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“No por miedo a fallar, vas a dejar de intentarlo”

Usinas Culturales en el campamento interbarrial.

A mediados de Enero casi 200 pibes y pibas de diferentes barrios compartieron 4 días de campamento interbarrial bajo un lema elegido por tod@s: “No por miedo a fallar, vas a dejar de intentarlo”. Allí estuvo Usinas Culturales aportando contenidos artísticos con diferentes talleres a esta juntada que con mucho esfuerzo se concreta cada verano.

Segunda quincena de enero. Está nublado pero con calor.Después de los 12 km de ripio que nos separan de la ruta 40 llegamos a una pampa hermosa y verde donde se encuentra el camping. En un lugar apartado nos encontramoscon con infinidad de carpas diseminadas y esparcidas por el lugar. Decenas de pibes y pibas haciendo deportes, y actividades recreativas o disfrutando de un entorno natural maravilloso sin que exista el más mínimo conflicto.

Este campamento se inició cuando salieron desde el corazón del barrio Frutillar con colectivos larga distancia totalmente colmados de mujeres, madres, familias, pequeños, pero sobre todo de adolescentes que se arreglaron para poder asistir a las reuniones previas organizando todo tipo de actividades. Fue una puesta a gran escala que puso a prueba la articulación de varios actores municipales, provinciales y nacionales de distintos dispositivos barriales, que confluyeron en este “Campamento de las Comunidades”, el evento de integración social más importante de los pibes de los barrios de Bariloche. Esta actividad se realiza desde hace ya 13 años y participan unos 200 adolescentes y jóvenes de nuestros barrios, así como también familias, que en general no tiene posibilidades de viajar para tener un tiempo de vacaciones fuera de nuestra ciudad. El objetivo del campamento es compartir, integrar y educar para que las diferencias que muchas veces nos separan (barrio, ideologías, género, historias pasadas…) y muchas veces se tornan en situaciones de violencia, sean ocasión para enriquecernos, creciendo en amistad, responsabilidad, solidaridad, para construir una sociedad más justa y unida.

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AGUA BENDITA

Ni bien llegó el equipo de Usinas Culturales al campamento interbarrial del lago Steffen, las nubes amenazaban con caer en forma de agua. Pero a los presentes no les importaba y almorzaban tranquilamente metiendo sus narices en el plato de guiso que habían preparado para la ocasión. Después vino la charla entre adultos y varios adolescentes por situaciones vividas en la noche anterior. “Nunca nos aburrimos, siempre se presenta una nueva problemática”, comentó con justeza pero sin dejar de lado el humor el padre Gustavo Palomeque de la parroquia de El Frutillar, uno de los promotores de este encuentro. Es frecuente que la crudeza y el sentido del humor se entrecrucen seguido en el trabajo social con los jóvenes de los barrios populares. Después cada uno de ellos se levantó, lavó sus platos (cabe mencionar que entre todos realizan las tareas comunitarias de este campamento, como juntar leña y agua o cocinar) y se repartieron en diferentes propuestas que había programadas; taller de plantas silvestres, taller de macramé, voley, o un picadito de fútbol clásico que siempre convoca a los presentes, indistintamente del sexo.
Otros, se fueron a hacer una siesta a algunas de las carpas que estaban diseminadas por el predio del camping que desde hace años, da una mano y sirve como destino para poder hacer esta juntada interbarrial.
Algunos otros (los más atérmicos/as), se fueron a seguir nadando a pesar del clima patagónico y las gélidas aguas, mientras que los adultos se encargaban de las gigantes ollas y rellenar los termos de agua caliente que aparecían por doquier. El calor del fogón parecía no extinguirse nunca, ni de día ni de noche.
Las principales instituciones implicadas en la empinada organización de este encuentro son la iglesia del Frutillar, SEDRONAR, y el taller de salud del Ñireco de Evangelina González, trabajadora social que desde hace unos cuantos años realiza un trabajo territorial con las familias y articula con diferentes instituciones. Este solo espacio convocó a 60 personas, muchas de ellas que salieron de campamento por primera vez en muchos años. Mientras suenan el cajón peruano, las timbaletas y panderetas del taller de Casalla, ella nos cuenta que “las demandas de las familias son muchas y una de ellas es poder salir al aire libre, de campamento con sus familias. Así es que las carpas las conseguimos pidiéndoselas a desarrollo social, y así se fueron consiguiendo las cosas mediante diferentes articulaciones institucionales“
Mientras termina una chacarera y comienza un candombe y se prenden las palmas de algunos de los presentes, los maten dan su undécima vuelta y las nubes ya no son una amenaza, sino una compañía para esta tarde colmada de jóvenes y actividades de todo tipo.

