esto, entender la división de clases. Intentar construir relaciones sociales de solidaridad y cooperación. Nos permite introducir elementos científicos en el sentido común y construir una mirada más profunda que ya no pueda ser engañada tan fácilmente.

 

Un ejemplo histórico. La batalla desde el Estado.

En la actualidad Álvaro Gracia Linera, Vicepresidente del Estado Plurinacional de Bolivia, viene desarrollando en sus distintos discursos y escritos un análisis del sentido común y las tareas para construir “un orden lógico y ético nuevo” orientado a fortalecer los procesos revolucionarios y a la construcción de una sociedad poscapitalista. Esta mirada Leninista y Gramsciana, destaca la necesidad de combatir con todas las fuerzas el poder de la cultura hegemónica, que tiene medios poderosos como el poder económico, la alianza con el imperialismo y los grandes medios de comunicación.

Bolivia cuenta con el aparato del Estado en poder de los sectores populares. Como señala Linera, los plebeyos han accedido a los puestos de dirección estatal. Desde ese lugar se les ha presentado la difícil tarea de transformar el Estado opresor tradicional en un instrumento para la distribución de la riqueza y el conocimiento. En este sentido, el Estado ha sido desde sus orígenes un entramado de relaciones central en la producción de un sentido común. La escuela, la universidad, la justicia, la policía y el ejército son elementos constitutivos de un orden moral y lógico.

Linera, desde la gestión del Estado, reconoce la necesidad de una política económica que dispute los recursos estratégicos para ponerlos al servicio del pueblo, de una verdadera y profunda distribución de la riqueza, que permita a las grandes mayoría sentirse cada vez mejor, una verdadera base material para llevar adelante cualquier cambio.

Y en segundo lugar, propone una fuerte acción cultural y comunicacional. Una batalla en todos los aspectos de la vida. El teatro, la escritura, los sindicatos, las asambleas, las universidades, las televisión, etc. Todos esos lugares que también construyen opinión pública. Tenemos que disputarle el sentido de la vida a la clase dominante, tenemos que luchar contra sus formas hegemónicas de ver el mundo, contra su poder comunicacional.

 

A modo de cierre.

Dentro de esto ha señalado Linera, la importancia de la comunicación alternativa, la palabra producida por y para el pueblo. Hoy día las radios comunitarias, la prensa alternativa, las redes sociales y las tareas culturales que realizan cientos de espacios que existen a lo largo del país, así como el colectivo al margen, son fundamentales para elevar el sentido común del pueblo.

Tenemos por delante la difícil tarea de lograr que los oprimidos dejen de pensar como el opresor y construyan su propia mirada, que dejen de creer en el proyecto que le venden para crear uno propio. Desde la trinchera cultural debemos aportar a Crear una voluntad colectiva conciente de que la liberación es construir una sociedad sin opresores ni oprimidos.

 

                                                             Por Ignacio Panaino

               Para Equipo de Comunicación Popular Al Margen.

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