LA CULTURA A LOS BARRIOS

Así es como en este campamento pudo estar presente Usinas Culturales, programa que depende del Ministerio de Turismo, Cultura y Deportes de la provincia de Río Negro con su taller de circo y malabares, el taller de canto, otro de percusión (a cargo a Carlos Casalla), el de danzas urbanas, y el taller de video donde al finalizar el campamento los chicos pudieron apreciar sus propias producciones.

Mónica, tallerista de danzas urbanas prepara su equipo de música y otros insumos que trajo para su actividad. En los preparativos le pregunto cómo se lleva trabajando con jóvenes de barrios populares,entonces declara que “con quién más me gusta trabajar es con pibes de las clases populares. Con ellos me siento mas entera, mas profunda en compartir con ellos la sonrisa, un dolor, una amenaza, un momento o una situación. Y creo que la vida está llena de situaciones y hay que saber afrontarlas. Me siento más plantada frente a estos chicos. Creo que eso se ve en el vínculo. Ellos al principio te van probando, y se dan cuenta si los podes acompañar. Cuando me ven, no ven a una bailarina clásica con rodete, sino que me pongo a la par de ellos si hay que hacer algún esfuerzo físico en el piso, sea de tierra, piedra o cemento. Por ejemplo ayer terminamos dando la clase debajo de la lluvia sin tener problemas.”.

_¿Les cuesta respetar el encuadre en las clases?
_En general los pibes respetan el encuadre y a los que no les interesa se van. Ellos se pueden quedar en la clase hasta que interfieran con el derecho del otro. Todo lo demás podemos ver cómo lo hacemos juntos. Hay grupos de entre 5 y 15 chicos, y de entre 8 y 16 años. Van oscilando en cuánto a convocatoria, o por la edad, ya que por ahí justo terminan la primaria o quedan embarazadas y que después me vean por la calle y me muestren sus hijos.

Una niña se acerca para saber dónde se hace el taller de máscaras con yeso. Le señalan la sombra de un árbol donde un racimo de pibes yacen tirados en el suelo mientras le adoban con yeso blanco sus rostros. Hay jóvenes de diferentes barrios desde los linderos a 34 hectáreas hasta chicos de Las Victorias.

“A veces nos pasa que hay gente interesante que trabaja en los CAATs u otras instituciones y todavía no podemos contar para el campamento. Quizás vienen pero se van en el día o se quedan una sola noche, entonces los que están a cargo de toda la movida son solo 4 ó 5 personas”, comenta el padre Gustavo, quién se pregunta sólo y en voz alta “¿Por qué no hacer un taller de cocina con los alimentos que tenemos por aquí?. ¿O poder contar con un profe de educación física y hacer un taller de natación? ¿Sabes los pibes cómo se pueden enganchar? Y entonces pueden aprender algo que no saben, tan básico y necesario como nadar”.
Algunos de estos pibes tienen problemas de consumo agudos y la abstinencia después de unos días de campamento se hace sentir. Lo que más piden por lejos son cigarros. También por lejos al que mas recuerdan es al padre Renzo, organizador fundamental durante años de este acampe juvenil y que sin ser muy expresivo a la hora de las palabras, tenía todo super organizado, y hacía mil cosas entre otros milagros, antes durante y después de cada campamento.

El tercer día de campamento va llegando a su fin y todavía nos cuentan las peripecias de salir el día anterior de caminata para llegar a la cascada. Es que siendo tantos con cualquier actividad se puede naufragar en el intento. No en vano la frase elegida por todos y estampada en una bandera que cuelga de dos árboles sostiene: “No por miedo a fallar, vas a dejar de intentarlo”.
En eso andan, pensando en propositivo a pesar de las nubes de todo tipo que cubren el horizonte de nuestros pibes que muchas veces los pintan como conflictivos y problemáticos de diferentes barrios, compartieron un espacio, y talleres de actividades culturales conjuntas siendo parte de un mismo equipo.

Equipo Usinas culturales

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